Empezaron hace 10 años

Warmi tsinani: La asociación de mujeres quechuas y asháninkas que transforma el cacao en chocolate

Warmi Tsinani se ha implementado con una planta para la transformación del cacao en pasta cacao o chocolate de taza.

Satipo.- «Se puede vivir tranquilos, sin esconderse y sin ser ilegal», dice Marisela Lima mientras camina arrancando hojas en medio de su plantación de cacao.

«Acá en la Selva Central nosotras mismas somos transformadoras; trabajamos el campo, abonamos, podamos y le damos tratamiento de las enfermedades a nuestro cacao», agrega y recuerda cómo empezó su asociación de 28 mujeres agricultoras hace 10 años, del cual ella es la presidenta.

Warmi Tsinani es una agrupación de mujeres quechuas y asháninkas que cultiva cacao y la transforma en chocolate. Hace un año dio dos pasos: el primero fue convertirse en cooperativa, por las ventajas que esta forma organizativa ofrece. «Como asociación teníamos límite. Como cooperativa nos es conveniente, incluso ante la Sunat”, dice Marisela. Ella vive en el distrito de Río Negro, en Satipo, Junín. Allí también están las plantaciones de cacao aromáticos.

El segundo fue presentarse a un fondo concursable del programa Servicios Agrarios del Ministerio de Agricultura. La ganaron. Como también ganaron un premio en el Salón del Cacao y Chocolate, una de las exposiciones más representativas que reconoce al sector en el Perú.

«Hemos sido ganadoras, hemos vuelto orgullosas, con el cacao de plata, chocolate de plata», recuerda Marisela el premio al segundo lugar del cacao más rico que concentra «ese aroma de la selva natural, sabor a almendra», realizada en julio de este año, en Lima.

Warmi Tsinani se ha implementado con una planta para la transformación del cacao en pasta cacao o chocolate de taza con 100% de cacao, en chocolate dulce con 50% de cacao y también con 70% de cacao en diversos sabores: café, piña, aguaymanto, pecanas y almendras. Sus productos se comercializan en Satipo, Huancayo y Lima.

El cacao puede reemplazar en la Selva Central a la hoja de coca.

«Aquí falta mercado, hay extranjeros que han venido y nos han preguntado ¿cuánto cacao tienen? y no nos alcanza [la producción para atenderlos]. [Así] se vive tranquilo y no estás escondido e ilegal».

Fuente: La República


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