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Perú: Se acelera el deshielo de los glaciares en Cusco

Por Luis Lujan Cardenas

Un gran problema ambiental con graves consecuencias sociales y económicas se está presentando en el Perú, debido al acelerado deshilo de sus glaciares tropicales, especialmente en la Cordillera Vilcanota, en el departamento del Cusco, conocido mundialmente por Machu Picchu, la ciudadela inca de piedra construida en medio de los Andes.

Técnicos de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) han reportado que dicha cordillera ubicada al sur del país, registra una pérdida alarmante de 61% de su superficie de hielo, debido al cambio climático. Los glaciares Suyuparina y Quisoquipina, han sufrido el deshielo en más de 100 metros de longitud en los últimos 10 años; mientras que se estima que al 2030 la Cordillera de La Raya habrá desparecido irremediablemente.

Cusco, llamado por los incas el Ombligo del Mundo, posee tres Cordilleras: Vilcabamba al noroeste, con un total de 98 glaciares ubicados en un área de 15 km; Urubamba, al nordeste, con 90 glaciares en 23 km; y, Vilcanota, al sureste, con 469 glaciares en una superficie de 539 km, donde se halla la montaña más alta del departamento, el Apu Ausangate con 6384 m.s.n.m.[1]

Según información de la ANA, en la cordillera de Vilcabamba, el más imponente de sus nevados, el Salkantay, ha perdido el 63.6% de su masa de hielo, habiéndose producido recientemente el desprendimiento de un gran bloque de hielo, que originó el desborde de la laguna del mismo nombre, provocando un aluvión que afectó a casi una veintena de comunidades andinas del distrito de Santa Teresa, provincia de La Convención.

En la cordillera de Urubamba, el Quelccaya desaparecerá en 30 años, porque está perdiendo 60 metros de superficie de hielo por año, hecho que está comprobado por un monitoreo que se está realizando desde hace quince años; mientras que el nevado Chicón retrocedió un 70%, habiéndose producido igualmente una gran inundación.

La situación de los nevados cusqueños se ha agravado por los incendios forestales ocurridos en diferentes zonas, lo que ha provocado el oscurecimiento de las masas de hielo, producto de la deposición de aerosoles, carbón negro, entre otros elementos, que absorben en mayor proporción la energía solar y aceleran más aún el deshielo debido a la elevación de la temperatura local, según reveló a Radio Nacional el especialista José Luis Becerra Silva, director de la Autoridad Administrativa del Agua Urubamba - Vilcanota, en el Cusco, quien formó parte de la reciente expedición a los dos glaciares.

Por su parte, Víctor Bustinza, director de la Oficina Desconcentrada Macro Región Sur del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña – INAIGEM, calcula que en 40 años los glaciares tropicales serán parte del recuerdo pues la velocidad con la que se derriten los nevados impide que el hielo se genere otra vez. “Hacia el año 2050 se prevé la desaparición de todos los glaciares que estén por debajo de los 5 mil metros de altitud”, vaticinó.

Perú posee 2,025 glaciares tropicales a nivel nacional ―acaso los más importantes del mundo por su tipo y singularidad medioambiental― y, el deshielo de sus nevados producto del aumento del calor, está afectando seriamente a una inmensa reserva de agua dulce, con impredecibles consecuencias a los ecosistemas andinos, alterando los microclimas en los Andes, imponiéndose nuevas condiciones de hábitat a la flora y fauna local, y modificando el modus vivendi de los habitantes y sus actividades económicas, haciéndose necesaria la pronta intervención del gobierno con políticas específicas para la mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático, que son mayores en esta parte del planeta.

El año pasado el Ministerio del Ambiente (Minam) informó que cerca del 50 % de los glaciares del Perú han desaparecido en los últimos 30 años, generando una pérdida de 200 millones de dólares anuales.

Además, se ha identificado 287 zonas donde se ha formado cerca de mil lagunas por el deshielo, importante reserva hídrica que a través de los ríos se perdería en el mar si no se gestiona adecuada y eficientemente estas nuevas fuentes naturales, construyendo infraestructura verde que posibilite cierta seguridad hídrica tanto a las actividades agrícolas, ganaderas, industriales, energéticas y de consumo humano en la sierra y costa peruana; y se conserve en lo posible el equilibrio ecosistémico entre las actividades humanas y los servicios que nos brinda la madre naturaleza.

La situación es mucho más preocupante, si añadimos dos problemas más: uno, una urgente política para la gestión del riesgo de desastres ante el deshielo de los glaciares en las diferentes cordilleras, donde existe una alta vulnerabilidad de las ciudades y poblaciones asentadas en las cuencas media y baja, como ya ha sucedido décadas atrás en la Cordillera Blanca, al norte del país, donde inundaciones y aluviones de piedra, hielo y lodo sepultaron ciudades enteras con miles de muertes y millonarias pérdidas materiales. Y dos, el impacto social de la pandemia del Covid - 19 que se ha multiplicado en las zonas rurales, donde la pobreza alcanza niveles por encima del 60%.

El gobierno peruano está impulsando diversos estudios y monitoreo de los glaciares especialmente en los departamentos de Ancash y Cusco, como el proyecto Glaciares+ de la Cooperación Suiza para el Desarrollo (Cosude), CARE Perú y la Universidad de Zúrich, pero hace falta mucho más.

[1] Nicole Bernex, Nicole y Tejada, Manuel (2010). Cambio climático, retroceso glaciar y gestión integrada de los recursos hídricos. Global Water Partnership. Lima.


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