Opiniones

El Tiempo que perdí... Otra vez

Augusto Lostaunau Moscol

En octubre de 2019, recibí una llamada telefónica del joven abogado y gran amigo Pepe Gutarra. Luego del trato cordial que siempre inicia una conversación entre dos grandes amigos, me indicó que el motivo de su llamada era para invitarme a postular al Congreso de la República por el Partido Político Nacional Perú Libre. Lo primero que le indiqué es que no cuento con dinero para una campaña electoral. Me respondió que ese no era el motivo por el cual me invitaban; lo que buscaban era gente amiga que aporte al partido.

Luego de meditar el asunto varios días y de conversar con mi familia, acepté. Me telefoneó Vladimir Cerrón. Conversamos amigablemente y le comenté que aceptaba formar parte de la lista de candidatos al Congreso de la República en las Elecciones Complementarias 2020. Incluso, volví a comentar mi imposibilidad de costear una campaña, lo que me indicó fue que existen muchas formas de hacer campaña y que lo que busca Perú Libre es honrar la política. Eso me dejó tranquilo e inmediatamente comencé a organizar mi proyecto.

Esta participación se mantuvo casi en secreto hasta quincena de diciembre. Terminadas las clases en la universidad empecé a colocar los primeros afiches en las redes sociales. Básicamente Facebook e Instagram. Nada más. Un pequeño grupo de tres exalumnos conformaron mi comité de apoyo. Gran nombre para un grupo de jóvenes que trabajaban todo desde sus celulares.

Jadhira, alumna de Derecho, se convirtió en la artista que creó los afiches. Renato siempre atento a la página. Otros jóvenes con ideas y compartiendo todo. En la universidad, gocé del apoyo de muchos exalumnos. Me invitaron a varios debates y conversatorios en los cuales expusimos las propuestas legislativas que llevaríamos al congreso en caso de salir elegidos. No faltaron los sabotajes, como aquel en el cual no se me invitó a un debate porque un docente se opuso a mi presencia. Los alumnos de San Marcos se mostraron muy interesados en mis propuestas. Aunque, algunos docentes se alejaron. Siempre he sido consciente que mi presencia incomoda a muchas personas. Principalmente aquellos que detentan un cargo público pasajero, pero que utilizan como si fuese permanente. O, a aquellos que están desesperados por contar con un cargo y su oficina.

Mientras tanto, en las calles la campaña era otra. Mucho más realista al Perú de hoy. Yo siempre me opuse a visitar mercados y las zonas más deprimidas, económicamente hablando, de Lima. Mi trabajo de campo ya me había demostrado lo que alguna vez Alberto Flores Galindo dijo en su testamento político de 1990: la izquierda cree que los pobres les pertenecen, y no es así. Y eso es cierto. La pobreza no genera socialismo. Los pobres no son de izquierda.

Lo cual es muy cierto. Desde 1990, los pobres votan por organizaciones de Derecha. Y, sobre todo, cuando los partidos de Derecha llevan muchos regalos. Eso ya lo había visto como investigador. Desde lejos. Ahora lo tenía que sufrir desde cerca, como candidato. Es el vicio al que los pobres fueron condenados por los partidos de Derecha que tienen “dueños” y por las leyes electorales que lo permiten. Los pobres encuentran en las campañas políticas la posibilidad de resolver -en forma pasajera- sus problemas de alimentación y vestido; mientras que los partidos de Derecha, encuentran en las campañas políticas la posibilidad de resolver -en forma permanente- sus intereses económicos y sociales. Por ello, en el Perú, la “propiedad” de los partidos políticos se hereda. Mientras los padres postulan a la presidencia, los hijos son congresistas y se hacen miembros de la Comisión de Educación, donde cuidan los intereses de sus papitos.

Visitamos un mercado en un antiguo pueblo joven. Una señora nos indicó que “los volantes no se comen”, y que “ayer repartieron víveres”. La dirigente del mercado nos indicó que, por el pago de una suma de dinero, ella nos permite colocar una gran pancarta donde se indicaría que le mercado apoya mi candidatura. Una vecina corrió y me dijo que por 180 soles mensuales podía hacer propaganda pintando su pared. Decidimos hacer nuestra campaña en los espacios sociales que recorremos día a día. Evitar el negociado y el comportamiento mercenario. Además, la dirigencia nacional de Perú Libre había indicado no caer en esa política sucia que se practica en el Perú desde hace 30 años. Y, no es exclusividad de aquellos sectores sociales carentes de medios y de oportunidades. También lo vemos en las clases medias y sus profesionales. Muchos adulan a sus jefes para ser nombrados. Y las mafias se alimentan de esos aduladores.

