Opiniones

Quieta ante el mundo y la realidad.

Estoy quieta y perpleja ante el mundo, entre las paredes de mi casa, ante la noche que también agoniza en el silencio.

Escucho el leve canto de la brisa, apenas perceptible, y mi corazón aún incrédulo ante la tragedia de los más débiles, ante la desidia de los que ostentan poder, lo siento alerta, orquestando, al unísono con este respiro incongruente, con mis desconciertos, mis interrogantes para entender. ¿Porqué?

Estoy quieta, meditando, hurgando una luz en las rendijas de mi entendimiento, esa cruenta realidad que a todos nos toca, nos estremece y nos derrumba.

Estoy quieta, aún en la mañana, añorando escuchar los pájaros que han dejado el nido más temprano, escapando risueños, en busca de la esperanza, que ya viene, que ya llega. que ya se acerca.

Estoy quieta, meditando, sintiendo mi propio renacimiento ante el dolor del mundo, sintiendo salir mis propios brotes a una consciencia más elevada, transformada, mirándome evolucionar a un mundo distinto, donde todos los humanos, hemos sido convocados a un encuentro interno, pasando por la antesala donde están la angustia, la ansiedad y los miedos.

Estoy quieta, despertando en mi conciencia un espíritu de unidad, de hermandad y verdad, aprendiendo a entender la dinámica del mundo para no dejarme vencer, y me levanto casi por inercia, entendiendo que es hora de desenfundar mi capacidad de aceptar que soy parte del error, hemos jugado a ser dioses, a hacer y deshacer, con el estigma de alcanzar metas a costa del dolor de los demás.

Y ya es hora, es hora de que el verbo sea palabra, y la palabra realidad, en cada componente de nuestro ser.

Estoy quieta, observando el mundo, la vida y la muerte, y aún así confiada, confiada  como un animal en su hábitat natural, y que de pronto un día fue invadido y obligado a desplazarse a un mundo desconocido.

Y aquella libertad, fue enjaulada, fue encarcelada, y sin un ápice de compasión fueron hacinados como tantos miles de animales, sufriendo en mercados y circos, y sin duda transmitiendo enfermedad, a los humanos  por su crueldad.

Estoy quieta, evolucionando en mi sentir más profundo, consciente que tanto animales como humanos, somos parte de este mundo natural y dependemos de él, y lo hemos destruido, y le hemos robado el futuro a nuestros hijos.

Estoy quieta, entendiendo desde mi lugar, dónde nace el respeto por la tierra y la naturaleza, el hábitat natural de los animales, con quienes tenemos que compartir el planeta; desde ahora, después del dolor,  nuestro trabajo no es dictar leyes,  porque la única ley de construcción es la armonía a través de la igualdad, la fuerza de la verdad, pero, ante todo la fuerza revolucionaria y transformadora  del Amor, porque todo esto que nos conmociona el alma, nos convoca a generar un cambio, desde lo profundo, desde dentro hacia afuera, desde lo individual a lo colectivo.

Es hora de construir una nueva esperanza, es hora de mirarnos unos a otros, y empezar ese renacer en el UNO, y creer  que aún tenemos tiempo de crear un espacio para vivir en  armonía con todas las formas de la creación.

Por: Lucy Angélica García Chica.
Escritora y Poeta.


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