Opiniones

Apuntes sobre Jorge Guillermo Leguía Iturregui

Augusto Lostaunau Moscol

Jorge Guillermo Leguía Iturregui nació en Lima el 16 de mayo de 1898. Hijo del reconocido abogado y escritor lambayecano, Doctor Germán Leguía y Martínez (primo de Augusto Bernardino Leguía y Salcedo, Presidente de la República entre 1908-1912 y 1919-1930) y de la señora Francisca Iturregui, distinguida dama lambayecana perteneciente a una familia de reconocido y respetado linaje republicano. De niño gozó de la amistad que su padre tenía con Manuel González Prada, el acérrimo crítico de los grupos de poder económico que controlaron directamente el Estado durante la denominada República Aristocrática (1899-1919). Entre lecturas y los conversatorios en la sala de la familia Leguía Iturregui, es que Jorge Guillermo fue formando su espíritu crítico y muy preciso en la información histórica y política.

Entre 1915 y 1916, Manuel Gonzáles Prada escribió que:

"Un José Pardo y Barreda en la Presidencia, un Enrique de la Riva Agüero en la jefatura del gabinete, un Felipe de Osma y Pardo en la Corte Suprema, un Pedro de Osma y Pardo en la Alcaldía Municipal, un José Antonio de Lavalle y Pardo en una fiscalía, anuncian a un Felipe Pardo y Barreda en la Legación en Estados Unidos, a un Juan Pardo y Barreda en el Congreso y a todos los demás Pardo, de Lavalle, de Osma y de la Riva Agüero donde quepan. Siguen, pues, resonando en nuestros oídos, asediándonos y ensordeciéndonos los mismos nombres que tenaz y trágicamente nos persiguen desde la independencia, nombres dignos de execración eterna y que simbolizan la vergüenza y la bancarrota nacionales” (1969:100-101).

Los intelectuales plasman sobre el papel lo que muchas veces han conversado con sus allegados. En las reuniones entre el doctor Germán Leguía y Martínez con Manuel González-Prada no faltaron este tipo de descripciones de la realidad. El Estado Oligárquico fue copado directamente por las familias con mayor poder económico en el país. El Partido Civil fue el vehículo por el cual, la oligarquía controló directamente las decisiones políticas del Perú. El Partido Civil nació como partido propiamente dicho luego de la derrota en la Guerra contra Chile; anteriormente fue sólo un club político de un conjunto de individuos aglutinados alrededor de la figura de Manuel Pardo y Lavalle, quien supo aprovechar ser hijo de Felipe Pardo y Aliaga, figura magistral de las letras peruanas en la naciente república. Aunque con una participación política para el debate. Es por ello la crítica mordaz de González-Prada cuando agrega:

“La dinastía Pardo nos ofrece un ejemplo de involución o proceso retroactivo: la intelectualidad ha seguido una marcha decreciente, de más a menos; pues si don Felipe Pardo y Aliaga había poseído una inteligencia como 10, don Manuel Pardo y Lavalle la tuvo como 5 y don José Pardo y Barreda la tiene como 1. Por el contrario, la vanidad y la infatuación aumentan en proporciones alarmantes; pues si el abuelo las había poseído como 1, el hijo las tuvo como 5 y el nieto las tiene como 20. Nos estremecemos al pensar en el intelecto y las cualidades morales de la descendencia pardista, llamada seguramente a reinar sobre las futuras generaciones del Perú” (1969:101-102).

El comentario y la crítica que realizó Manuel González-Prada contra José Pardo y Barreda es extremadamente dura y traduce el rechazo total, no sólo de González-Prada sino también de un gran porcentaje de los habitantes del Perú de inicios del siglo XX, contra la figura más destacad del civilismo y del poder oligárquico. Opiniones que fueron compartidas por su eterno amigo, Germán Leguía y Martínez, con quien fundaron La Unión Nacional en 1891. Esas conversaciones influenciaron en las ideas del adolescente Jorge Guillermo Leguía Iturregui.

Sobre Jorge Guillermo Leguía, Luis Alberto Sánchez ha escrito:

“Leguía nació en Lima, dos años antes que yo. Su familia proviene de Lambayeque. Entre sus parientes maternos y paternos contaba próceres de la emancipación. Leguías e Iturreguis destacándose en la conjura e insurgencia contra España” (1989:15).

