Opiniones

La palabra de Marco Aurelio Denegri y su legado

Por Armando Avalos 

“Cuando alcanzamos la victoria, somos más propensos a recordar lo difícil que ha sido alcanzarla. Por eso nos reímos, porque mediante la risa tratamos de devaluar, de empequeñecer, todos los obstáculos, dificultades, impedimentos, escollos y fatigas que hemos soportado y superado” dijo durante una entrevista el gran pensador peruano Marco Aurelio Denegri a quien luego le arrancamos una risa al recordarle la frase de un desafortunado congresista que dijo que los que leían mucho sufrirían de Alzheimer.

Su carcajada era la respuesta perfecta para lo dicho por ese legislador que quedo grabado en la memoria colectiva justamente por decir que el olvido es la consecuencia del exceso de conocimiento.

A lo largo de mi carrera como periodista he tenido que realizar entrevistas a los personajes más variados que uno se pueda imaginar, desde violadores, asesinos y psicópatas a grandes personas como estrellas del cine, la música y el arte, científicos y grandes pensadores como el gran Marco Aurelio Denegri.

El día que lo entreviste tenía a su lado, uno de sus libros “La Niña Masturbación y su madrastra Tabú”, un texto muy acorde a un personaje que, desde su primera aparición en la televisión peruana en los años 70, causó polémica cuando empleó por primera vez la palabra “Condón”. Justamente hablar sin tapujos y con base científica los temas sexuales más variados, fue una de las causas que lo convirtieron en referente en este tema en la pantalla chica.

Conversamos de gallos, de su pasión por el futbol, de la literatura y por su puesto de sexo. Desde la forma de lograr un buen orgasmo, la masturbación, los juegos sexuales y le recordé en un momento la controversia que generó la primera revista pornográfica del Perú, la revista Zeta. Ahí aproveché para hacerlo reír y le dije en tono de broma. Maestro ¿recuerda cuál era el lema de la revista Zeta?. Marco Aurelio Denegri se puso pensar y dijo que no recordaba. Entonces le dije: El lema era: “Zeta es la única revisa que se lee con una sola mano”. Tras un breve silencio, Marco Aurelio Denegri soltó una carcajada y sentencio: Eran sin duda muy creativos. 

La entrevista se desarrolló en el escenario perfecto. En una sala repleta de libros en el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega donde él era el consultor principal. Ahí hablamos de su amor por la lectura y me confesó que leía como mínimo 4 horas al día.

“Nuestro tiempo es de lo material; no es una época de ideas, sino de creencias y aparatos”, me decía tras confesar que por ello no tenía Facebook ni redes sociales. Paradójico, ya que su público más fiel eran los jóvenes que veían por Youtube los programas que sobre sexo él tenía en la televisión.

La polémica siempre lo acompañó y recordamos en un momento su agria disputa con la ex congresista Martha Hildebrant quien dijo en una oportunidad que el término “cuando las papas queman” y “papa caliente” era un peruanismo proveniente de la gastronomía y Denegri, defendió con ardor estos términos, afirmando que hacían alusión a algo que sucedía en los burdeles. Cuando una prostituta tenía una enfermedad venérea los clientes decían en tono de broma “cuando las papas queman”. Y luego cuando decían “papa caliente” era en alusión a la vulva femenina en estado de excitación máxima. 

Así era Marco Aurelio Denegri, un erudito, excéntrico, inteligente, noble y con un alma alegre. Tuve el honor que él se encargara de la revisión final de dos de mis libros y por eso me conmovió cuando accedió a fotografiarse con uno de ellos. Me dio algunos consejos y algunos jalones de oreja también al ver el borrador de mis textos.

Cuando terminamos la entrevista nos tomamos algunas fotos, le estreche la mano y quedamos en reencontrarnos en una nueva entrevista para hablar solamente del fútbol. Cuando se retiró siempre acompañado por su fiel asistente Rosa Torres, no pensé que sería la última vez que lo vería.

Uno meses después, Marco Aurelio Denegri a la edad de 80, murió a causa de un enfisema pulmonar.

Me quedo con uno de los consejos que me dejó Marco Aurelio Denegri, cuando me dijo que escribir y que ello despierte en las personas, ganas de ser mejores, es una bendición. Y también una tarea que nos dejó a los periodistas para ir cambiando poco a poco la televisión. Aquella que el sentenciaba siempre con dureza: “Los medios de comunicación vician y desnaturalizan a la gente, la pervierten y lo que es peor aún, la embrutecen. Porque no hay ninguna ley que prohíba embrutecer a la gente. Esa es la desgracia”.


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