En busca de familiares

COVID-19: familiares buscan cuerpos en la fosa común más grande del Perú

Lo que iba a ser un cementerio en Loreto, se convirtió en fosa común donde más de 300 víctimas del coronavirus fueron enterradas

Iquitos.- De un fuerte olor a descomposición se halla impregnado el terreno de la mayor fosa común del Perú, ubicada en Loreto. Allí, oficialmente, fueron enterradas 386 víctimas de la COVID-19 durante los días más aciagos de la pandemia en la región. Ahora, familiares de 193 fallecidos buscan sacarlos del olvido, de su condición de NN, a través de la exhumación y darles un entierro digno, según recoge la denuncia del semanario Hildebrandt en sus Trece.

“Es un basurero de cadáveres, no un cementerio”, señala Joaquín García de Freitas (32), vocero de las familias que exigen sacar los cuerpos de sus seres queridos de ese terreno de cuatro hectáreas al que las autoridades llaman Cementerio COVID, ubicado en el distrito de San Juan, que se convierte en lodazal durante los días de lluvia y se halla rodeado de basura.

“El que no ha vivido la crisis de Loreto, no entiende la situación. Era un momento dramático que nos llevó a tomar esas decisiones de entierros masivos, pero comparto la necesidad de la gente de tener a sus familiares. Yo también querría lo mismo si fuera un familiar mío”, señaló a Hildebrandt en sus Trece, el director de la Dirección Regional de Salud (Diresa) de Loreto.

La Diresa de Loreto entregó croquis de la letra del “pabellón y el número de parcela donde supuestamente están enterrados, pero los deudos desconfían de que la información proporcionada sea correcta.

Por ejemplo, el padre de Joaquín García tenía 72 años y cuando enfermó fue internado en el Hospital Regional de Loreto y falleció un 29 de abril. “Yo estaba comprando oxígeno cuando me avisaron. Entonces fui a comprar el ataúd, pero cuando llegué al hospital ya no estaba el cuerpo de mi padre. Lo habían enterrado envuelto en una bolsa negra, en el Cementerio COVID”, señala.

“No creo que ningún hijo, ningún padre, ningún hermano quisiera que su familiar se encuentre en este lugar. Mi madre no tiene consuelo por no saber dónde está enterrado mi padre”, continúa.

Glendy Hernández Echevarría vive el mismo drama, pues su esposo falleció en Iquitos el 30 de abril y también fue enterrado en este terreno confuso. Ella quiere exhumar el cuerpo del padre de su hija de ocho años.

Cuando murió, los enfermeros embolsaron el cuerpo de su esposo y le dijeron que regresara al día siguiente. Ella realizó las coordinaciones con una funeraria, pero cuando llegó ya se habían llevado a su esposo. “Lo hicieron sin mi autorización y sin esperar siquiera las 24 horas que dice la norma”.

Exhumación de 4 cadáveres del cementerio COVID

El pasado 11 de junio, luego de la batalla de las familias, la Fiscalía de Iquitos autorizó la exhumación de cuatro cuerpos. El fiscal argumentó que los familiares no habían autorizado que los cuerpos fuesen enterrados allí, pero tres de los cadáveres no estaban en la ubicación proporcionada por la Diresa.

“Ahora sabemos que el lugar donde dicen que están los cuerpos no corresponde a la realidad. Sé que esta fosa se hizo en un momento de desesperación, que las autoridades no sabían qué hacer con los muertos, pero yo no puedo dormir sin saber dónde está mi esposo. Nosotros vamos a cavar y seguir cavando hasta encontrarlo”, dice Glendy.

Según cifras oficiales del Ministerio de Salud, hasta este viernes 26 de junio 334 fallecieron por COVID-19; sin embargo, la Diresa reporta que solo hasta el 10 de junio 1.736 personas y durante el pico de la pandemia, del 3 al 10 de mayo, murieron 553 afectados por el coronavirus.

Ante el desborde de fallecidos, la Diresa pidió a la Municipalidad de San Juan la cesión del terreno que hoy causa dolor a los familiares.

“Nuestros familiares merecen que podamos dejarles flores. Lo único que queremos saber es dónde están nuestros muertos”, dice Joaquín García.

Acopiador de cadáveres COVID-19: “Llego a recoger entre 60 a 70 diarios”

Un grupo de tres acopiadores de fallecidos por la COVID-19 que forma parte del equipo de “juntacadáveres” del crematorio Piedrángel, en El Agustino, relató su experiencia como aquellos encargados de recorrer la capital para recolectar perecidos.

Formado por dos peruanos y un venezolano, estos hombres se enfrentan al dolor de los familiares que ven a sus seres queridos ser retirados en bolsas herméticas día a día.

Asimismo, señalaron que han llegado a recoger entre 60 a 70 cuerpos diarios en plena pandemia por el coronavirus.

“Mi unidad llegó a recoger entre 60 a 70 cadáveres diarios”, manifestó.

Fuente: La República


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