Opiniones

No ayudar a las mujeres afganas es un crimen. Aisha, el rostro que mutiló los talibanes y reconstruyó la solidaridad

Por Armando Avalos

Tras lograr salir de Afganistán,  Bashira,  una mujer afgana no pudo dejar de llorar al ser abordada por los periodistas y solo repetía la frase “¿por qué nos han olvidado?”. La joven lloraba desconsolada por la suerte de muchos de sus seres queridos y sobre todo de sus sobrinas y amigas que en manos de los talibanes, por el simple hecho de ser mujeres, pasarán a ser tratadas como cosas. Como una propiedad. Sin derechos y victimas de crueles castigos por ofender a los hombres como le sucedió a Aisha, a quien le cortaron la nariz y las orejas por huir de su esposo que la maltrataba físicamente.

Para los talibanes, Aisha cometió una grave “ofensa” a su esposo, al “abandonarlo” tras los castigos físicos que él le daba “por su bien”. Un juez tribal autorizó que se le corte a Aisha la nariz y las orejas. Era el epílogo de una historia de horror que la joven vivía y que comenzó a 12 años, cuando fue entregada junto a su hermana menor a un soldado talibán para saldar una "deuda de sangre", después de que un tío de las muchachas asesinara a un familiar del líder religioso en un enfrentamiento entre tribus.

Durante años, el esposo de Aisha la mantenía encerrada en un establo. Las usaba a ella y a su hermana como mano de obra esclava y las azotadas frecuentemente para castigar el crimen de su tío.

A los 18 años, tras ser mutilada y echada a la calle por su esposo, fue hallada por trabajadores humanitarios norteamericanos y la llevaron a un refugio secreto para mujeres víctimas de la violencia talibán. Fue sometida a terapia sicológica y gracias a la Fundación Grossman Burn fue llevada a California donde primero con una prótesis y luego con una cirugía reconstructiva recuperó su apariencia.

El mundo conoció su historia cuando su rostro mutilado apareció en la revista Time, donde ella accedió a contar su caso, para que se sepa lo que sufren las mujeres afganas. Una violencia y horror que amenaza ahora cubrir a miles de mujeres tras el retiro de las tropas de Estados Unidos de Afganistán y la asunción al poder de los talibanes.

Para miles de mujeres el mal se ha apoderado de su país y se avizora una pesadilla. Miles de madres de familia, que vivieron los horrores que hace 20 años realizaban los talibanes, no desean para sus hijas esa vida de sufrimiento y temor.

El “nuevo rostro” de Aisha, fue para muchas mujeres de Afganistán un símbolo de esperanza. Le arrancaron la nariz pero no las ganas de vivir y recuperar la sonrisa. No solo los que hacen atrocidades y maldades a otros seres humanos son responsables de estos hechos, sino también quienes no hacen nada por evitarlos. La solidaridad y el amor al prójimo sin acción no tienen valor.


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