Cultura

La Batalla del Alto de la Alianza

Escribe Jorge Rojas Luna.- Perdida la guerra en el mar, con Grau muerto y el Huáscar en manos del enemigo chileno, los sureños dieron inició la campaña terrestre invadiendo la costa sur del país; su principal objetivo: la fértil y estratégica Tacna.

Mientras que en Perú y Bolivia había confrontaciones políticas, golpes de estado y huidas presidenciales, Chile avanzaba unido como nación, ya habían encontrado a su héroe máximo, “Prat” y los políticos e Inglaterra no dejarían pasar la oportunidad de adueñarse de territorio peruano; su ejército se encontraba al mando del General Baquedano, el mismo que tenía como política “no tomar prisioneros”.

El 26 de mayo de 1880, con los nacientes rayos de luz del astro rey, se produjo el enfrentamiento decisivo en la meseta del Intiorco, lugar que pasaría a llamarse “Alto de la Alianza”. El moderno ejército chileno conformado por 14,000 hombres bien descansados, 60 piezas de artillería y ametralladoras, avanzaba hacia las posiciones de los “aliados” peruano bolivianos.

Las hostilidades iniciaron con un bombardeo de ablandamiento de dos horas para luego pasar al bestial y sangriento combate cuerpo a cuerpo que causo daño en ambos bandos. El ejército peruano apoyado por ciudadanos tacneños y campesinos de distintas partes de la patria, se batieron contra un enemigo superior en número y tecnología; al medio día los aliados estuvieron a punto de vencer, sin embargo, carecían de algo vital en las guerras, “refuerzos” (gracias a la inacción del infame Leyva, que estando cerca no asistió al ejército peruano con tropas frescas).

Cáceres demostró su valor al mando de querido batallón Zepita; los colorados bolivianos también demostraron de que estaban hechos, lamentablemente nunca llego la tropa de refresco y la batalla se perdió. Hechos que contribuyeron a la derrota fueron las marchas y contramarchas de los aliados que provocó que el grueso de la tropa estuviera cansada a la hora de luchar, los desacuerdos de la oficialidad y las vendettas políticas.

Ese fue el fin de las fuerzas aliadas, los bolivianos escaparon hacia Pachía y de ahí fugaron hacia su país, mientras que los peruanos retrocedieron hasta Tarata, para luego llegar a Puno. Luego de reunir al ejército, el Almirante Montero partió a Lima donde le esperaba un juicio militar gracias al dictador Piérola, su enemigo acérrimo y ya sabemos cómo era el califa, no olvidaba ninguna afrenta.

Tacna fue invadida a las 6 de la tarde por las tropas chilenas al mando de Lagos y Amengual; lo que vendría sería una seguidilla de saqueos, incendios y asesinatos a peruanos e italianos; los heridos y enfermos fueron repasados; se registraron violaciones y abusos hacia la población civil.  

Tendría que pasar una docena de días, para que el Leónidas peruano se inmolara en el morro de Arica, en el que nos daría catedra de patriotismo y amor al Perú; ahí se quemarían hasta el ultimo de los cartuchos.


Comentarios


Suscríbete a nuestro Newsletter

Recibe nuestro Newsletter diariamente registrándote con tu email y mantente informado con las noticias más relevantes del día.

Suscribirme



También te puede interesar


Mas articulos

Gaceta Ucayalina Radio - Música y Noticias
0:000:00