La información brindada por Luis Alberto Sánchez es muy valiosa para lograr entender el pensamiento de Jorge Guillermo Leguía. Descendiente de una familia norteña (Lambayeque) que participó activamente en la lucha por la Independencia del Perú. Los pueblos del norte del Perú se afiliaron a la causa separatista mucho antes que Lima. En Tumbes, Piura, Chiclayo y Trujillo (incluso podríamos escribir Guayaquil), los patriotas rápidamente proclamaron la Independencia en sus ciudades y se entregaron a organizar los ejércitos para las futuras batallas. Solamente Lima se mantuvo fiel a España hasta que fue abandonada por el Virrey José de la Serna, entonces frente a la posibilidad de un levantamiento popular (plebe o chusma), es que las familias aristocráticas invitaron al ejército de José de San Martín a ingresar a Lima. Más que plegarse a la Independencia, la Aristocracia Limeña buscó protección frente a la turba. Así como en 1780 la aristocracia limeña traicionó la revolución tupacamarista por sus intereses de clase dominante, así mismo la aristocracia limeña firmó un Acta de la Independencia sólo por mantener sus privilegios de clase dominante. Por ello, la necesidad de entender el por qué Lima terminó concentrando el poder total de la república pese a su tardío entusiasmo independentista, es que Jorge Guillermo Leguía se inclinó por la historia.

Sobre la educación que recibió Leguía Iturregui, el mismo Luis Alberto Sánchez señala:

“La educación que recibió fue clásica. En boca de Jorge Guillermo amanecían frecuentemente latinajos. De su padre absorbió la metáfora naturista de los románticos. Cuando inició sus artículos geográfico-históricos en El Tiempo de Lima, bajo la firma de “Mercator”, siendo aún alumno del Colegio Lima, menudeaban en cada párrafo comparaciones con las montañas, los volcanes y el mar… Nosotros nos burlábamos un poco de eso, pero ahora caigo en la cuenta de que él se burlaba de sus metáforas y de nosotros. Memoria presta, no dejó de cumplir un precepto clásico: “la geografía y la cronología son los ojos de la historia” (1989:15-16).

Luis Alberto Sánchez nos describe a un intelectual que supo utilizar la escritura para denunciar o burlarse de la sociedad que le rodeaba. Hacer mofa de aquellos que en algún momento se sintieron occidentales. Eso queda evidenciado en la ponencia Lima En El Siglo XVIII que Jorge Guillermo Leguía pronunció en el Conversatorio Universitario de 1919. Leguía sostenía que:

“No por acatar las modas francesas y hacer en los salones vida cortesana, dejaban nuestros nobles de profesar las costumbres del más castizo criollismo. Si en determinadas épocas del año estaban sometidos dentro de la ciudad a la tiranía de la etiqueta, al estirado convencionalismo social, periodos tenían nuestros aristócratas en que les era dable satisfacer sus anhelos de espontaneidad. Cuando el alegre sol de verano se imponía sobre las melancólicas neblinas del invierno, abandonaban nuestros nobles el bullicio y el sahumerio de la metrópoli; y, atravesando las portadas de las murallas, se dirigían a la cómoda y rústica morada de sus haciendas, en pos del reparador sosiego de los campos” (1989:37).

La aristocracia limeña del siglo XVIII fue una clase social que desarrolló una vida cortesana al interior de la ciudad. Pero, cuando el tiempo y el clima de Lima lo permitían, prácticamente escapaban a sus haciendas ubicadas en los valles cercanos, donde transcurrían en una vida de sosiego y tranquilidad. De pereza y diversión. Sin la obligación de trabajar y producir para poder vivir. Para eso estaban los esclavos y los indios que vivían en sus haciendas. De alguna u otra forma, reproducían al interior de sus propiedades rurales lo que ellos eran testigos en las reuniones con las autoridades españolas. Y, pese a ello, no nació el deseo por extender ese confort y convertirse en una clase dirigente que controle los destinos de un país libre. Lo que significa que, al regresar a Lima, reproducían frente al virrey la misma actitud servil de sus esclavos e indígenas. Nuestra aristocracia limeña del siglo XVIII fue económicamente poderosa; pero servilmente cobarde.

Jorge Basadre Grohmann también recuerda a Jorge Guillermo Leguía como parte del grupo de estudiantes sanmarquinos que decidieron iniciar las luchas que hoy conocemos como la Reforma Universitaria de 1919. Basadre indica que:

“Fue un gesto de audacia de unos cuantos y de inercia de muchos. Pudo haber sido detenido y cortado. Sin embargo, la asamblea se llevó a cabo; nadie se opuso a las mociones reformistas; y el comité quedó elegido para dirigir el movimiento estudiantil, bajo la presidencia de Jorge Guillermo Leguía, alumno del tercer año de Letras, con personeros en los distintos años. Fueron ellos Leguía y Luis Alberto Sánchez por el tercer año; José León y Bueno, Ricardo Vegas García y Manuel Seoane por el segundo año; Alberto Fuentes Llaguno, Jacobo Hurwitz y yo por el primer año. Para la secretaría de este improvisado organismo fueron nombrados Manuel Seoane y Ricardo Vegas García” (1981:186).