En un debate, un señor me preguntó: ¿Cuánto pagó para ser el número 5? Era una de esas preguntas que buscan generar una respuesta agresiva con la intención de indicar que “la izquierda es violenta”. Muy lento le respondí que no había dado ningún dinero por la candidatura. Lo cual es cierto. En Perú Libre no nos pidieron un centavo para ser candidatos. Eso ha significado mucho para mí. Pensé en todo aquello que se dice de los partidos. Y lo que escribo, no es propaganda gratuita para Perú Libre; es simplemente la verdad. Nadie me pidió un solo centavo por ser candidato. Vladimir Cerrón me dijo que era una enseñanza política de su señor padre.

Otra cosa fue el “terruqueo”. En el Perú, ser simpatizante o militante de ideas socialistas te convierte en “Terrorista”. En este país, existe el “Velasquéo”; el “Terruqueo”; el “Bufaleo”, el “Fujimureo”, etc. Los docentes lo sabemos. Por ello, cuando empezamos a explicar sobre la Reforma Agraria decimos: “Y no soy Velasquista, pero…”. Cuando tenemos que tocar el periodo de la violencia política, decimos “Yo no soy terrorista”; Igual, no somos “fujimoristas” y mucho menos “apristas”. Esa advertencia inicial es para evitar ser “terruqueado”.

Pero, el “terruqueo” existe. Muchos hemos sido “terruqueados”. La primera vez que me “terruqueron” fue en 1987. En una clase, en la Universidad Villarreal, le pregunté a un ¿Profesor? Sobre la muerte de inocentes en los hechos de los penales de 1986. Su respuesta fue algo así como que “eres un resentido social” y carne de cañón para los “terrucos”. Mi respuesta fue “bufalearlo”. La “bufaleada” no sólo indica que eres del PAP, también eres corrupto, ladrón y supuestamente matón. Los “búfalos apristas” quieren demostrar ser matones. En la Villarreal aprendí que los “búfalos” siempre terminan arrastrados detrás de un salario.

Hace unos años atrás leí un pésimo artículo sobre el “terruqueo”. Según su autor, es un insulto. Increíble. Que te digan “terruco” no es un insulto. No es igual a una mentada de madre. Que te “terruqueen” es mandarte al cadalso social y laboral. Es eliminarte. En una introducción a un libro de entrevistas, Alberto Flores Galindo indicó que el término “Terrorista” es el sambenito del siglo XX. Aquellos que iban a la hoguera, condenados por la Santa Inquisición, eran vestidos con los hábitos de San Benito. Entonces, cuando te “terruquean” te están mandando a la hoguera social y laboral. Es una forma de aniquilamiento efectiva. Nadie le dará trabajo a un docente catalogado de “terruco”. Ese artículo sobre el “terruqueo” como insulto es una burla a las ciencias sociales. Pero, peor es que fue publicado en una revista de una universidad oligárquica que aparenta ser muy correcta y la mejor del país. Hace muchos años que esa universidad publica cada texto que puede formar parte de una colección de escritos mal habidos.

Imaginen a una señorita, con su traje de sastre, con su CV en la mano, haciendo su cola para ser entrevistada en una empresa. Y, pasa un individuo que le grita “terruca”. ¿La está insultando? No. La está criminalizando. De seguro que el gerente de la empresa buscará en internet. Siendo lo más seguro que, al final, no le den el trabajo. “Esa terruca es sindicalista”. La han criminalizado. El ostracismo económico-laboral de seguro la conducirá al ostracismo social.

La candidatura al Congreso de la República, también me demostró la cara oscura de la realidad. Por un lado, recibí el apoyo de mi familia, de mis amigos, de mis conocidos y de las familias de ellos. Gasté menos de mil soles y logré más de 5mil votos. Una vez escuché a un candidato decir que “cada voto cuesta 30 soles”. Pero, por otro lado, algunos “amigos” hicieron campaña en mi contra. Algunos “conocidos” inventaron situaciones buscando difamarme. Yo no soy una deidad. Soy sólo un ser humano. Común y corriente. Más corriente que común. Hoy, al “terruqueo” se ha unido el “sexeo”. El “sexeo” no es un insulto; también es una forma de liquidación. Es la otra forma de aniquilamiento con que cuentan las organizaciones políticas y sociales que cuidan los intereses de la burguesía. “Terruqueo” y “Sexeo” me hacen recordar a los comandos de aniquilamiento de Sendero Luminoso. Cuando Sendero entraba a una comunidad campesina, iniciaba sus juicios populares donde ellos eran juez y parte. Ellos acusaban al campesino de colaborador y soplón. No presentaban ninguna prueba, pero su testimonio era lo único que importaba. El campesino acusado no se defendía.

