Opiniones

El poder de la mente: El mensaje de las brasas de carbón hirviendo y un casquillo de bala

Por Armando Avalos

Eran 10 de la noche. En las afueras del Jockey Club del Perú se escuchaban disparos. Cuando llegué con mi equipo de prensa  al lugar, un patrullero de la policía cerraba el paso y varios policías con sus pistolas en alto gritaban. Todo era un caos. Con mi auxiliar y mi camarógrafo, nos miramos y comprendimos que teníamos que estar en el lugar donde estaba la noticia, o sea, en el tiroteo. Arrancamos con nuestra unidad y nos metimos con dirección a la balacera. Un patrullero con circulina prendida nos seguía y por altavoz nos decía que nos detengamos. Estacionamos bruscamente y corrí con mi camarógrafo al corazón de la balacera.

Mientras iba camino al lugar del enfrentamiento, veía cómo mi chofer era intervenido por la policía. Con mi camarógrafo Félix Laynes, llegamos a la puerta principal del Jockey y lo primero que vi, era el cuerpo tendido de varios delincuentes abatidos.  Uno tenía el ojo reventado por el impacto de una bala. Todos portaban terno  y a sus costados yacían sus pistolas y ametralladoras con las que intentaron enfrentarse a la autoridad tras su frustrado robo.

Tras narrar lo que encontré en ese escenario sangriento, cogí varios casquillos de bala e hice una presentación delante de la cámara. Varios de esos casquillos los guardé como recuerdo y una tarde en una charla que dicté en una Universidad en Trujillo, lo mostré a los alumnos y les dije que ese casquillo de bala que levantaba en la mano, era una de las tantas cosas que me hace recordar, que cuando tenemos la convicción de hacer algo, de vencer nuestros temores, de alcanzar una meta, todo se reduce a lo que tenemos en la mente.

“La mente es todo, te conviertes en lo que piensas” decía Buda sabiamente. Si piensas que puedes lograr una meta lo harás, si crees que no puedes, nadie evitará que fracases.

La pandemia nos ha enrostrado algo que todos debemos tener presente, que la vida no es lineal. Que no hay nada seguro. Todo es cambiante y la mejor forma de estar preparado a un mundo incierto, es tener una mente flexible. Lo único certero es lo que tenemos en nuestra mente. Ahí, comienza a gestarse nuestro futuro.

Sobre nuestros hombros reposa una de las obras de la naturaleza más extraordinarias, el cerebro. Un cerebro que puede ser adiestrado a pensar positiva o negativamente, que se puede convertir en un arma efectiva para enfrentarnos a la vida o en una pesada carga, si lo alimentamos con miedos y prejuicios.

En una ocasión, cuando grababa un reportaje, me retaron a cruzar brasas de carbón hirviendo. Cuando me acerqué a las brasas, sentía el calor de los 360 grados que tenía. El fuego cubría el carbón que lucía rojo por la alta temperatura. En ese momento, me dije internamente ¡si puedo carajo! y me lancé. Caminé descalzo por las brasas de carbón hirviendo a 360 grados de calor. ¡Y no me quemé!

Salté como un niño de emoción al superar mis temores y una prueba que parecía imposible. Esa mañana, me demostré a mí mismo que podía lograr lo que me propusiera. Que depende de uno convertir nuestra mente en un gran aliado.

Recuerde que somos y seremos en la vida, producto de lo que pensamos y decidimos ser. Construyamos una mente positiva que nos sirva para alcanzar aquello que queremos, recuerde que es la mente la que dibuja con sus hilos invisibles, los límites de nuestros sueños.


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