Compartiendo diálogos conmigo mismo

Dejémonos fortalecer el alma

(Hay un invisible poema en nuestro interior,

que nos palpita perennemente, y nos dice:

que nuestro espíritu es Dios mismo viviendo en nosotros)

El aire está lleno de lágrimas,

y sobre el cielo hay suspiros,

que piden nuestro consuelo.

¡Vayamos al Crucificado!

 

Dejémonos consolar por Dios,

fuera actitudes resentidas,

vaciemos el corazón amargo.

¡Caminemos con el Crucificado!

 

Vivir en los lamentos es morir,

y aunque el agonizar es parte

del tránsito, gocemos de las llagas.

¡Siempre junto al Crucificado!

 

Cojamos la fortaleza de Jesús,

pongamos ánimo en el andar,

laboremos  el amor con el amar.

¡Como hizo el Crucificado!

 

Que el paso por este mundo,

ha de ser un paseo hacia la luz,

un trascender de éste al Padre.

¡Oh Cristo Crucificado y Victorioso!

 

Nadie se excluya del reino

de la poética, absolutamente nadie

se encierre en su abandono.

¡Refuerce nuestra fe el Crucificado!

 

Sin arrepentimiento nada se es,

y en esa nada el alma se ahoga,

pues morir en Cristo nos redime,

¡es el camino hacia la Resurrección!

 

Fortalecido el espíritu, estando

cerca del Redentor, todo se llena

de paz, todo se crece y se recrea.

¡Oh buen Jesús, vivifícanos!

 

Porque en la cruz todo es belleza,

sus brazos nos piden abrazarle,

pues la ternura es lo que nos vive.

¡Y así, en la hora de la muerte, ven!

 

También ahora nos renace cada día,

al contemplar cara a cara su rostro,

pues el rastro de su verso no fenece.

¡A ti quiero volver con el alma latiendo!

Víctor Corcoba Herrero / [email protected]


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