Opiniones

“Orientar la opinión pública del país”

Por Augusto Lostaunau Moscol

Gerardo Peralta Atarama ha señalado que:

“Sentado frente a la computadora para redactar una nota informativa, una crónica o un comentario, el periodista no puede escapar a la pregunta de quién lo va a leer, ver o escuchar y cómo va a reaccionar” (2003:127).

Es decir, el periodista debe ser consciente que su labor profesional tendrá una repercusión social en forma directa o indirecta y, es por ello, que debe interrogarse constantemente sí su labor beneficia o perjudica las relaciones sociales de la comunidad a la que pertenece. Esta falta de rigor ético para comunicar una noticia a la sociedad ha generado una prensa de mera distracción.

Ronald Jesús Torres Bringas señala que:

“La prensa, sobre todo la más espectacular, desplaza la tarea de edificar una noticia que desenmascare los tentáculos del poder por un artefacto que profundiza el desconocimiento de los recursos públicos para desenvolverse como organización individual” (2008:41).

De esta manera, no se aborda directamente las causas de los acontecimientos sino, por el contrario, aspectos secundarios y, muchas veces, intrascendentes que incluso llegan a la especulación y distorsión de los hechos reales. Entonces, llegamos a un punto más importante, la ética de los medios de comunicación.

Como bien señala Agustín Figueroa Benza:

“Cuando se habla de ética en el manejo de los medios de comunicación nos estamos refiriendo básicamente a la posición de los dueños, de los directores, en el sentido de los miembros del directorio, si fueran las empresas sociedades anónimas; a la de los gerentes, de los editores y los directores periodísticos” (2002:142)

Mejor dicho, la ética de un medio de comunicación es impuesta por los propietarios o los gerentes, siendo entonces los periodistas (en la mayoría de los casos) simples intermediarios entre lo que los dueños de los medios aspiran informar y la sociedad que consume la noticia.

Pero, esta forma de ejercer poder sobre la sociedad por parte de los medios de comunicación no es reciente, ya en 1934 Pedro Beltrán escribió en un editorial del diario La Prensa que:

“Renace La Prensa como expresión tangible del anhelo patriótico de un grupo de ciudadanos que han querido de esta manera ofrendar su concurso a la obra de la reconstrucción nacional…No los mueve ni mezquinos intereses de clase no desorbitados anhelos de predominio: Se proponen tan sólo contribuir a orientar la opinión pública del país (el resaltado es nuestro), como medio de alcanzar la mejor y más acertada resolución de los graves problemas que confronta en país…Los gobiernos de orden encontrarán en La Prensa un colaborador entusiasta y leal, que estará siempre pronto a fortalecer y a secundar su acción cuando ella responda a los intereses de los más, como a ofrecer su crítica constructiva cuando los intereses del país exijan otros rumbos” (1994:105-106).

Hemos destacado que La Prensa se comprometió a “orientar la opinión pública del país”, es decir, dirigir el pensamiento de los peruanos lectores de este diario, para lo cual, las noticias serían tratadas no como acontecimientos sino, como ideas que los individuos deberían internalizar. Un discurso que remplaza la realidad.

Además, huelga escribir sobre las acciones de Pedro Beltrán en la política peruana de mediados del siglo XX. Es por ello que Catherine Conaghan plantea que las:

“Relaciones entre bambalinas entre los propietarios de los medios, los periodistas y las autoridades públicas constituyen un aspecto central en las relaciones entre prensa y Estado” (citado por J. Fowks 2000:48).

Las relaciones entre el Estado (a través de los gobiernos de turno) y los medios de comunicación en el Perú, siempre han sido cuestionadas por aquellos sectores sociales y/o políticos que se han visto perjudicados por la acción de estos últimos a favor de los primeros. De esta forma, los problemas se expanden y alcanzan la credibilidad de los medios, llegando incluso a la de los propios periodistas. Aunque, como bien sostiene Gonzalo Soruco:

“La defensa de los medios de la comunicación contra su manipulación a manos de los gobernantes, políticos y grupos de interés especiales está en la educación del periodista” (Soruco 1994:196).

Las escuelas que forman periodistas deben tener el valor moral de formar profesionales independientes de los medios donde van a laborar y con una idea crítica del país, de lo contrario se convertirán en servidores de intereses ajenos a los de su profesión.

Pero, desde mediados del siglo XX en el Perú surgió la llamada prensa sensacionalista o prensa chicha, la cual tergiversa la información o simplemente, recurre a otros aspectos del acontecer para no informar precisamente sobre aquellos aspectos que sí son importantes para el desarrollo del país.

Ernesto Toledo Brückmann anota que:

“El sensacionalismo en el periodismo peruano no fue en sus inicios sinónimo de mentira sino de exaltación de la justicia y de búsqueda de igualdad y respeto de los derechos. Los temas sobre la realidad nacional eran la base de este tipo de periodismo que para llamar la atención de los lectores recurrían a frases llamativas, irónicas y hasta burlescas que iban dirigidas a la clase política” (2002:22).

Es importante indicar que el sensacionalismo no necesariamente es sinónimo de mentira, pero, en los últimos 35 años, la prensa sensacionalista ha recurrido a la mentira para desviar la atención de los lectores y evitar informar sobre acontecimientos de interés nacional. Pero, a pesar de ello, los últimos acontecimientos políticos del país demuestran que la prensa sensacionalista en la mayoría de los casos no ha logrado su objetivo. Así, el fujimorato llegó a su fin luego de grandes movilizaciones populares que antecedieron y prosiguieron a la Marcha de los Cuatro Suyos.

Por más vedettes, música tropical y escándalos sexuales, el público se interesó por lo que verdaderamente ocurría en el Perú. Esto es así porque, como escribe Sandro Macassi Lavander:

“El consumo de prensa sensacionalista no sólo reposa en la lectura de los titulares, sino que además es un consumo cruzado” (2001:45).

Este consumo cruzado significa que la persona no es consumidora de un solo medio de comunicación, sino que frente a la prensa escrita se encuentran los medios audiovisuales y en los últimos años, los medios electrónicos que permiten, además, ampliar la información con nuevas fuentes y comentarios.

Los medios virtuales independientes son cada vez más visitados por quienes no se conforman con lo leído, visto o escuchado.

* Primera parte (a manera de introducción) de la ponencia presentada en el III Congreso Peruano de Derechos Humanos (UNMSM 2014).


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