Opiniones

José Varallanos y Túpac Amaru

Por Augusto Lostaunau Moscol

El 18 de septiembre de 1959, en la Cámara de Senadores del Congreso de la República del Perú, se realizó el debate sobre el pedido realizado por los señores Senadores de la República: Antonio Astete Abrill (del Frente Nacional de Juventudes Democráticas-Acción Popular por el Cuzco); Alejandro Barco López (Lima); Sixto Coello Jara (del Frente Nacional de Juventudes Democráticas-Acción Popular por el Cusco); Celestino Manchego Muñoz (del Frente Patriótico Nacional por Huancavelica); Alfonso Montesinos y Montesinos (por el Frente Nacional de Juventudes Democráticas-Acción Popular por Arequipa) y Víctor Ernesto Vivar Espinoza (Huánuco), para colocar un retrato de Túpac Amaru en la Sala de Sesiones de la Cámara de Senadores del Congreso de la República del Perú como un homenaje y tributo al padre de la patria y la nación peruana.

Entre los senadores que tomaron la palabra, se encontró José Varallanos quien dijo:

“La tierra y el hombre, la geografía y el espíritu humano, conforman, en plenitud, la Patria y el amor a ella, Patria que es única e indivisible, pese a los tiempos históricos que se suceden y pese también a que se renuevan las sociedades que habitan en un territorio. Es que, cuando el suelo que moramos se une nuestro esfuerzo de supervivir, nuestra lucha y nuestra sangre; o, mejor, cuando nos identificamos con el medio físico, con la tierra dignificada y exaltada por los muertos y sus hechos gloriosos, el sentimiento patriótico se tonifica, la Patria se afirma; y, entonces, también es vigorosa la personalidad de un pueblo” (2021:69-70).

El senador por Huánuco, Doctor José Varallanos, identifica la relación que existe entre sociedad, territorio, historia e idea de pertenencia. El individuo que logra desarrollar una idea de pertenencia lo realiza en forma concreta y objetiva; jamás de manera abstracta y subjetiva. Para ello, debe formar parte de una sociedad que tiene un pasado histórico en común dentro de un territorio que comparte y lo siente suyo. Edward Hallet Carr ha indicado que:

“El hombre moderno tiene una “conciencia histórica” sin precedentes. La historia ha llegado a ser en nuestros días lo que la Filosofía era para la Grecia y la Roma clásicas, lo que la Teología fue para la Edad Media y la Ciencia para el siglo XVIII” (1969:9).

Así es. La Historia es la ciencia más importante del hombre moderno. Recurre a ella cada vez que se presenta una encrucijada que pone en manifiesto su debilidad frente a la naturaleza y a la propia sociedad por él creada y desarrollada. Entonces, la Historia nutre la conciencia de una sociedad o de un pueblo en los momentos que más necesita de ese tónico vigorizante que es el saber sobre su propio devenir, generando un sentido de pertenencia. Entonces, para construir una sociedad digna y altiva se necesita de una Historia Oficial que destaque los hechos realizados por esa misma sociedad; de lo contrario, se está formando una sociedad sometida a la explotación y el desprecio de propios y extraños.

Por ello, la figura revolucionaria y libertadora de Túpac Amaru es necesaria para que la sociedad se identifique con una Historia real, verdadera o cierta. Los historiadores de la oligarquía, durante todo el siglo XIX y parte del siglo XX, trastocaron de manera consciente y perversa los acontecimientos del 1780. Los redujeron a simples reclamos personales y hechos luctuosos de desorden y destrucción. El objetivo era claro: “demostrar” que los indios son sólo rebeldes más jamás lucharon o lucharán por su libertad. Construyeron un personaje de ficción para impedir que se conozca la verdad histórica. El siglo XVIII será la centuria de los grandes cambios políticos a nivel mundial. La Independencia de los Estados Unidos y La Revolución Francesa tienen ese carácter. José Varallanos agregó que:

“Desde mediados de aquel siglo, se hace presente el esfuerzo de los peruanos en la Rebelión de Llata de 1777; en la Revolución de Cusco de 1780, cuyo jefe Túpac Amaru II levantó la bandera de la liberación en un movimiento sin precedentes por su vastedad y que conmovió el Virreinato de Lima desde sus raíces, y por eso mismo, de la más sangrienta y feroz represión” (2021:71).

