Los Consejos de la Doctora Gutiérrez

No dejo de pensar en la chica del Pay de Manzana

Por: Fiorella Gutiérrez

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Manuel (22 años, Puente Piedra).

Doctora Gutiérrez, le escribe Manuel, soy un joven estudiante que le gusta leer muchos cuentos, y creo que algo de ello me ha afectado estos días de sobremanera; me refiero a que me he enamorado de una chica que la he visto durante 1 mes: ella es vendedora ambulante… y tras solo ver sus ojos y su cabellos recogidos, claramente; no puedo dejar de pensar en ella y de soñar como si fuéramos personajes de uno de mis cuentos preferidos del libro “Amores Tontos”: “La Chica del Pay de Manzana & el Chico de la Gorra Azul”.

Después del confinamiento la he dejado de ver, pero siempre estoy pensando en ella, es como si su imagen se hubiese quedado grabada en mi memoria. En verdad, nunca me atreví a hablarle, porque soy un poco tímido y además no quería incomodar, solo le compraba el pay de manzana y ella sonreía y me atendía amablemente.

Doctora yo sé que leer despierta la imaginación, pero yo sueño con ella estando despierto. Para exponerle mejor mi caso, copio un fragmento del cuento, ya que es justamente lo que me ha pasado.

Cuando La Chica del Pay de Manzana empezó a sacar una porción de su fuente, el tiempo se detuvo. El Chico de la Gorra Azul percibió que ningún carro se movía; pudo observar por la ventana a toda la gente paralizada como si fuesen momias o maniquís; vio los rostros de los demás pasajeros tensos. Se percató de unos de los botones del suéter azul que llevaba la chica, estaba roto; se puso de pie, acercó su mano derecha hacia el cabello de ella y aproximó sus labios al rostro ajeno… la besó en la mejilla.

Al ver que ella no reaccionaba, cerró los ojos y acercó su rostro al de la chica, y cuando pensó que había logrado besarla en los labios, se dio cuenta que tenía una porción de pay de manzana en la boca. 

Muchas gracias joven dijo, contenta, la chica. /// ¡Te compro otra, si me dices tu nombre!  Dijo, hasta casi gritar, el chico, tras ver a la chica retirarse de su presencia. /// ¿Cómo? Preguntó, sorprendida. /// Que deseo saber tu nombre respondió él, abriendo sus ojos un poco más de la cuenta. ///Estefanía contestó ella, mostrando, nuevamente, su sonrisa. 

Otra vez el tiempo se paralizó, pero esta vez con un efecto aún más extraño que el anterior: todo el mundo estaba de cabeza, menos ellos dos; la pista estaba en el lugar del cielo y el cielo en el lugar de la pista, la besó de nuevo. Le jugó una broma a uno de los pasajeros que llevaba una coca cola en la mano. Reposó su nariz sobre el cuello de ella por unos minutos. De repente intentó tocar el corazón de ella por fuera, y cuando pensó rozar uno de los senos de Estefanía, volvió todo a la normalidad. Ella vendió varias porciones más a los pasajeros y descendió; él la buscó entre los transeúntes, mientras el bus avanzaba.

Pasaron diez días exactos para que se volvieran a encontrar; El Chico de la Gorra Azul regresaba a casa, La Chica del Pay de Manzana subió al bus. Esta vez, él dormitaba sobre una de las ventanas, pero al escuchar la voz melodiosa, despertó. Ella se acercó a ofrecerle el dulce, se reconocieron de inmediato; él pidió una tajada, de nuevo el tiempo se detuvo, pero ahora con un efecto mucho más extraño: El bus se encontraba sumergido en el mar; ella estaba a cien metros de él, así que se puso a nadar; cuando llegó con ella, le abotonó el suéter. Mientras la besaba, puso sobre los cabellos de Estefanía una pequeña nota, apegó su cuerpo mientras se escuchaba un vals; se pusieron a bailar, de repente se escuchó un tango y cuando pensó que la sujetaba sensualmente por la cintura, el efecto culminó.

Así pasaron meses. Ella subía. Él le pedía una porción de pay de manzana. El tiempo se detenía. Él la besaba, le ponía alguna nota, un poema o cuento corto. Intentaba bailar con ella, una canción suave, lo lograba. A veces se aproximaba al cobrador para recuperar su pasaje cuando estaba ajustado. Y todo transcurría bajo efectos distintos, como de películas; a veces todos estaban, menos ellos dos, en tonalidad sepia, o de color verde; otras veces, todos, excepto ellos, estaban desnudos. El tiempo se reponía cuando el chico de la gorra azul intentaba tocar alguna parte íntima de Estefanía.

De repente, un mes pasó como si pasara un día. Estefanía, la chica del pay de manzana, dejó de aparecer; El Chico de la Gorra Azul entendió que todo había sido un sueño, así que también desapareció… Lima despertó.

Bueno, doctora, yo interpreto del cuento, que el amor se da en espacios, y estos permanecen en nuestros sueños. Por otro lado, pienso que estar en confinamiento me hace recordarla más: no olvido a La chica del pay de manzana. Doctora no sé si al ver tantas desgracias que están sucediendo debido a la pandemia, también influye en que siga soñando con ella, puesto que siento que es un medio de escape a lo que estamos viviendo.

¿Qué me aconseja, ddoctora Gutiérrez? ¿Será que todos estamos soñando ahora, y Lima está con altas fiebres?

CONSEJO:

Estimado Manuel, es increíble lo que podemos desarrollar con nuestra imaginación y si nos ilusionamos, enamoramos o amamos, podemos llegar a crear atmósferas inimaginables. Pero, también debes tener en cuenta que eres Manuel y no el personaje del cuento del libro “Amores Tontos”. Seguramente, sí te ilusionaste con la jovencita del pay de manzana, y quién sabe, tal vez más adelante la vuelvas a encontrar… si de verdad estás interesado en ella, inténtalo, rompe tu timidez y al menos pregúntale su nombre. Así afrontarás la realidad y tendrás una respuesta.

En relación a lo que sientes que el soñar con ella ha sido un medio de escape para ti, respecto a la pandemia, no es nada malo, porque todos buscamos un medio de escape ante tanta desgracia. Ahora hay más casos de estrés, ansiedad, etc., debido a este mal que nos azota, pero todos debemos ser fuertes; poco a poco, nos vamos a sobreponer, jamás se debe perder la fe. Te recomiendo buscar muchos medios de escape y no solo quedarte en recordar a la jovencita del pay de manzana: puedes cantar, leer más libros, dibujar, compartir momentos con la familia, etc. Si tienes la dicha de tener a tu familia y además tranquilidad en tu casa, ante esta terrible situación, aprovéchala. Te deseo todo lo mejor, mucha suerte… y a seguir leyendo.


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