Augusto Lostaunau Moscol

Sobre la reforma universitaria de 1919

Augusto Lostaunau Moscol *

La llegada del siglo XX y el ingreso del capitalismo imperialista en nuestra economía, significaron grandes cambios, en el aspecto social, para la universidad peruana –reducida a San Marcos y algunas en provincias- .Según Mariátegui:  

En el Perú, por varias razones, el espíritu de la Colonia ha tenido su hogar en la Universidad. La primera razón es la prolongación o supervivencia, bajo la República, del dominio de la vieja aristocracia colonial”.

La vieja aristocracia colonial, alimentada por las familias consignatarias y consolidadas de la era del guano, junto a la joven burguesía industrial compuesta por extranjeros  inmigrados y sus descendientes de primera generación, ocuparon los mayores porcentajes de las vacantes para alumnos en la universidad. Pero, San Marcos empezó a recibir jóvenes de origen provinciano, pertenecientes a las viejas aristocracias locales venidas a menos o  a las nuevas clases medias –comerciantes y funcionarios con cierta holgura económica- que buscaban ser incorporados en la vida profesional de la capital.

En 1908 el censo general realizado en Lima determinó que la ciudad contaba con 140884 habitantes, mientras San Marcos tenía 700 alumnos matriculados pero, para 1918 es decir, una década después, la universidad incrementó su alumnado alcanzando los 1400 matriculados, duplicando su población estudiantil. Pero, más allá de estudiar en San Marcos, los jóvenes universitarios también vivieron sus sueños y pesadillas.

Luis Alberto Sánchez, en sus memorias, narra que desde niño sintió la tentación de ser universitario de San Marcos, indica que:

Cuando vivíamos en Chorrillos se encendió más ese viejo deseo mío al ver ondeando por el Malecón, al majestuoso paso de sus jóvenes usuarios, las flotantes capas de estudiante, con forro rojos los de Letras, azul los de Ciencias Políticas y Administrativas, verde los de Derecho, morado los de medicina...El galán de una de mis primas se había matriculado en Letras sólo para usar la famosa “capa del estudiante”.

La aristocracia siempre utilizó artefactos de distinción social, que marcaran sus claras diferencias con los sectores dominados. No bastó con copar la universidad sino, era necesario remarcar esa situación, por ello las capas del estudiante marcaban espacios sociales entre sus usuarios y los jóvenes de las clases populares.

Pero, San Marcos también presentó pesadillas y discriminaciones a su interior. José León Barandiaran recuerda que:

Un profesor, que no disimulaba sus inclinaciones en el sentido de que creía que la educación universitaria debía estar basada en un criterio aristocrático social de selección personal, nos dio un tema para desarrollar. En una clase devolvió a los autores los trabajos escritos, poniendo en algunos de ellos ciertas anotaciones, unas laudatorias y otras de crítica; y ocurrió que se equivocó en cuanto a un trabajo que era el mío, atribuyéndolo a otra persona, a quién se lo entregó; ese alumno le manifestó que tal trabajo no era suyo y se lo devolvió; entonces se percató el profesor que había sido elaborado por mí; me llamó para entregármelo, pero testó la anotación laudatoria que había puesto, y puso simplemente esto: “aprobado”.

José León B. Nació en Lambayeque en 1899 y estudió en el Colegio Nacional de San José de Chiclayo, viajó a Lima e ingresó a San Marcos. La experiencia narrada representa  no una actitud aislada de un profesor en la universidad, era prácticamente un acto cotidiano en Lima. Además, los representantes de la cultura aristocrática limeña y peruana también presentaron ese rechazo y desprecio casi militante contra lo no-criollo. Riva Agüero, Belaunde, Deustua y García Calderón son claros ejemplos de intelectuales con ideas segregacionistas.

