Opiniones

El tiempo que perdí… en el 2020

Augusto Lostaunau Moscol

El año 2020 será de ingrata recordación para la mayoría de los peruanos. Muchos perdieron su empleo. Otros tuvieron que cerrar sus pequeños negocios y volvieron a la informalidad. Tuvieron que retirar a sus hijos de colegios particulares o de universidades. Miles dejaron de estudiar por no tener las condiciones para la enseñanza virtual. Miles han visto un familiar morir por no contar con dinero para adquirir las medicinas que alcanzaron precios exagerados producto del modelo económico y el acaparamiento. Aunque, para unos pocos, el 2020 será un gran año porque vieron sus fortunas multiplicarse.

Durante varios años, las empresas que prestan los servicios de internet, televisión por cable, telefonía móvil y otros, pregonaron en su publicidad que contábamos con el mejor servicio de la región. El terremoto de Pisco en el 2007 fue una clarinada de alerta. Un sismo nos dejó incomunicados. Miles de familias se desesperaron porque los celulares no servían para nada. Igual. Miles hemos sido estafados. A cada momento, el internet se detenía o salía la odiada frase: sin conexión.

Los docentes que hemos tenido que sufrir el peor servicio de internet de la región, lo vamos a recordar para siempre. Internet lento. Cuando no tuvimos servicio procedimos a llamar a una compañía que jamás respondió. Simplemente una estafa. Y, en los canales de televisión local, colocaban la frase: “Utiliza el internet de manera responsable”. Mejor dicho, paga y no lo utilices. Se nos ha descontado muchas horas académicas por falta de servicio. Y las empresas jamás se hicieron responsables. ¿Existe INDECOPI?

Algún asesor sin título profesional o alguna consultora propiedad de los condiscípulos de un ministro o viceministro, indicó que los varones teníamos que salir ciertos días; mientras las mujeres otros días. ¿El virus tiene días exclusivos para enfermar varones y otros días exclusivos para enfermar mujeres? ¿Cuánto costó esa idea? ¿El actual Congreso de la República está investigando esas consultorías? ¿La Contraloría hace su trabajo? ¿Existe la Defensoría del Pueblo? Tantas instituciones públicas que pagan sueldos elevados del dinero de todos los peruanos y no hacen nada por defender a sus empleadores: el pueblo peruano.

En el Perú se “descubrió” que la enfermedad era muy peligrosa los fines de semana y en las madrugadas. Por ello, confinamiento y toque de queda. Pero, también se descubrió que la enfermedad era “inofensiva” en los bancos y en los supermercados. Se “descubrió” que los ambulantes son los principales propagadores de la pandemia; pero en las empresas agroexportadoras no existía mayores problemas.

Recordaremos a un presidente de la república, una ministra de economía y una ministra de salud que se caracterizaron por una incapacidad suprema y una indolencia hacia el sufrimiento de los pobres y los más pobres. En un afán “comunicativo” coparon la señal de la televisión peruana durante horas. Todos los días anunciaban medidas económicas en millones y millones de soles, pero en las calles, los bolsillos seguían vacíos. Hablaron mucho y no hicieron nada.

Los medios de comunicación de la concentración fueron los más afortunados. Se gastaron millones de soles en publicidad estatal; mientras en los hospitales no tenían oxígeno ni respiradores ni camas UCI. Los muertos se acumulaban en las morgues y el gobierno miraba para otro lado. Los médicos y las enfermeras protestaban: Las redes sociales han informado mucho más que los medios de comunicación de la concentración. Cuando ya no podían ocultar, trataron de desviar. La crisis moral del periodismo ha tocado fondo en el Perú. En un poco más de dos décadas, pasaron por la salita del Servicio de Inteligencia Nacional, por las oficinas de Odebrecht y la publicidad estatal en plena pandemia de dolor y muerte.

