Opiniones

La bailarina que venció el olvido con la música y su noble corazón

Por Armando Avalos

En una habitación del asilo Muro de Alcoy en España, la vida de Marta González se apagaba. Estaba rodeada de gente que la amaba y que lloraba por su inminente partida. Había sido la inspiración para muchos ancianos que la habían visto luchar contra el Alzheimer.  Uno de los médicos la miró con ternura y puso en su celular la música que a ella la apasionaba, El lago de los Cisnes de Chaikovski. Las melodías de ballet dibujaron en el rostro de Marta una dulce paz y luego los dedos de su mano comenzaron a moverse rítmicamente por última vez.

Tras varios segundos, los dedos de esta ex famosa bailarina dejaron de interpretar su última coreografía y se reposaron en la cama. Era la señal que todos temían y que indicaba que su noble corazón había dejado de latir. La música siguió sonando en el asilo. Cada anciano comprendía que Marta ya no estaría con ellos y eso los entristeció, pero a la vez, sintieron una profunda alegría que ella, haya logrado gracias a esa música, recuperar parte de su pasado y salir aunque sea por breves momentos, de la prisión que el monstruo del Alzheimer la había condenado a padecer tras robarle sus recuerdos.

Marta González se hizo viral por un video que difundió la organización “Música para despertar” de Granada el 2020, cuando sentada en una silla de ruedas, dejó con un nudo en la garganta a todos, al comenzar a levantar los brazos y “recordar” los movimientos que realizaba de joven en su compañía de ballet de Nueva York. Al colocarle los audífonos con la música de El lago de los Cisnes, Marta, quien lucía segundos antes con la mirada ida y callada, comenzó repentinamente a danzar en su silla, a disfrutar la música, como cuando lo hacía de muchacha. Luego, al terminar la música sus ojos habían recuperado su “brillo y vida” y dijo algo que dejó al borde las lágrimas a todos: “Me emociona”. Marta agarró la mejilla del hombre que le puso la música como agradeciéndole por el gesto y éste solo atinó a darle un beso en las manos.

Marta nació en 1924 en Madrid. Cuando era muy joven con su familia se muda a Cuba, donde su padre el ingeniero Nicolás González fue contratado para construir un ferrocarril. En La Habana descubrió su amor por el ballet y enseñó en la isla con el sobrenombre de Rosamunda. Tras la revolución cubana viaja a Nueva York donde impresiona con su garbo, belleza y talento para el ballet llegando a ser considera como Primera Bailarina (título de excelencia dentro del ballet). Con el apelativo de Marta Cinta dirige su propia compañía en la cumbre del ballet neoyorkino ganando titulares de las revistas y la ovación del público.

Regresa a España con el sueño de crear su escuela de ballet y ahí se enamora del cirujano Raúl Fernández Suárez, quien luego sufriría una grave enfermedad. Desde ese momento, la vida de Marta comienza a tener vacíos como los que luego inundarían su mente con el Alzheimer. La muerte de su esposo y un problema con la movilidad de sus piernas, aquellas que la habían llevado a cumplir sus sueños de danzar como un alma libre, parecen que fueron demasiados golpes para ella.

El 2014, fue llevada a la Residencia Muro de Alcoy en Alicante, donde su enfermedad degenerativa la fue consumiendo y devorando no solo los tristes recuerdos de su pasado, sino también aquellos que ella guardaba con mucho amor.

Marta tenía mucha confusión y alucinaciones propias de la enfermedad. Pero era la música la que la devolvía a la vida. Luego de iniciar la musicoterapia, Marta vio una pequeña luz en su mente que la hacía ver su maravilloso pasado con el ballet.

Los médicos que la cuidaban recuerdan con nostalgia cómo una vez, organizó una audición en el asilo y dijo que iba a montar “su escuela de danza”. Hizo el casting y seleccionaba muy decidida a las chicas para su compañía de ballet. “Esta no, que está muy gorda’, ‘esta sí que vale’, ‘a ver, levanta la pierna’... Y así, hacía un casting. Nosotros nos partíamos de la risa. Era muy divertida”, recordaba  una de las enfermeras del asilo.

Su ánimo mejoró tanto, que hasta “volvió a enamorarse” en el asilo de Luis, un galán 80 años que no compartía su amor, pero que con cortesía le seguía el “juego”.

El video de Marta “recordando” su amor por el ballet, fue compartido por celebridades como Antonio Banderas y ha tenido millones de reproducciones. Un pequeño video que nos permitió conocer la vida de película de Marta y sensibilizar al mundo sobre una terrible enfermedad. Sobre el poder de la música para evocar nuestros recuerdos y la fuerza del amor para ayudar a los pacientes de Alzheimer a volver con nosotros.

Perder a un ser querido es terrible, pero perderlo en vida, es aún más doloroso. Ver que sus ojos no te reconocen, que los besos, las risas, los momentos juntos se esfumaron en su mente, es algo tan difícil de aceptar. Marta nos demostró que no hay mejor terapia que el amor. Que el hacer lo que amamos, no puede ser borrado jamás y muchas veces, es aquello que nos ayudará hasta en los momentos más difíciles, como luchar contra nuestra propia mente. Marta, ya no está con nosotros, pero su ejemplo de lucha y su batalla contra el olvido, la mantendrá viva en la memoria de todos.


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