II

En 1919 Enrique Cornejo Koster, Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre Grohmann eran estudiantes en San Marcos, participando activamente de la Reforma Universitaria de ese año. A pesar de ser contemporáneos cada uno de ellos relata los acontecimientos bajo su propia visión, es decir, bajo su propia perspectiva de cómo se iniciaron, desarrollaron, finalizaron y que logros alcanzaron.

Enrique Cornejo Koster recuerda que:

Era junio del año 1919. De pronto la revuelta estalló. Un suceso banal, cuestión de régimen interno en la Facultad de Letras, fue la chispa inicial. Fue un conflicto entre los alumnos de un curso de historia y el profesor. Intervino el decano. El conflicto se agravó. Estalló intempestivamente la huelga en la citada facultad. Formóse un comité de reforma que tomó la dirección del movimiento. Se solicitó el apoyo de los estudiantes de otras facultades, los que paulatinamente fueronse plegando a la agitación. La revuelta llegó a la facultad de Medicina; tras numerosas y abigarradas asambleas, los estudiantes de dicha Facultad resolvieron plegarse al movimiento y la huelga fue general en toda la universidad”. 

Es decir, sostiene que el inicio de la protesta fue espontáneo, una simple discrepancia en una cátedra  determinó un conflicto que rápidamente  se expandió a otras facultades donde los alumnos se unen en forma solidaria. Cornejo continúa sus recuerdos anotando que:

“El 4 de setiembre se realizó el mitin monstruo. Los estudiantes, arengados por sus líderes, se dirigieron al Palacio de Gobierno y pusieron en manos del Presidente de la República un extenso memorial  donde solicitaban el apoyo gubernativo y pedían se hiciera defensa de los legítimos anhelos y derechos estudiantiles...Leguía tenía interés de continuar apareciendo a los ojos de la juventud  como líder  de la democracia y tenía, además, interés de arrojar de la universidad a sus enemigos políticos que estaban encaramados en las cátedras”.

Esta visión relaciona la reforma universitaria y las aspiraciones de los estudiantes con los deseos políticos de Leguía de eliminar a sus enemigos de San Marcos, para mantenerse por muchos años en el poder. Pero, eran los estudiantes quienes tenían que eliminar a los adversarios de Leguía que por coincidencia eran reconocidos como “malos docentes” por los propios estudiantes. El derecho a la tacha que buscó mejorar las cátedras, es utilizado con fines políticos por Leguía desde el poder.

Para Luis Alberto Sánchez:

“La universidad, salvo raras excepciones, obedecía a las órdenes de un clan, el civilista, y más aún, de dos o tres familias. Pongamos ejemplo. De las familias Pardo, Prado y Miró Quesada, pertenecientes a una misma tendencia, profesaban en San Marcos: Antonio Miró Quesada (1 cátedra), Luis Miró Quesada (2), Oscar Miró Quesada (2), Manuel Prado (1), Mariano Prado (2), Javier Prado (2), Mario Sosa, cuñado de Prado (1), Belisario Sosa, hermano del anterior (1), Felipe Barreda y Laos, primo de Pardo (1), Constantino Salazar, asociado de aquel (2), Horacio H. Urteaga, secretario de Javier Prado (3),  Juan Bautista de Lavalle, pariente de los Pardo  (2), Manuel B. Pérez, gonfalonero de los Pardo (2), Ezequiel Muñoz, ministro de Pardo (2). No es una lista completa ni mucho menos. La universidad no contaba con más de 4 Facultades (excluyendo Teología) y unas cien cátedras. Aquellas 25 cátedras en manos de 14 personas de un mismo grupo da idea de los vínculos académicos en auge”.

Para Luis Alberto Sánchez, la situación en la cual  se encontraba la universidad determinó el inicio de la reforma. San Marcos era controlada por los integrantes  de tres familias y, por coincidencia, pertenecían al mismo partido político. La universidad se convirtió en un espacio cerrado para las actividades docentes por ello, para laborar en ella se tenía que ser civilista o familiar-amigo de un civilista reconocido. Este sectarismo generó  mediocridad en la enseñanza y animó al movimiento estudiantil.