Durante las luchas estudiantiles de 1919 en las Jorge Guillermo Leguía jugó un rol muy destacado como dirigente, apenas frisaba los 21 años. Eran un joven que ya recibía comentarios halagadores por sus primeras ponencias y escritos. Era la promesa intelectual de la universidad y de toda una generación. Entonces, cuál fue el motivo que llevó a la joven promesa de la intelectualidad peruana a liderar una huelga estudiantil. La respuesta la proporciona Luis Alberto Sánchez quien en sus memorias anotó que la universidad estaba prácticamente ocupada., dirigida y controlada por los miembros del oligárquico Partido Civil. Sánchez escribe:

“La Universidad, salvo raras excepciones, obedecía a las órdenes de un clan, el civilista, y más aún, de dos o tres familias. Pongamos ejemplo. De las familias Pardo, Prado y Miró-Quesada, pertenecientes a una misma tendencia, profesaban en San Marcos: Antonio Miró-Quesada (1 Cátedra); Luis Miró-Quesada (2); Oscar Miró-Quesada (2); Manuel Prado (1); Mariano Prado (2); Javier Prado (2); Mario Sosa, cuñado de Prado (1); Belisario Sosa, hermano del anterior(1); Felipe Barreda y Laos, primo de Pardo (1); Constantino Salazar, asociado de aquel (2); Horacio H. Urteaga, secretario de Javier Prado (3); Juan Bautista de Lavalle, pariente de los Pardo (2); Manuel B. Pérez, gonfalonero de los Pardos (2), Ezequiel Muñoz, Ministro de Pardo, (2). No es una lista completa ni mucho menos. La Universidad no contaba con más de 4 Facultades (excluyendo Teología) y una cien cátedras. Aquellas 25 cátedras en manos de 14 personas de un mismo grupo da idea de los vínculos académicos en auge” (Sánchez 1969. I: 143-144).

Era ese control ideológico y político que ejerció un sector del Partido Civil sobre San Marcos a inicios del siglo XX lo que determinó el surgimiento de una brillante generación de intelectuales que se vincularon con la política y la sociedad que les rodeaba para intentar cambiarla. Así como en 1908, una delegación de estudiantes peruanos viajó hasta Uruguay para participar en el Congreso de Montevideo, donde Víctor Andrés Belaunde propuso el cogobierno estudiantil. También los estudiantes Pedro Bustamante, Boza y Germany que en 1911 se unieron a la huelga de los trabajadores textiles de Vitarte. La generación a la que perteneció Jorge Guillermo Leguía supo prepararse intelectual y políticamente para luchar contra los grupos de poder económico que hicieron del país un lugar de donde extraer dinero suficiente para mantener su vida palaciega propia de una Lima del siglo XVIII.

La reivindicación que se debe hacer de Jorge Guillermo Leguía no debe estar exenta de sus luchas como estudiante y de sus posiciones políticas que enfrentó al Partido Civil y a un sector de la oligarquía. La lectura de su obra debe estar enmarcada en el tiempo que la realizó. Jorge Guillermo Leguía no fue un historiador que se escondió en el pasado para no enfrentar los problemas del presente; todo lo contrario, buscó entender el pasado para una mejor comprensión del presente. Y ello significa tener que enfrentarse a quienes controlan el presente.

Referencias citadas

Basadre, Jorge. La Vida y la Historia. Talleres de Industrial Gráfica S.A. Lima-Perú. 1981.

González-Prada, Manuel. José Pardo. En: Figuras y Figurones. Librería y distribuidora Bendezú. Lima-Perú. 1969.

Leguía, Jorge Guillermo. Lima en el Siglo XVIII. En: Historia y Biografía. Asociación Cultural Integración. Lima-Perú. 1989.

Sánchez, Luis Alberto. Postfacio a modo de Prefacio. En: Historia y Biografía (Jorge Guillermo Leguía). Asociación Cultural Integración. Lima-Perú. 1989.

Sánchez, Luis Alberto. Testimonio Personal. Memorias de un Peruano del Siglo XX. Tomo I. Ediciones Villasan. Lima-Perú. 1969.


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