Por: Roberto Alván
Hijo del legendario pintor César Calvo de Araujo, el artista Ángel Calvo de Araujo trasciende la comedia televisiva para convertir a su icónico personaje en un vehículo de resistencia cultural y memoria amazónica.
En el imaginario colectivo peruano, Doña Nicolasa es sinónimo de humor, picardía y compañía matutina. Sin embargo, tras los hilos y la voz de esta "abuelita" universal, se esconde una de las estirpes más prolíficas del arte y la intelectualidad amazónica.
Ángel Calvo de Araujo, hijo del "Pintor de la Selva", César Calvo de Araujo, no solo heredó el nombre de su padre, sino también la misión de salvaguardar la identidad de un Perú que, muchas veces, vive de espaldas a su propio origen.
La labor de Ángel Calvo, a través de Nicolasa, no es un mero acto de ventriloquía; es un ejercicio de pedagogía social.
Mientras Nicolasa bromea sobre su supuesta longevidad desde tiempos de Adán y Eva, su creador utiliza esa plataforma para denunciar el centralismo asfixiante, la pérdida de valores en la educación actual y el olvido de los grandes héroes de la Amazonía.
Es imperativo reconocer que Ángel Calvo es un eslabón fundamental en una cadena de ilustres: hermano del poeta César Calvo Soriano y del recordado locutor "Guaracho".
Su trabajo actual, que incluye desde talleres pedagógicos con títeres para niños hasta críticas punzantes a la clase política, demuestra que la cultura no solo se halla en los lienzos de su padre expuestos en los Panamericanos, sino en la palabra viva que cuestiona nuestra historia.
Destacados de su labor:
Identidad y lenguaje: Calvo defiende la construcción gramatical amazónica como una herencia directa del portugués, dignificando el habla regional frente al prejuicio centralista.
Memoria ambiental: Recordando las luchas de su padre en el río Ucayali contra la depredación de especies como la taricaya, Ángel mantiene vigente el discurso conservacionista.
Educación a través del juego: Propone una reforma educativa basada en el juego y el arte, argumentando que la memoria temporal de los exámenes es la culpable del olvido de nuestra historia patria.
Ángel Calvo de Araujo y Doña Nicolasa son, en esencia, un solo ente que nos recuerda que, para reír con inteligencia, primero hay que conocer quiénes somos.
En tiempos de crisis de valores, la abuelita más querida del Perú se erige como una guardiana de la memoria que nuestro país tanto necesita.