La prensa independiente y por medios alternativos ha ganado mucho espacio y prestigio. Un gran amigo me dijo que prefiere leer prensa alternativa que prensa tradicional. Estoy en ese mismo camino. Y, asustados porque el negocio está en crisis y el negociado se acaba, ahora somos testigos de una campaña donde se afirma que la prensa tradicional informa; mientras la prensa independiente y alternativa desinforma. No poder ocultar la realidad real los hace elaborar una realidad ideológica. En sus programas invitan “analistas políticos” que jamás han estudiado la realidad real. Pero, dicen lo que los dueños de los medios quieren escuchar y hacer escuchar como verdad pontificada.

El 2020 no he salido mucho. He hecho lo que simplemente pude hacer. Existen condiciones objetivas y concretas que van a favor o en contra de nuestros deseos. En una película sobre la Segunda Guerra Mundial, Fury, el actor principal dice: “Los ideales son pacíficos; la historia es violenta”. Me resulta increíble pensar que hasta un libretista de Hollywood sabe más de teoría de la historia que cientos de historiadores peruanos. Una vieja canción de la década de los 80.s dice que “las argollas de tantos mediocres aseguran exclusividad”. Miky González tiene mucha razón.

Pero no salir mucho no significa que no esté atento a la realidad real. Dictar el curso de Realidad Nacional no es fácil. Siempre he creído que el curso Realidad nacional es el más difícil de Estudios Generales. No se puede mentir. En un salón de clases tenemos jóvenes de todas las regiones del país. De todas las procedencias culturales. Afirmar tajantemente algo es como declarar la guerra a lo vivido. Me encantaría mentir y decir que en el Perú la educación goza de calidad. Eso no es cierto. Con alumnos llevando sus clases a través de sus celulares prepago no existen posibilidades. Con universidades donde exigen 50 diapositivas por clase para que el alumno tenga materiales para estudiar para el examen, es imposible suponer que existe progreso.

Cuando fui alumno, el maestro Jorge Cáceres-Olazo Monroy nos dejaba leer libros de manera semanal. Era lo usual en la década de los 80´s. Exponíamos nuestros trabajos de investigación que los realizábamos en el Archivo General de la Nación. Con mis grandes amigos: Dante Salazar Castillo y Tatiana Valenzuela Casilla prácticamente vivíamos en la Biblioteca Nacional, el AGN y la universidad. Además, organizamos una revista estudiantil con Edith Quichua Ponce, Rita Paredes Pérez, Jéssica Ruiz Quispe, Jhenny Fernández Huamantumba, Percy Ochoa Casas, Ernesto Martínez Cabrera y Abel Sotelo Calderón. La llamamos ENSAYO en homenaje al libro más importante que se ha escrito en el Perú por parte de José Carlos Mariátegui. En ENSAYO muchos publicamos nuestras primeras investigaciones. Teníamos entre 20 y 22 años. También participamos en política. Nos formamos como Generación.

Actualmente se utiliza el concepto Generación por cualquier motivo. Me hacen pensar que la Generación es como una carta astral que determina las características según tu signo zodiacal. Generación X; Generación Y; Generación Z. Millennials; Centennials. Etc. Resulta todo tan estúpido y degradado a una moda. Mi Generación, es la Generación del 92. Muchas coyunturas han formado el carácter de esa generación. Internos y externos. Objetivos y subjetivos. La violencia política nos marcó. La corrupción y la hiperinflación nos marcó. El V Centenario nos marcó. Nuestra promoción universitaria tiene el nombre de Alberto Flores-Galindo Segura, el historiador más importante del Perú de los últimos 50 años. Nos opusimos tajantemente a ponerle V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, pese a que existían muchas promesas para una gran fiesta de graduación. Hicimos nuestra fiesta en la casa de Tatiana. En Jesús María. Entre nosotros. Nuestra madrina fue la doctora Cecilia Rivera, la viuda de Flores Galindo. Nuestro padrino fue el doctor Cáceres-Olazo. Jamás hemos valorado el lujo. Siempre hemos valorado a las personas. Hoy las cosas son totalmente opuestas.

