Opiniones

Isidoro Gamarra y su testimonio de vida

Augusto Lostaunau Moscol

Nacido en Tarapacá el 2 de enero de 1907, Isidoro Gamarra fue parte de una familia peruana que gozaba de ciertos privilegios económicos y sociales. Como él mismo lo narra en una entrevista publicada en la revista DEBATE 15 (1982):

“Nací en Tarapacá, en la región salitrera. Éramos una familia pequeño-burguesa de doce hermanos que no sabíamos de necesidades, pues mi padre, práctico en un laboratorio de salitre, ganaba un buen sueldo. Pero los efectos económicos de la I Guerra Mundial hicieron estragos en Chile, sobre todo en el sector salitrero, y el gobierno de la época adujo que la razón de la crisis era el exceso de peruanos en las salitreras de Tarapacá. Los maltrató y, luego, los expulsó”.

Jorge Basadre señaló que: “Las clases medias son prósperas y poderosas cuando las favorecen el desarrollo de la instrucción, el comercio y la industria”. La familia de Isidoro Gamarra se encontraba en una región que era favorecida por la actividad extractiva, el comercio y la industria. Pero, producto de la I Guerra Mundial, esas condiciones favorables fueron desapareciendo, generando pobreza, caos y abandono. Entonces, el gobierno chileno optó por reducir la política a la simple expulsión de los peruanos. Como bien sostiene Zygmunt Bauman: “Los políticos tienen un claro interés en exacerbar la ansiedad popular hacia los refugiados”. Y, en este caso específico, los extranjeros (“refugiados”) eran los peruanos, con quien Chile tuvo una guerra casi cuatro décadas atrás. Entonces, la crisis económica permitió poner en práctica una política anti peruana.

Sobre su llegada a Lima, Gamarra recuerda que:

“Llegamos a un ambiente completamente extraño para nosotros… En Lima vi el primer paro general de mi vida, hecho a favor de la baja de las subsistencias. En ese paro se produjo un saqueo a las tiendas de comestibles y, como era inquieto y en mi vida había visto un saqueo, en una de esas vi un tremendo zapallo, me lo puse al hombro y salí corriendo a mi casa, que quedaba en La Victoria, en la avenida José Gálvez”.

Hace referencia al Paro de la Subsistencias de mayo de 1919. Fue una acción de lucha obrera dirigida por mujeres de tendencia anarcosindicalista. La reciente conquista de la Jornada Laboral de Ocho Horas, a nivel nacional, originó una nueva serie de demandas por parte de la clase obrera limeña. Sus líderes: Manuel Caracciolo Lévano y Delfín Lévano, buscaron generar un mayor espacio de lucha social que permitiese elevar la conciencia de la clase trabajadora. Pero, el fracaso del Paro fue un duro revés. Isidoro Gamarra era un niño de 12 años que luego de migrar a Lima, se avecindó en un barrio de clase obrera. La avenida José Gálvez se ubicaba a espaldas de la fábrica textil La Victoria. La mayoría de sus habitantes eran obreros de la textil y, una característica muy singular es que los tejedores eran principalmente afrodescendientes. Incluso, con el tiempo, se convirtió en el primer barrio con presencia del club Alianza Lima. El poeta Manuel Moreno Jimeno fue vecino del lugar y contó sobre esa relación afro-obrero textil del vecindario. Incluso, el propio sobrino político de José María Arguedas (Víctor Bustamante Moscoso) ha narrado que su preferencia por el Alianza Lima nació de las muchas noches que pasó en el barrio de Moreno Jimeno y de las charlas con los vecinos. Además, Arguedas frecuentó el Estadio Nacional para ovacionar las atajadas de Teódulo Legario, “La Pantera del arco”, y de Juan Quispe, Cornelio Heredia y Félix Castillo. Todos obreros. Todos negros. El niño Isidoro Gamarra que nació en una familia pequeño-burguesa tarapaqueña, en Lima, vivió en un barrio obrero y popular. Sobre su educación, recuerda que:

“Me pusieron en un colegio fiscal que hasta ahora existe: el colegio Malambito, cuyo director era un señor muy recto, apellidado Timorán… Comencé a faltar al colegio y mi padre a controlar mi asistencia: de tres meses, sólo había asistido uno. Como, a pesar de los castigos de mi padre, no me corregía, decidió matricularme en el “Liceo Tacna”, como interno. El director era muy bueno en lo que respecta a enseñanza, pero con muchos prejuicios hacia los que proveníamos de Chile”.