Sánchez añade:

Nosotros resolvimos, a raíz del grito de Córdova (Argentina), lanzando el 15 de junio de 1918, liquidar el estado feudal de la Universidad. De arranque, necesitábamos exonerar de  sus cargos a los catedráticos anticuados; dar participación a los estudiantes en ciertas decisiones universitarias; volver dinámicas la enseñanza y el aprendizaje; crear seminarios; dar oportunidad para que los alumnos que trabajasen para sostener sus estudios tuvieran mejores oportunidades. El asunto parece hoy fácil y claro. En ese tiempo era oscuro y difícil”.

Sánchez denominó universidad feudal a la universidad que le tocó enfrentar: ocupada por un partido político, vínculos amicales y familiares determinaban el ingreso a una cátedra. Los estudiantes rechazaron en la acción, luchando por la reforma de su universidad. La universidad era una institución caduca y sin horizonte, fracasó en su afán de mantener un espacio  para el pensamiento libre y creador, entonces el motor social que se activó para cambiarla fue la acción estudiantil. La idea y el anhelo de Sánchez  y los estudiantes de la Reforma Universitaria era la construcción de una universidad democrática, participativa y creadora, frente al partidarismo sectario, fanático, inmoral y antihistórica que habían impuesto los miembros del partido civil. La reforma cambió las estructuras de la universidad peruana. Ya no debía regir el favor político, el buscar trabajo para el hermano del congresista o el primo, someter al servilismo a ciertos profesores para contratarlos o mantenerlos en sus cátedras; por el contrario se izó la bandera de la libertad de cátedra y el derecho a la tacha, acciones que los conservadores no comprendieron.

Jorge Basadre Grohmann es otro de los grandes intelectuales  del Perú que participó activamente durante la reforma de 1919 siendo aún alumno del primer año. En sus memorias indica que:

Fue un gesto de audacia de unos cuantos y de inercia de muchos. Pudo haber sido detenido y cortado. Sin embargo, la asamblea se llevó a cabo; nadie se opuso a las mociones reformistas; y el comité quedó elegido para dirigir el movimiento estudiantil, bajo la presidencia de Jorge Guillermo Leguía, alumno del tercer año de Letras, con personeros en los distintos años. Fueron ellos Leguía y Luis Alberto Sánchez por el tercer año; José León y Bueno, Ricardo Vegas García y Manuel Seoane por el segundo año; Alberto Fuentes Llaguno, Jacobo Hurwitz y yo por el primer año. Para la secretaría de este improvisado organismo fueron nombrados Manuel Seoane  y Ricardo Vegas García”.

Desde  un principio el movimiento estudiantil de la reforma de 1919 contó con un comité directivo lo que demuestra que el espontaneismo  no fue absoluto sino, relativo, es decir los alumnos se habían organizado precariamente pero el objetivo si era muy claro: cambiar las estructuras de la universidad. Luego de varios acontecimientos y maniobras, la mayoría de los primeros dirigentes renunciaron y el movimiento cambió de dirigentes pero, el objetivo se mantuvo. No eran líderes sino dirigentes. Basadre continúa:

“Un desfile juvenil reunido el 4 de setiembre terminó en la Plaza de Armas, con la finalidad de entregar al Presidente Leguía un documento que solicitaba su intervención en el conflicto. Leguía, elegido “Maestro de la juventud”, en 1918, había tenido palabras de simpatía hacia la reforma al asistir el 1ro. De agosto a la ceremonia de inauguración de la nueva directiva de la Federación de Estudiantes”.

Los estudiantes en todo momento mantuvieron relaciones muy cercanas con el presidente Leguía, quien intervino directamente para solucionar el conflicto de la universidad. La reforma tomó un matiz político. La reforma fue un movimiento democrático-institucional pero, el mismo fue utilizado políticamente por Leguía para continuar su persecución a sus opositores al interior de San Marcos. 

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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