Mientras, el juez -otro senderista- determinaba su ejecución. La ejecución se realizaba. En menos de tres años, las comunidades campesinas se levantaron contra Sendero y lo derrotaron en el campo. Muchos no aprenden de la historia, por ello piensan que la historia se repite. Sendero Luminoso no sólo se ha caracterizado por su despotismo, también por su desprecio por la vida de sus “adversarios”. Sendero Luminoso simplemente fue una organización política a imagen y semejanza de la sociedad peruana.

Esta candidatura me presentó nuevas amistades. Conocí personas de mucha valía. Hasta hoy converso con ellos. Pero, la verdad, jamás pensé que una candidatura generé tanto malestar y celos. Me parece absurdo. Jamás pondré en mi CV que fui candidato al Congreso. Acaso, ¿alguien lo hace? Una gran amiga de Villarreal. Nos conocemos más de 30 años. Me dijo que había cometido un acto sacrílego. Ir con Perú Libre no era para un historiador limeño. Perú Libre es la izquierda de las provincias. Las organizaciones de izquierda limeña son controladas por los profesionales formados en San Marcos y la Católica. Me indicó que dictar en San Marcos no era mi “sanmarquinización”; era sólo un “recogido”. Hasta en eso somos centralistas. Discriminadores. Racistas. Machistas. Pero, en San Marcos, he tenido grandes aportes a mi formación como persona. Jamás le he tocado la puerta a una autoridad, menos mandarle un vino o pisco. No lo he hecho. Tampoco lo haré.

Pese al título del presente texto, creo que la candidatura no fue una pérdida de tiempo. Fue una experiencia nueva. Como joven militante de izquierda participé en campañas en las elecciones de 1989 y 1990. Como investigador social fui testigo -lejano- de muchas campañas. A los 50 años viví la campaña por dentro. Fue diferente. Pero, no perdí el tiempo. Gané muchos amigos. Y, esos “amigos” que se alejaron mejoraron mi vida.

Siempre agradeceré a Perú Libre por la invitación y oportunidad. He colaborado con mucha gente de organizaciones de izquierda limeña. Pero, cuando están en el poder, jamás me han llamado. Ni para saludarme por mi cumpleaños. ¿Será que soy de la Villarreal? ¿Será que el “terruqueo” ha funcionado? ¿Será que el “sexeo” es efectivo? No lo sé. Pero, recuerdo mucho a aquellos por quienes dejé muchas cosas con el objetivo de apoyarlos. Y, cuando ellos tuvieron su pequeña cuota de poder, jamás me invitaron a participar de un evento. En la Villarreal aprendí que existen profesionales y docentes que, si les pidieran sacar de su CV todo aquello relacionado directa o indirectamente con el PAP, su CV se vería reducido sólo a su DNI. Porque el DNI lo entrega la RENIEC; aunque, si el PAP pudiera entregar DNI, también lo tendrían que eliminar de su CV. Siempre he despreciado y despreciare al PAP por ser una organización mafiosa y corrupta; pero reconozco su espíritu de cuerpo. Por el contrario, en la izquierda los puñales por la espalda son cosas de todos los días. Siempre se va cumplir aquello de: “si vendieron a Cristo, siendo hijo de Dios; si traicionaron a Túpac Amaru y Micaela Bastidas, siendo los líderes de la Revolución más importante de toda América latina, porque no me pueden traicionar que soy un don nadie”.

Muchas veces me han discriminado. Por mis apellidos me han discriminado. Por mi color me han discriminado. Por mi estatura me han discriminado. Por ser historiador me han discriminado. Por haber nacido en La Victoria me han discriminado. Por decir que me gusta comer cebiche en carretilla me han discriminado. Por ser docente me han discriminado. Por tener ideas socialistas me han discriminado. Pero, en el Perú ¿A quién no lo han discriminado? Jamás me he puesto a llorar por ser discriminado. Nada de victimización o revictimización. Eso es una instrumentalización que sólo permite “corroborar” en la realidad un discurso existente. Cuando me han discriminado, me he reído. Y los discriminadores se alteran. Lo peor para un violento es saber que “su violencia” no asusta. Los “búfalos” no me asustaron a los 17 años; menos lo harán hoy con 51 años y mucha vida y experiencia que, como río, pasa por debajo de un puente.

Y mientras otros se preparan para la campaña electoral del 2021, yo estaré cómodamente mirando desde lejos. Ni celos ni amores. Sólo desde lejos y solo. Sin tilde no se entendería lo último.


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