En Lima, la familia de Isidoro Gamarra dejó de pertenecer a una clase media, también tuvo que compartir las experiencias de las clases populares. Un niño matriculado en una escuela fiscal en un barrio distante de su residencia (Malambito). Para llegar desde La Victoria hasta la escuela, prácticamente tenía que cruzar toda la ciudad, lo cual originó las ganas de conocer y gozar nuevas aventuras infantiles. Isidoro Gamarra fue un niño con las características de un niño de su época. Gorreaba tranvía y se colaba en el cine.

Pero, la crisis económica también se hizo presente en su humilde hogar victoriano. Gamarra recuerda que:

“En esa época, en la casa ya había miseria; mi padre, que nunca había tomado una herramienta, tuvo que ir, de avanzada edad, como barredor a la fábrica textil “La Victoria”. Con todo, me matriculé, pero como alumno libre, para estudiar por mi cuenta, y poder trabajar a la vez. Además, la salud de mi madre comenzó a fallar y hubo que atenderla. Lo que mi padre ganaba era una miseria; yo ganaba más que él en construcción, así que todo lo dedicaba a aliviar a mi madre. Así terminé el quinto año”.

Pero, esa “miseria” no es propiedad de la familia de Isidoro Gamarra. En realidad, es casi un factor común entre la gran mayoría de las familias peruanas. Incluyendo a las llamadas clases medias. De un momento a otro, la “miseria” toca la puerta de la casa y los sueños se convierten en pesadillas. Más aun cuando la familia es migrante y se encuentra en una sociedad racista y clasista como la limeña. De esta manera, mientras “los Gamarra” son mirados como “diferentes” por los limeños clase media; en los sectores populares son simplemente una familia más. Que lo único que busca es poder satisfacer las mínimas condiciones de vida. No se trata de “normalizar” ni “romantizar” la pobreza y la miseria. Se trata de reconocer que las condiciones materiales son las que se imponen en el desarrollo de toda sociedad. Por ello, Gamarra cuenta que:

“Yo quería estudiar en la Escuela de Ingeniería y, para ello, me preparaba después de mi jornada de trabajo. Al llegar los exámenes de la Escuela, mi madre se agravó a tal extremo que opté por no estudiar, a pesar de que ella decía: “Estudie, porque más tarde no podrá hacerlo”. Pero no me presenté a la Escuela porque entré a trabajar de lleno”.

De esta manera, las expectativas de Isidoro Gamarra se diluyeron y la realidad social determinó que se convierta en un trabajador de la capital del Perú. Porque, como ya se indicó, son las condiciones materiales las que determinan el desarrollo de la sociedad. Y, dentro de la sociedad, determinan el desarrollo de los individuos. Como el golpe de Estado de 1914 que determinó el fin de los estudios de Abraham Valdelomar en Roma y su regreso al Perú.