Siempre he buscado mantener esos principios aprendidos y desarrollados en nuestra vida universitaria. Antes que todos, nuestro grupo decidió firmar utilizando nuestros dos apellidos. De esa manera reivindicamos el trabajo y el sacrificio de nuestras madres por mantenernos y educarnos. He visto muchas intelectuales que sólo reivindican el apellido de su padre. Eso va en contra de lo que pregonan. Amigos, condiscípulos y colegas como Nicolás Diaz Sánchez, David Ramos Ccoyllo, Kelly Torres Jordan, etc. También lo hacen. Es parte de nuestra identidad.

Pese al confinamiento, hemos mantenido una intensa y entretenida vida académica e intelectual. Tengo enemigos muy agresivos. Enemigos que utilizan todos sus medios para impedir mi ingreso a la docencia de ciertas universidades. Son los que están en contra del Colegio de Historiadores del Perú. Pero, el proyecto del Colegio también me ha dado amigos valiosos y muy leales. Eso que no existe en el otro bando. El 2020 he seguido publicando. Eso molesta mucho a esos historiadores que saben menos que un libretista de Hollywood.

Como cada fin de año, siempre agradezco a mis alumnos por todo el apoyo prestado para hacer de cada clase un espacio y un momento de aprendizaje compartido. El éxito de un curso lo percibo a partir de la participación de los alumnos y todo aquello que ellos me han enseñado. Cada alumno es una familia, y cada familia es el Perú. Ellos son lo principal. Este 2020 termino igual. Agradeciendo a todos mis alumnos. Sus intervenciones y sus preguntas siempre serán un aporte. Tienen el derecho a preguntar y yo tengo la obligación de responder. Cuando fui joven siempre hice uso de ese derecho. Muchos profesores pensaban que lo hacía por molestar. Un profesor jamás puede pensar eso. Cuando un alumno pregunta es porque el tema es importante. Y, cuando un alumno participa es porque el curso es importante. Además, los docentes sabemos leer rostros y gestos. Disculpen que este 2020 no hayan existido las condiciones para poder fijarme en sus rostros y gestos durante la clase. Eso es lo que no entienden los que quieren sólo lucrar con la educación.

No soy de los docentes que pone 200 diapositivas en clase y las lee. Tampoco pongo videos o películas que duran el 80% de la clase. A mí me pagan por enseñar y yo enseñó. La educación es un hermoso trabajo. Lástima que muchos lo ven como un simple “cachuelo”. A los empresarios de la educación les fascina los “cachueleros” y detestan a los profesores. El “cachuelero” sólo es un auxiliar técnico educativo; el profesor genera pensamiento crítico. Eso a SUNEDU no le importa. Es una institución llena de bachilleres y tipos que jamás han estado al frente de una clase.

El 2020 también me ha dejado varias heridas. Muchos amigos han partido de manera repentina e injusta. Sus muertes hasta hoy son sentidas. No es posible que en el Perú la gente tenga que morir porque en el hospital se olvidaron el paciente en el pasadizo. Eso es una tragedia que a nadie la importa en el gobierno. Aunque, familiarmente ha sido un gran año. La familia es lo más importante incluso en tiempos en que la institución familiar presenta cambios y transformaciones. La mirada familiar tradicional está en crisis. Han surgido nuevas formas de familia. Pero, la institución familiar continúa siendo la célula principal de la sociedad. En las redes sociales leí una opinión que sostenía “los rojos viven con sus viejos hasta los 50 años”. La ideología neoliberal odia a la familia y quiere individuos solos e individualistas. Consumidores irracionales y fanáticos. Para ello, la familia es un estorbo. Cuidar a la familia ayuda a contrarrestar el neoliberalismo y el terrorismo que propaga.

El 2020 ya se ha ido pero sus recuerdos quedaran para siempre. Igual que todos los años anteriores. Igual que todos los años que ojalá vengan.


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