Opiniones

El tiempo que perdí

Augusto Lostaunau Moscol

El pasado miércoles 4 de noviembre hemos celebrado los 240 años del inicio de la Revolución Independentista liderada por Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Algunas invitaciones para participar en homenajes a los revolucionarios andinos determinaron que ingrese a buscar información actualizada. Para colmo de males, el seudo Ministerio de Cultura siguió agrediendo a Túpac Amaru “invitando” (¿?) a un historiador extranjero que del tema ha demostrado ser un ignorante monumental. Entonces, decidí escribir sobre esa agresión a la dignidad e identidad de millones de peruanos, cuando me enviaron un enlace para ingresar a un texto ¡importante!

El autor, mejor obviamos su nombre, inicia su “importante” texto señalando que: “me encontraba en el avión que me traía al Perú luego de mi enésimo viaje a Europa, cuando…” Resulta interesante que, ese tipo de entradas es muy común en un sector de los “intelectuales connotados y universales que hoy pululan las redes sociales”.

Anteriormente he leído frases como: “Mientras visitaba el Louvre con una amiga alemana que hablaba muy dulce”; “Estaba en la Biblioteca de New York leyendo una novela recién publicada en Italia”; “Junto a una amiga inglesa discutimos con una pareja estadounidense sobre la poesía joven de Polonia”; etc. Mejor dicho, son tan cosmopolitas que sus lecturas las realizan en cualquier otro idioma que no sea el castellano; caminan con sus amistades por cualquier ciudad que no sea Lima; discuten y debaten sobre asuntos importantes en las bibliotecas extranjeras, etc.

Entonces, se me ocurrió iniciar mi texto sobre la Revolución de Túpac Amaru y Micaela Bastidas con la siguiente frase que también demostrará que soy un intelectual cosmopolita y connotado: “Ayer, 28 de octubre -un día después de mi cumpleaños- llamé a mi viejo amigo victoriano que hoy es mototaxista, para ir juntos a tomar un caldo de gallina en la esquina del jirón Sebastián Barranca y el jirón 3 de Febrero, en el corazón de La Parada. En esa esquina, en el local de “La César”, venden el mejor caldo de gallina que se puede degustar en todo el mundo. Desde hace 35 años, cientos de personas hacen cola todo el día para poder adquirir una porción que en realidad puede satisfacer plenamente a dos o tres comensales. Aunque, yo siempre me he pedido uno para mí, incluyendo sus dos bolsitas de yuquitas fritas y su respectiva yapa. Luego subiríamos al Cerro San Cosme para visitar a mi amigo Vivanco. Un par de cervezas y un cebiche que él sabe preparar de maravillas. Esos cebiches que se preparan cortando el pescado con chaveta y sobre una piedra. Y se comen en plato hondo y con cuchara. Sentados en piedras grandes pintadas de azul y blanco, que fungen de bancas. Un levantamuertos de aquellos.

Así me “empataría” con quienes viajan en avión y cruzan el Océano Atlántico cinco veces al año. Con quienes toman un café en Los Campos Elíseos y leen sus libros acompañados de una copa de vino y un queso. También sería tan esnobista como ellos; porque, aunque suene contradictorio, mis amigos que siempre soñaron con iniciar sus textos con la frase “Ayer llegué a Lima en un vuelo que me trajo desde Londres”, en su juventud hicieron fila en el comedor estudiantil de la universidad o reclamaron porque sólo nos dieron un pan con mantequilla en la cena. Mientras que, candidatos a la Presidencia de la República -como Pedro Pablo Kuczynsky en el 2016- toman su desayuno electoral en un comedor popular ubicado en las faldas del Cerro San Cosme, entre los jirones Sebastián Barranca y Virrey La Serna. Cerca del callejón que te lleva a espaldas del Mercado Jorge Chávez y la avenida Nicolás Ayllón. Así, demuestran que tienen calle.

