Opiniones

La empatía: El arma que me ayudó a ganarme el corazón de Kiko

Por Armando Avalos

Una de las entrevistas más difíciles que tuve en toda mi carrera de periodista fue a Carlos Villagrán “Kiko”. No por el personaje que es una estupenda persona, sino por las circunstancias en que lo encontré y donde solo un arma podía ser eficaz para ganarme el corazón del niño de los cachetes de marrana flaca, usar la empatía. Es decir, ponerme en sus zapatos y preocuparme sinceramente por lo que él afrontaba como persona.

Trabajaba en el programa dominical Reporte Semanal de Latina, y me encomendaron hacer un reportaje al circo de “Kiko” que había llegado a Lima. El empresario que traía al hijo de Doña Florinda, nos dio todas las facilidades, pero cuando llegamos al Circo, encontramos a Carlos Villagrán con mala genio, e ingresó raudo y molesto a su camerino. Segundos después nos dijeron que había cancelado la grabación con nosotros. La razón, había sostenido una discusión con su esposa y no tenia ánimos para nada. No fue necesario que nos dijera como a Don Ramón, “Chusma”, “Chusma” para comprender que, en ese momento, no le simpatizábamos a “Kiko”.

El empresario nos citó para dos días después y con la promesa de tranquilizar a “Kiko”. A los dos días regresamos al Circo y el panorama seguía igual. En ese momento, pude conversar con la esposa de “Kiko” María Rebeca Palacios, una linda persona, franca, jovial y muy carismática.

Luego de unos minutos de diálogo me percaté que la esposa de Carlos Villagrán era la que organizaba y dirigía tras bambalinas el show y los detalles mas mínimos para asegurar que el espectáculo de su esposo salga como debía ser, excelente. Elogié sinceramente el papel que ella ocupaba en la vida de “Kiko” pero sin caer en la delgada línea que separa a la adulación. Vi que aquella mujer disfrutaba velar por los intereses de su esposo y se sentía valiosa y orgullosa de ser la pareja de uno de los personajes mas queridos por varias generaciones de latinoamericanos.

Le pedí entrevistarla junto a “Kiko” y vi que sus ojos una dulce emoción. En ese momento me puse a pensar. ¿Cómo podría ayudar a “Kiko” y a la vez ayudarme a mi a concretar la entrevista? Y luego me dije: ¡Que le importará a “Kiko” que venga un periodista a entrevistarlo cuando está en problemas familiares! ¡Si yo fuera “Kiko” me dije: “! ¡Me voto a patadas!”

Luego me interrogué: ¿No le interesaría a “Kiko” solucionar su problema con su esposa? ¿Si la esposa accedía a la entrevista y convencía a que “Kiko” a ser grabados juntos, ello no mejoraría su relación de ese momento? Pues claro que sí. Insistí a la esposa para la entrevista y ella muy entusiasmada fue al camerino de “Kiko” y luego de unos minutos salió y nos autorizó a grabar.

“Kiko” estaba con su traje de marinerito y su esposa al lado. Comencé a entrevistar a la esposa y el ambiente que se generó fue mágico. Vi a “Kiko” soltar una sonrisa al ver a su esposa feliz al recordar la vida juntos, sus anécdotas, sus fracasos y sus momentos de amor y risas. La entrevista fue muy divertida y al final María Rebeca Palacios y Carlos Villagrán, se despidieron con un tierno beso.

Muchas veces en mi carrera me preguntaban cómo hacia para concretar entrevistas o reportajes que parecían imposibles. La respuesta es simple. Usar el arte de tratar bien a las personas. Y una de las herramientas valiosas, es usar la empatía. Ponerse en los zapatos de la gente. Tratar de ayudarlos sinceramente. Cuando nos preocupamos por los demás y la persona ve que no buscamos un beneficio propio, nos abrirá su corazón.

La empatía es una forma de amar al prójimo y una habilidad que nos acerca a la gente. Que nos hace mas humanos, mas vulnerables, pero a la vez más ricos.

Si me hubiese solo preocupado en lo que a mi me interesaba, la entrevista, seguramente no lo habría logrado. Y lo peor, no habría obtenido la recompensa de un gran reportaje y la imagen que vi tras bambalinas en el show de esa noche en el circo de “Kiko”. Cuando Carlos Villagrán terminó su espectáculo, se bajó el telón y se silenciaron los aplausos.

Caminó a su camerino y en un lado de la carpa estaba su esposa, lo abrazó y se fueron juntos agarrados de la mano y felices. Habían olvidado su discusión y los días de enfado, y todo después de la entrevista que tuvieron con un periodista que los trató no como estrellas de la tele sino como personas.


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