Opiniones

Perú, candidatos presidenciales 2021: Un problema ético-moral

Escribe Cesar Ortiz Anderson.- A pocos meses de celebrarse las próximas elecciones presidenciales en el Perú queremos advertir un problema de orden ético y moral que de lejos ha sido identificado con anterioridad por analistas políticos nacionales e internacionales pero que hoy dentro del contexto mundial marcado por la pandemia adquiere mayor relevancia debido a las restricciones y las extremas medidas de seguridad que se vienen adoptando en todos los países.

Desde el concepto de la seguridad integral, que comprende cada uno de los componentes de la cultura y de la sociedad, la seguridad de los países y sus poblaciones a partir de la pandemia dependerá básicamente de la gestión de sus medidas de seguridad sanitaria, y esto depende en gran medida de una correcta administración de los recursos del Estado.

Es decir, en países en donde haya problemas de corrupción con los recursos públicos destinados a la salud no podrá haber seguridad integral.

Esta pandemia está demostrando que la salud es un punto de quiebre en la organización de un Estado, si esta condición sanitaria se pierde, todo el sistema de organización de la producción, la economía y el orden empieza a declinar.

Algo similar sucedió hacia el 2001 inmediatamente después del atentado del World Trade Center en Nueva York. Todos los países, aeropuertos, fuerzas armadas y policías del mundo tuvieron que implementar nuevos sistemas de seguridad que se aplicaron a muchos aspectos importantes de la cultura y la sociedad como es la política, la religión, el comercio, el turismo, las comunicaciones, etc.

Con la pandemia estas medidas y protocolos de seguridad amplían aún más su campo de acción a la salud, la educación, la ciencia, la ciber tecnología, el medio ambiente, la responsabilidad social y la administración de las políticas públicas o privadas.

La seguridad se convierte en una política de Estado. La adopción de medidas extremas con la finalidad de evitar los contagios, mantener el orden y evitar la caída de la economía  durante la pandemia en las democracias occidentales marca un hito en la historia: toques de queda, cuarentenas, suspensión de libertades, intervencionismo estatal en la economía, etc. son medidas que eran impensables para la economía y la democracia occidental.

Este es el contexto social en el que se celebrarán las próximas elecciones presidenciales en el Perú en pocos meses. El problema que planteamos es de orden ético y moral. ¿En estas condiciones quiénes están habilitados para postular? Y la pregunta es imprescindible en cualquier estudio académico de política comparada porque cinco de los últimos ex presidentes del Perú en estos momentos están bajo sentencia penal, o se encuentran bajo prisión efectiva o preventiva, nos referimos a todos los ex presidentes del período 1975-2020, a excepción de Fernando Belaunde y Valentín Paniagua. El caso del actual presidente Martín Vizcarra no se incluye porque no existe investigación fiscal abierta en su contra, lo cual constitucionalmente sólo puede ser admisible una vez concluida su gestión.

El problema de la corrupción en el Estado peruano es un objeto de estudio que ha sido tratado ampliamente por analistas y académicos que han dedicado tesis y libros a entender el origen de este mal, pero que de nada han servido para detener a lo que corresponde como una de las principales características comunes a los países sub desarrollados. La pandemia del coronavirus y sus consecuencias globales precisamente están golpeando con más fuerza a los países que acusan mayor pobreza y mayor corrupción estatal coincidentemente: México, Brasil, Perú, Chile, Colombia, Bolivia, Ecuador. En cuanto a cifras de contagios y víctimas mortales por la pandemia sólo son superados por Estados Unidos y la India, factor que obedece a la presión demográfica de estos países. En cuanto a datos basados en cálculos proporcionales y/o porcentuales, Perú, Chile, Brasil, México, ocupan los primeros puestos a nivel mundial.

Hagamos memoria y retrocedamos a Diciembre del 2019 hasta antes que se declare la pandemia. ¿Qué mega escándalo se estaba investigando en América Latina? Lava Jato, Odebrecht. Perú, Brasil, Colombia, México, etc. etc.