Resulta muy interesante observar que José Varallanos incorporó a las grandes revoluciones sociales que transformaron el mundo del siglo XVIII, a la Revolución del 1780 dirigida por Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Como ya lo hemos anotado en varias oportunidades, la figura histórica de Túpac Amaru es muy incómoda para los historiadores oligarcas y burgueses del Perú, quienes, junto a sus pares extranjeros, buscan denigrar la imagen revolucionaria del Cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana. Para ello se utiliza como Caballo de Troya las denominadas Reformas Borbónicas que elevaron los impuestos en las colonias junto a otros cambios administrativos y territoriales. Entonces, argumentan sin menor vergüenza que Túpac Amaru “se rebeló contra los impuestos, no contra la corona española”. Con ello, buscan ocultar de manera intencional y consciente que: por un lado, fue un conjunto de nuevos impuestos lo que generó la Independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789); por otro lado, el hecho de no aceptar las leyes de España y del rey, determina un rompimiento político con la política y la administración peninsular para iniciar una forma autónoma y libre de administrar el Perú. Con ello, la Revolución de 1780 es el primer gran grito de libertad en toda América Latina, siendo el mundo andino el iniciador del cambio. Pero, historiadores con miradas racistas no pueden ni deben aceptar la verdad histórica porque afecta a sus interés y privilegios de clase dominante. Son los seguidores de la conclusión de José de la Riva-Agüero quien sostiene que:

“Las sediciones ocurridas durante el gobierno de Guirior en Urubamba, Huaraz, Huánuco y otros puntos de la sierra, fueron tumultos de indios; pero las de Arequipa y Lambayeque tuvieron otro carácter, más peligroso aun, porque las promovían y dirigían blancos, mestizos y mulatos, y aparecían complicadas en ellas personas de alguna significación social” (1957:20).

Frente a estas posiciones racistas de intelectuales que fungen y fingen ser blancos occidentales descendientes de inmigrantes europeos, el doctor Varallanos exige:

“Revisemos la historia con justicia. Reconozcamos y exaltemos primero lo nuestro como elemental deber patriótico. Es hora de fortalecer nuestro espíritu nacionalista, de estructurar lo auténticamente peruano, alimentando ello con nuestra tradición telúrica, de pueblo milenario, original y rector, y como dueño absoluto de su destino” (2021:74).

Son muchos los políticos, profesionales e intelectuales de la clase dominante que han desarrollado la idea de la existencia de peruanos según su color de piel o ascendencia. Así tenemos la existencia de “Andino-peruanos”; “Amazónico-peruanos”; “Afroperuanos”; “Ítalo-peruanos”; “Franco-peruanos”; “Anglo-peruanos”; “Germano-peruanos”; “Eslavo-peruanos”; etc. Es decir, crean guetos mentales que buscan plasmarse en el color de la piel, los apellidos y la posición social. De esa forma justifican la existencia de una pirámide social exclusiva y excluyente. Los historiadores de la patria, frente al Bicentenario, tenemos la obligación moral de acabar con esas formas lúdicas de dividir y enfrentar a los peruanos.

Pero, el proyecto revolucionario de Túpac Amaru fue netamente inclusivo. No sólo fue un movimiento de las grandes masas de campesinos andinos explotados por el régimen colonial. También se incorporó a los sectores criollos pobres provincianos; mestizos y esclavos. Mujeres y varones. La dinámica de la Revolución del 1780 es mucho más complejo y dinámico que la manera como lo han presentado los intelectuales de la clase dominante. Por ello, Varallanos propone:

“Empero, señores, de todos los precursores y forjadores de nuestra libertad e independencia política, ninguno en el Perú y América de la talla inmortal de José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru II, que con fiera valentía y gran sentido patriótico, luchó y se inmoló en pro de un nuevo régimen político-social; restaurar el antiguo Estado Inca bajo las bases culturales españolas; es decir, un nuevo Perú a tono con el ambiente social mestizo. Brillante y porvenirista, sin opresión y concepción; porque la Patria nuestra es mestiza por excelencia y antonomasia” (2021:74-75).

Rumbo al Bicentenario y entiendo que es necesario empezar a construir un país donde se alcance la verdadera justicia social y las mismas oportunidades para todos quienes vivimos en el Perú.

Referencias bibliográficas

Carr, Edward Hallet. La Nueva Sociedad. Fondo de Cultura Económica. México DF-México. 1969.

Riva-Agüero, José. Don José Baquíjano y Carrillo. En: Precursores de la emancipación. Selección y prólogo de Manuel Mujica Gallo. Patronato del Libro peruano. Lima-Perú. 1957.

Varallanos, José, Túpac Amaru, los Peruanos y la Independencia. Discurso. En: La Independencia del Perú. Eliseo Talancha Crespo compilador. Asociación de Historiadores de Huánuco José Varallanos. Huánuco-Perú. 2021.


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