De esta manera, el esnobista “de abajo” se va convirtiendo en un huachafo que sólo vive para ostentar aquello que en realidad no tiene, pero que presume tener. Mientras que el esnobista “de arriba” se transforma en un pacharaco que no tiene la más mínima idea de lo que está haciendo porque en realidad es sólo una impostura, un travestista social que al final sólo hará el ridículo. Aunque, en realidad, hacer el ridículo ha significado miles de votos de los más pobres, que le permiten mantener el poder a favor de los más ricos.

Quiero aprovechar para indicar que “La César” botó a un seudo cocinero muy famoso que intentó robarle su secreto de cómo hacer el caldo de gallina más delicioso de todo el Perú. A “La César” la invitaron a participar del programete que transmitía en un canal de cable. La condición es que las cámaras grabaran todo el proceso de preparación, incluyendo el nombre y la cantidad de los ingredientes; simplemente “La César” lo mando a otro mundo. Lo sé porque ella mismo me lo contó. Tengo la suerte de ser su amigo más de 35 años. Es una gran amiga de mi familia. Y, en este párrafo me he convertido en un esnobista que ha demostrado públicamente ser amigo de gente verdaderamente importante. Mientras muchos conversan con él utilizando su apellido. Yo simplemente le digo “La César”. Esa confianza que me tomo es lo que demuestra mi verdadera valía intelectual.

Entonces narraré esa mañana tomando caldo de gallina: “Me encontraba en La Parada, tomando caldo de gallina en el mejor lugar del mundo, en mi mesa se encontraban acompañándome “El Pellejo” Pérez -mi amigo mototaxista-: “Chaveta” Flores -faite de faites y viejo tayta de canasta antigua (¿entendiste?) cuando “La César” se acercó y me saludo por mi cumpleaños. Inmediatamente “La Tracy” y “La Shirley” se acercaron con los súper tazones de caldo caliente y una presa que en realidad es un cuarto de gallina. Limones. Cebolla china. Rocoto molido. Cancha. Y me regaló dos cervezas heladas para el corte. Pedí dos bolsas de yuquitas fritas cuando se me ocurrió la idea que Túpac Amaru y Micaela Bastidas son los padres de la República del Perú; así como Manco Cápac y Mama Ocllo son los fundadores del Imperio del Tawantinsuyu. Discutía con Pérez y Flores…”

Me doy cuenta de que llevo escribiendo casi mil palabras y aún no he dicho nada importante. Pero, no importa. Llamaré a mi gran amigo Héctor y le pediré que publique mi texto. Así no tenga nada importante. Total, Héctor es el dueño de la revista y lo publicará porque es mi amigo. Lo visitaré. Compraré pescado, cebolla, limones, ají limo, etc. Prepararemos un cebiche, sudado y su chilcano. Una cajita de cervezas. Nos reiremos de las tonterías que acabo de escribir y publicar. Ya tenemos suficientes años metidos en este negocio y conocemos muy de cerca quienes son nuestros verdaderos amigos y quienes son simples hipócritas que sólo nos saludan cuando necesitan un favor. Te piden un libro y jamás lo devuelven. Son bien pendejos. Dicen. Total, “Si Cristo fue traicionado, si Túpac Amaru y Micaela Bastidas fueron traicionados; por qué no nos van a traicionar y vender a nosotros que no somos nada” (Como La Polla Récords).

Luego, esperaré la crítica. Estoy seguro de que todos me felicitarán y dirán que es un texto extraordinario. Una genialidad. Un artículo de matriz gonzalespradiana. Cien por ciento mariateguista. Digno de ser analizado e interpretado de manera epistemológica. Hermenéuticamente perfecto. Axiológicamente increíble. Literatura posmoderna. El inicio de mis análisis e interpretaciones antropométricas. Una crítica a la posverdad. Etc.

Total, lo tienen que decir, saben muy bien que mi firma es la última etapa para poder recibir su beca y poder estudiar maestría o doctorado en Europa. De esa manera mi fama seguirá creciendo. Mis artículos en el diario que escribo serán compilados como una demostración de obra maestra periodística.

Así soy feliz, mientras no escribo nada.


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