Entonces, existe una relación coincidente entre corrupción estatal, pobreza y consecuencias de la pandemia. Desde el concepto de la seguridad integral preguntamos: ¿Quiénes están habilitados para ser candidatos presidenciales? Pasamos de las condiciones políticas, jurídico-legales, para lo cual existen artificios que habilitan al candidato involucrado en hechos de corrupción. Nos restringimos al problema ético-moral, al libre albedrío propio de cada ciudadano, a la civilidad de cada país o sociedad y la voluntad de poder de los políticos.

Durante la pandemia, en plena emergencia, se registraron robos y hechos de corrupción en varios ministerios de países de América Latina, los más escandalosos fueron los casos de los respectivos Ministerios de Salud de Ecuador y Bolivia. En otros países estos impases se resolvieron o disimularon con un cambio de ministro. Pero la corrupción en medio del desastre, la emergencia y el sufrimiento de millones de seres humanos es algo común en países sub desarrollados como los países de América Latina. En el Perú podemos recordar la corrupción relacionada al Fenómeno del Niño del 2017 y al terremoto de Pisco del 2007. La pobreza y el abandono son consecuencia de este problema de orden ético y moral: En ambos casos las obras de reconstrucción de la infraestructura pública, civil, sanitaria, educativa, etc., aún no se han terminado. Muchas obras han sido abandonadas. Y el Perú es el país de América Latina que más ha gastado durante la pandemia reforzando sus empresas y sector financiero con bonos libres de crédito. Entonces no es un problema económico sino de otro orden.

El estudio y análisis del caso Lava Jato demostró cómo los mecanismos de la corrupción se habían infiltrado en todos los sectores en cada país infectado por la coima y el soborno: Gobierno Central o Federal, Gobiernos Regionales o Estados, provincias, distritos, comunidades, empresas constructoras, bancos, estudios de abogados, medios de comunicación, congresos, parlamentos, diputados, senadores, ministros, partidos políticos, ONGs, artistas del espectáculo, empresas fachada, hoteles, restaurantes, casinos, clubes de fútbol, etc. , etc…´Todo vale, todo sirve en el juego de la mafia y la corrupción. Pero todo ese andamiaje complejo y pesado se había hecho cotidiano y tolerable en nuestras sociedades. Su misma investigación o tratamiento, fiscal, legal, académico o ficcional estaba generando economía. Una máquina perfecta que andaba por sí misma y hacía andar Estados y empresas legitimando la corrupción como sistema. Sin embargo, la pandemia ha puesto en primer plano un debate que prioriza condiciones primigenias en el orden social que parten de una duda existencial en el ser humano: La vida o la muerte. En este caso de millones de personas.  ¿Hasta dónde va a llegar esta pandemia? ¿Cómo le ponemos un alto y un fin? ¿Debemos confiar en cifras y esperanzas vagas de potencias como China, Rusia o Estados Unidos que utilizarán todos sus recursos y vacunas en curarse a ellos mismos antes que mirarnos a nosotros en América Latina? ¿Confiaremos en nuestros políticos y candidatos?

Es en este contexto global en el que preguntamos si es seguro continuar en la misma dirección por la que marchan partidos y organizaciones políticas. Las revoluciones sociales que han cambiado el rumbo de la historia han tenido siempre un detonante, Revolución Francesa, Revolución Bolchevique, etc., revoluciones caracterizadas por su violencia, belicosidad y mortandad. La pandemia se está reconfigurando como un posible detonante en América Latina.

Pero en la historia se han dado también otras revoluciones que han significado cambios sustanciales en la humanidad, que han sido producto del raciocinio y la inteligencia, evitando dolor y sufrimiento a millones de seres humanos.

La Revolución de los Claveles, la Perestroika, entre otros ejemplos son muestra de cómo las sociedades pueden dar un salto hacia mejores condiciones de vida haciendo análisis de factores que obedecen a un orden primigenio de la condición humana como en nuestro caso lo son la ética, la moral y la política, sin pasar por sucesos violentos o traumáticos.

Hace falta entonces reflexionar sobre el lugar de cada cosa y el trasfondo del debate político ad portas de unas elecciones presidenciales. 

Cesar Ortiz Anderson

Presidente de Aprosec

www.aprosec.org

Cel.: 999316197 / 998160756

Fan Page:  Aprosec-PERU


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