Compartiendo diálogos conmigo mismo

En este mundo de sombras

Como impenitente penitente yo me exteriorizo…

Me gozo ir de acá para allá,

pero aún más me atrae regresar,

volver al verso y ser poesía,

devolver mis andares a Dios,

fundirme con Él, mi santo Padre,

reconocerme como hijo suyo,

alumbrarme con su piedad,

sentirme amado como nunca,

poder crecer a su níveo abrigo,

recrearme y restaurar el amor.

 

                Como obstinado nazareno yo me cautivo…

Es tiempo de ensimismarse,

de verse y de vivirse en los demás,

de revolverse contra sí,

de hacer alianzas consigo mismo,

de deshacer caminos que matan,

de ganarse el aire que purifica,

con el espíritu de entrega,

que lo que bien se da mejor se recibe;

pues necesitamos esperanzarnos,

enternecernos y renacer como amapolas.

 

                Como persistente mortal yo me inmortalizo…

Retoña y reverdece quien se renueva,

quien no se encierra por dentro,

quien participa y no rechaza,

quien sufre con los que sufren,

quien vive con los que viven,

quien nada es y lo es todo,

porque está donde le llaman,

porque no se duerme jamás,

resiste a cualquier tentación diabólica,

y asiste siempre con gratuidad a darse.

 

                Como pertinaz poeta yo me trasciendo…

Nunca es tarde para enmendarse,

para rehacerse y hacerse humano,

para abrir los ojos y acoger almas,

para concebir una llamada,

romper cadenas y mudar de aires.

Será cuando viviremos sin nada,

ensamblados todos, brotando luz,

restaurando la imagen del Creador,

uniendo vínculos, hermanándonos

los brazos entre sí, abrazados a la Cruz.

Víctor Corcoba Herrero

[email protected]


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