Augusto Lostaunau Moscol

Si salió tarde…no es culpa del chofer

Augusto Lostaunau Moscol *

Todos los que usamos transporte público en Lima hemos leído –alguna vez- que en la parte interior del bus, combi, custer o cualquier medio que se jacte de ser “transporte público”, la conocida frase “Si salió tarde, no es culpa del chofer”. Bueno, esa frase resume la realidad del transporte público y del tránsito vehicular en la contaminada, caótica y cada vez más horrible Lima.

A quienes vivimos en la capital del Perú, La Ciudad de los Reyes (de los reyes de la coima y la corrupción) no han hecho creer que el “problema del tránsito vehicular” los puede solucionar el Alcalde Metropolitano; cosa más falsa no puede existir. Otros, por el contrario, cifran sus esperanzas en que ese “problema mayor” sólo lo puede solucionar el Presidente de la República; lo cual es extremadamente falso. Tampoco lo puede hacer el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, la oficina Autónoma de Transporte; la Policía Nacional del Perú. Nadie, porque “Si salió tarde, no es culpa del chofer”.

El problema del tránsito vehicular en general y, del transporte público en particular, no le interesa a ninguna autoridad. No le interesa al Presidente de la República porque para él –y su familia- siempre existirá la pista libre. No le interesa al Ministerio de Transporte y Comunicaciones porque en éste país, sencillamente a ningún ministro le interesa solucionar los problemas de su jurisdicción. No le interesa a la Policía Nacional del Perú porque de solucionarlo “perderán un ingresito extra mi hermanito”. Y no le interesa a ninguna autoridad porque “Si salió tarde, no es culpa del chofer”.

Y, precisamente, ahí se encuentra el centro del problema. El tránsito vehicular –y del transporte público en forma específica- sólo depende del chofer. Él es el único que puede solucionar este dramático momento que vive la “Ciudad Jardín” (Jardín de basurales). Todo depende única y exclusivamente de la voluntad de los choferes, de todos los choferes. En el Transporte público, cuando el chofer tiene prisa, entonces todos tienen prisa. Así, la velocidad es excesiva, pero a nadie le importa. Todos van felices. Alegres. Saben que llegarán pronto o muy temprano a su trabajo u hogar. La premura del chofer es una bendición para todos. Así, las casi dos horas de viaje se reducen a 40 minutos. Algo inimaginable en Lima. Porque “Si salió tarde, no es culpa del chofer”.

Lo contrario sucede si el chofer no tiene prima o no presenta ningún interés por la hora. Chofer “chantón” le dicen. Así, para la unidad en cada esquina, a mitad de cada cuadra, se detiene dos o tres luces rojas. Pone música a todo volumen. Un viaje de 10 o 12 kilómetros lo realiza en dos o tres horas. Entonces, la situación se pone tensa. Todos gritan. Todos reclaman.  Golpean el carro en forma de protesta. Silban. Las mujeres protestan y el chofer las insulta. Es un caos. Muchos se bajan e insultan al chofer. Algunas veces el chofer –o su cobrador- terminan liándose a golpes con algún pasajero u otro chofer que los insultó por ir muy lento. Y la Policía Nacional del Perú sólo mira. Tremendo espectáculo digno de la jaula de primates de un zoológico. Y la policía sólo mira porque “Si salió tarde, no es culpa del chofer”.

Y, por más temprano que despiertes y hagas tus cosas. Por más temprano que llegues al paradero y subas a la unidad de transporte público (la mayoría de ellas destartaladas y dignas de haber sido chatarreadas hace un cuarto de siglo) siempre llegarás tarde porque “Si salió tarde, no es culpa del chofer”. Porque, así como al chofer no le interesa para nada tus necesidades, igual, en el Perú a las autoridades no le interesan para nada tus necesidades. Están ocupando esos cargos sólo para proteger los intereses –y “los bolsillos”- de las grandes transnacionales y de los comerciantes que les pagaron la campaña política. Esas seudo autoridades lo único que buscan es “agradar” y ser “agradable” ante los ojos de quienes detentan el poder político y económico del Perú. Los “dueños del Perú”. Además, para estos “dueños del Perú” no existe problema alguno. Las vías siempre estarán libres. Una patrulla y dos motos para apresurar el tránsito arreglan cualquier situación. Incluso, para que uno de estos “señorones” llegue temprano a su destino, la Policía de Tránsito detiene ambulancias y carros de bomberos. Un niño puede estar muriendo y otro a punto de quemarse, pero no les interesa, se detiene el tránsito para que los “dueños del Perú” no tengan problema alguno en su viaje por Lima La Horrible. Porque, “Si salió tarde, no es culpa del chofer”.

El chofer es un personaje con gran poder de decisiones en Lima. Sólo él y sólo él puede solucionar el transito en la capital del país. Nadie más. Los políticos lo saben, por ello, no les dicen nada. No hacen nada contra ellos. Son el verdadero Cuarto Poder de la ciudad. Un Paro de choferes –como los de la década de 1980- deja muy maltratada la aceptación del alcalde o de los ministros, incluso la del Presidente de la República. Es así que, nadie mueve un dedo contra ellos. Todos los miman y los quieren. Bueno, todos los interesados de tenerlos a su lado como una fuerza política muy útil. Son la base social de algunos partidos.

Mientras tanto, “Si salió tarde, no es culpa del chofer”. Y la ciudad ahí siguió muriendo.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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