Sobre su ingreso a la agitada vida sindical y política, Gamarra explica que fue la crisis de 1929 que lo llevó a la desocupación, pero, rápidamente logró incorporarse como obrero a la Compañía Peruana de Cementos Sol. Además, ya leía los textos de José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre. Trató de organizar a los trabajadores de la cementera, pero fue delatado a la patronal. Expulsado del trabajo, se incorporó al grupo de desempleados. Gamarra explica que:

“Así pasé a ser un desocupado. Logré inscribirme en el registro de desocupados ubicado en el Campo de Marte; donde estaba el Hipódromo. Allí había, además, un grupo que trataba de organizar a todos los trabajadores sin empleo. Eran comunistas, gente como Víctor Bravo Márquez, los hermanos Sosa, Mayta y otros más. Me les acerqué y, como uno de ellos me vio con mi corbatita, me preguntó si sabía escribir y si quería ser secretario de actas. Yo acepté… Comenzamos a movilizar a toda la masa de desocupados, exigiendo a la Municipalidad, bajo la consigna de “Pan y Trabajo”, el registro de todos los desocupados y la rotación en el trabajo. Esta última consistía en dar trabajo a los desocupados durante dos semanas al mes y, aunque sólo pagaban dos soles diarios, algo era. Además de esto y otras reivindicaciones, conseguimos la “olla común”, que nos daba la Municipalidad de Lima. Así fui sintiendo, cada vez más, mi situación de trabajador”.

Sin ser militante de un partido político y haberse definido ideológicamente, son las condiciones objetivas lo que determinó el surgimiento de la conciencia de clase del joven Isidoro Gamarra.

No es su condición de desocupado lo que originó dicha conciencia; fue haber organizado a los desocupados y generar condiciones para lograr trabajo e ingresos momentáneos para la gran mayoría. Aquí no cabe el viejo estilo “se volvió sindicalista porque era un resentido social”; por el contrario, se volvió sindicalista porque creía en un cambio en la sociedad. Y, ese cambio, debería ser para el bien de las grandes mayorías. Prácticamente fue la acción política la que lo llevó a convertirse en un militante del Partido Comunista.

Pese a que su familia se había convertido al aprismo, Isidoro Gamarra se fue convirtiendo en un militante comunista. En 1931 fue nombrado Secretario General de la Juventud Comunista. Gamarra recuerda que:

“En febrero de 1932 me tomaron preso en un mitin. Yo tenía los bolsillos llenos de volantes de propaganda comunista. Escapé del guardia por la esquina en que hoy están Grau y Abancay, bajé luego por Luna Pizarro, pero el guardia tenazmente me seguía y, debido a mi inexperiencia, me metí a un corralón oscuro. Ya era de noche y nadie me había visto entrar. Como había corrido bastante y no había comido ese día, perdí el conocimiento, pero ya había botado la propaganda que portaba”.

Esa experiencia de 1932 lo llevó a la cárcel. La policía lo capturó y lo llevó a la comisaría de La Victoria que quedaba en la Plaza Manco Cápac. En una celda llena de chinches fue acogido por tres jóvenes militantes del PC, quienes lo limpiaron de los insectos y lo aliviaron de los golpes producto de la tortura policiaca. Luego, fue llevado al Sexto donde encontró a los presos comunes cantando La Internacional a cambio de diez centavos.

Pero, esa fue sólo su primera experiencia carcelaria. En realidad, Isidoro Gamarra ha estado preso en todas las cárceles del país. Y, casi todos los gobiernos, lo tuvieron como un enemigo al que había que encerrar. Durante el gobierno de Odría fue llevado al Frontón por cinco años. Además, en la entrevista reconoce la importancia del gobierno del General Juan Velasco Alvarado para la consolidación de la CGTP y la práctica desaparición de la CTP.

Gustavo Espinoza ha escrito que:

“En la década de los 80 Gamarra continuó su trabajo en la CGTP. Mantuvo sus funciones y cumplió abnegadamente con sus responsabilidades. Enfrentó dos etapas distintas, pero también complejas: el segundo gobierno de Fernando Belaunde, y el gobierno aprista liderado por Alan García. Ante ambos mantuvo una nítida posición de clase en la que preservó la independencia de la Central”.

Isidoro Gamarra Ramírez murió el 30 de marzo de 1999, en plena dictadura fujimorista, gobierno al que siempre denunció como violador de los derechos humanos y de los trabajadores del Perú.


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