Opiniones

Crisis, pandemia y estado en el discurso empresarial

Augusto Lostaunau Moscol

No cabe duda, la actual pandemia ha desnudado al Perú en todas sus estructuras y superestructuras. La crisis es general. Va desde lo sanitario hasta lo político. La falta de un sistema de salud, educativo o de emergencias es bicentenario. La incapacidad de todos los gobiernos es más latente. Muchos construyeron infraestructuras, pero no generaron las respectivas culturas. Se construyeron hospitales, pero jamás una cultura de la salud. Igual sucede con los colegios.

Pese a ello, los gremios empresariales han mantenido una campaña de ocultar la verdad. Así, por ejemplo, el 18 de mayo de 2020, en la plataforma de la CONFIEP se publicaron las declaraciones de Martín Naranjo, presidente de la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), quien señaló que:

“La llegada de la pandemia tomó al país con un sistema financiero que goza de buen desempeño, además de contar con instituciones que regulan y supervisan sus movimientos”.

Es decir, en mayo el Perú gozaba de muy buena salud financiera. Bancos que se desempeñaban a la altura de la situación e instituciones reguladoras que aplicaban la ley de manera correcta y oportuna. Aunque, el propio Naranjo agregó que:

“En este contexto de amplia incertidumbre para todos los agentes de la economía, resulta importante comunicar con el mayor detalle y la mayor claridad posible las medidas restantes; así como la estrategia de salida progresiva de las medidas de contención, incluyendo el calendario previsto de reactivación de actividades económicas según riesgo e impacto económico, con el fin primordial de continuar protegiendo a la población a la par de brindar certidumbre a los agentes de la economía”.

Mejor dicho, la crisis que se podría originar tendría responsabilidad directa en el gobierno. En quien tomó las decisiones durante el estado de emergencia. Entonces, mientras el sistema bancario se presentaba muy sólido; eran las decisiones del gobierno las que pondrían en peligro dicha estabilidad. Exigir mejor claridad y mejores detalles por parte del ejecutivo se traduce como que el presidente de la República ha presentado dos principales dificultades: no sabe explicar y no tiene capacidad de detallar las cosas.

La periodista hondureña Lucila Funes (2010), estudiando la relación entre empresarios y partidos políticos en su país, sostiene que los principios doctrinarios de los gremios empresariales, frente al Estado, se pueden identificar como:

  1. El respeto a la propiedad privada, con derechos claramente definidos y firmemente tutelados.
  2. Desarrollo de la libre iniciativa amparada en los derechos que otorga la Constitución y las leyes.
  3. Eliminación del intervencionismo estatal en las actividades productivas que corresponden a la Libre Empresa.
  4. Desarrollo de la actividad empresarial en un sistema de libre comercio con criterio de igualdad y reciprocidad en el marco de los procesos de integración.

Ese mismo planteamiento ideológico-político que plantean los gremios empresariales en Honduras, se repite en América Latina y el Perú. Los gremios empresariales peruanos han sido adoctrinados (les han lavado el cerebro) para sostener e imponer un discurso ideológico-político claramente neoliberal. La pandemia ha puesto al vilo dicho discurso ideológico.

Por ello, a medida que las cifras de infectados y muertos aumentaba, los gremios empresariales que agrupan a la gran burguesía -y sus intereses de privilegio- fueron planteando la necesidad de la intervención del Estado.

Además, el enfrentamiento surgido entre la gran burguesía que controla las decisiones del Poder Ejecutivo y la burguesía emergente que controla las decisiones del Poder Legislativo, han determinado un nuevo capítulo en esta crisis bicentenaria.

Según la agencia Andina (13 de septiembre de 2020), la presidenta de la CONFIEP, María Isabel León, indicó que:

“Desde CONFIEP, invocamos a nuestras autoridades a poner por delante de cualquier otro interés, el bienestar de los peruanos, que estamos pasando por la peor crisis sanitaria y económica de nuestra historia…Cuando es más necesaria que nunca la unión, ponemos en riesgo lo avanzado durante décadas con el esfuerzo de todos los peruanos y nos distraemos de la urgencia y la energía que requiere enfrentar unidos una coyuntura sanitaria y económica sin precedentes”.

En mayo, el sistema financiero privado era muy sólido; cuatro meses después, la misma CONFIEP acepta que nos encontramos en medio de una grave crisis general. Una crisis sistémica. Esos tipos de crisis que nos hacen recordar a la Francia Monárquica de 1789 o a la Rusia Zarista de 1905, cuando las facciones emergentes de la clase dominante se consolidaron y presentaron como la alternativa viable para transformar sus respectivas sociedades.

Cierto es que no estamos en la República Aristocrática (1899-1919), periodo en el cual las grandes y más poderosos familias oligárquicas -agrupadas en el Partido Civil- controlaron directamente el gobierno y las instituciones pública. Fue un conjunto de familias propietarias de grandes haciendas, comercio y medios de comunicación que hicieron del Perú su chacra. Pero, no olvidemos que fue desde El Oncenio de Leguía (1919-1930) que las capas medias urbanas instruidas, se convirtieron en los testaferros del poder oligárquico.

La Reforma Agraria (1969), obligó a la desaparecida oligarquía hacendataria a transformarse en burguesía dominante. Fue el gobierno del General Juan Velasco Alvarado que obligó a las familias oligárquicas a dar el salto histórico que, por temor y cobardía, no quería dar: convertirse en burguesía.

Hoy, esas familias se encuentran consolidadas como burguesía dominante. Están agremiados y controlan un conjunto de partidos políticos. Están presentes en el gobierno de manera indirecta, pero efectiva. Pero, su incapacidad de poder elaborar un proyecto político nacional ha generado la insurrección de la burguesía emergente que también controla partidos políticos y cuenta con su propio proyecto político.

En medio de la pandemia, ambas facciones de la burguesía han decidió romper fuegos. Rumbo al bicentenario la crisis política se ahonda. Aunque, para las grandes mayorías, la situación no será muy diferente.

Con vacancia o sin vacancia, la señora que vende tamales en la puerta de la panadería ubicada a una cuadra de mi casa seguirá vendiendo sus tamales. Y, el señor que vende emoliente, lo seguirá haciendo. Se lo dije a las caseras del mercado donde compro los sábados. Ellas también seguirán vendiendo sus verduras y frutas. Y muchos seguirán buscando trabajo. Un pésimo gobierno (como el actual) no cambia para nada la pésima situación de las grandes mayorías; un buen gobierno, quizás.


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