Huellas del sacrificio:

Los rostros del personal en la primera línea contra el COVID-19 en Iquitos

Médicos, enfermeras y otros profesionales formaron la primera brigada del hospital de campaña de Iquitos. Luego de 20 días de atender a pacientes de COVID-19 y salvar vidas retornaron a Lima.

Loreto.- El 8 de mayo, la sala A del hospital de campaña de Iquitos (Loreto) tuvo un momento de alegría. Médicos y enfermeras le cantaron “Feliz cumpleaños” a un paciente que, a sus 60 años, luchaba por superar el COVID-19. En medio del dolor y la angustia por una enfermedad que no da tregua, fue un instante de esperanza.

“Toda la sala sintió ánimo por un momento. Fue un recuerdo feliz”, dice la médica Toshi Luna Reyes. Lamentablemente, días después, ese paciente murió. Ella no olvida ese episodio que resume el dolor y los momentos de optimismo que ha vivido durante las tres semanas que pasó atendiendo la emergencia sanitaria en una de las regiones más golpeadas por la pandemia.

Luna Reyes, de 25 años, es parte de la primera brigada de médicos, enfermeras y otros profesionales de Essalud que viajaron desde diferentes regiones del país a Loreto para reforzar la atención hospitalaria que había sido desbordada en las últimas semanas.

Así como ella, otros médicos jóvenes como Mauricio Alfaro, Diego Rivera, Fernando Dueñas o Alejandra Pomar tuvieron en el hospital de campaña su primera experiencia como doctores. Todos llegaron sabiendo que era su deber, pero se encontraron con una situación crítica. La ansiedad, el estrés e incluso el miedo los acompañó los primeros días. “Perdíamos batalla tras batalla por la falta de oxígeno medicinal”, recuerda Alejandra.

“Dejar a tu familia y llegar a uno de los lugares más críticos es muy duro, pero cuando empezamos a dar altas médicas sabíamos que había una luz al final del túnel”, agrega Paola Figueroa, quien en Lima era médica serumista en el Batallón Militar de Guerra del Ejército del Perú.

El hospital de campaña, conocido como ‘hospital blanco’, empezó a funcionar la noche del domingo 3 de mayo en la cancha de fútbol del Hospital III Iquitos de Essalud. Ese día, habían muerto dos médicos por el COVID-19 y los casos positivos en la región superaban los 1.500. Hasta ayer, ya había 3.293 enfermos y 273 fallecidos en Loreto. 

El médico Jimmy Esteves Picón, coordinador del nosocomio itinerante, recuerda que los días previos a su instalación, los pacientes fallecían sin poder acceder a camas y oxígeno medicinal. “La última semana de abril fue terrible. El peor día vimos morir a diez personas entre los pasillos y jardines. Luego comenzaron a morir nuestros colegas”, dice. De 21 médicos en el área de Emergencia del hospital principal pasaron a siete. La reducción por contagios y muertes hacía insostenible la atención. En ese momento, llegaron los refuerzos.

La lucha continúa

Con el ‘hospital blanco’ llegaron 21 médicos, 18 enfermeras, tres técnicas de enfermería, cuatro químicos farmacéuticos y cinco tecnólogos médicos, para cubrir la escasez de personal en Loreto. Empezaron con 44 camas, pero debido a la alta demanda ahora tienen 80 distribuidas en siete salas. Gracias a este personal la atención mejoró, pero aún no se puede bajar la guardia. Hasta la semana pasada, solo en Loreto había 204 médicos infectados. “El 8 de mayo, el doctor César Jara, nuestro jefe de Emergencias, murió con nosotros tratando de reanimarlo”, agrega Esteves.

También falta oxígeno, medicamentos y los casos han empezado a incrementarse en ciudades como Nauta, Requena y Caballococha. Personal médico será enviado a estas zonas entre hoy y mañana.

“Agradecemos a los médicos y enfermeras que llegaron de Arequipa, Pasco, Trujillo, de todas partes, y también a nuestros compañeros iquiteños. Estamos dándolo todo para salir adelante”, indica Esteves.

La primera delegación de médicos y enfermeras volvió el último viernes a Lima, tras 20 días de trabajo. Las fotos que acompañan esta nota fueron tomadas el miércoles pasado. En ella se ven las huellas que las mascarillas han dejado en sus rostros luego de pasar horas atendiendo a los pacientes.

En la capital, cumplirán dos semanas de aislamiento social como prevención. Entre ellos, también hay médicos extranjeros que se sumaron a la misión. Uno de ellos es Julio César Moreno, de 27 años, que antes de la pandemia trabajaba en un centro de estética en Los Olivos. “Venezuela es mi madre biológica, pero Perú es mi casa adoptiva y tenía que defenderla”, dice. Él y sus compañeros aseguran que volverán cuando termine su cuarentena. Otras tres brigadas han ido a la zona y siguen atendiendo bajo el liderazgo de Esteves. “Regresamos la primera semana de junio para hacer el relevo. Cuando todo pase, en el futuro me gustaría volver como turista y navegar el río Amazonas”, asegura Moreno. Después de la pandemia, todos ellos tienen un lazo imborrable con Iquitos.

Fuente: El Comercio


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