Opiniones

La pandemia del Covid-19 en Perú: Crisis del Estado (el sanitario es parte de ello), corrupción e informalidad.

Escribe Jaime Antezana Rivera.- La pandemia del coronovirus arribó a estas tierras a inicios de marzo pasado. Hoy, se encuentra en su mayor auge con un poco más de 51 mil infectados y unos 1300 fallecidos y con un desborde de la cuarentena,

¿Por qué la cuarentena ha sido desbordado por diversos sectores populares (varados/migrantes que regresan, las aglomeraciones en los mercados, los motines en los penales, etc.) cuando más infecta y mata?

A estos desbordes, habría que agregar las aglomeraciones para cobrar los bonos solidarios y las bolsas de alimentos. Y, desde el comienzo, a los miles de detenidos que diariamente lo infringían .

Una respuesta a esa pregunta centrándolo exclusivamente a la responsabilidad política del gobierno de Martín Vizcarra sería una simplificación de la realidad. Hay que verlo a través de los profundos problemas que tiene el país.

¿Cuáles son esos profundos problemas que tiene el Perú? La crisis del Estado, del cual la crisis sanitaria es parte de ella, la corrupción y la informalidad. Son problemas estructurales. Ahí habría que agregar la criminalización de la política.

Crisis del Estado, el sanitario es parte de ello.

¿En qué consiste la crisis del Estado? Que, con pocas excepciones (BCR, Defensoría del Pueblo, etc.), la mayoría de instituciones estatales no funcionan. No están al servicio de la sociedad.

Son burocráticas, lentas, con densa normatividad y fuentes de trabajo para la clientela política de cada gobierno que ha pasado en los últimos 30 años. Están hechas para Lima, no para el país.

¿Acaso recién los hospitales no tienen camas, ventiladores, UCIs, infraestructura, personal sanitario suficiente y bien remunerado, etc.? Eso viene de hace más de cinco décadas. Poco o nada se hizo.

¿Acaso no ha sido un fracaso la reconstrucción del norte pese al enorme presupuesto que se le asignó y cuya instancia fue creada por decisión política de dos gobiernos? No funcionó. Fracasaron varios sectores.

Pero lo que es peor, la crisis del Estado o, lo que es lo mismo, que el aparato institucional del Estado no funciona al servicio de la sociedad es consabido por todos. Sin embargo, no hay reforma alguna.

La corrupción: En la Policía, Salud y Alcaldes esta vigoroso.

A la crisis del Estado y del sistema sanitario, se suma otro problema estructural: la corrupción que, con las coimas de Odebrecht, llegó a su máxima expresión. Es de "arriba" y "abajo". Nadie se salva.

La corrupción, además, ha cuajado en organizaciones criminales en los gobiernos nacionales y todos los niveles del Estado. Son estructuras criminales que se "tiran" la plata y lo que encuentran a su paso.

¿Acaso nos sorprende que mayoría de alcaldes, con excepciones, habrían negociado con las bolsas de alimentos? ¿O que los jefes policiales, igual con excepciones, hayan negociado la compra de materiales de bioseguridad?

¿O que las Direcciones Regionales de Salud también, en su mayoría, iban a negociar con los presupuestos y compras para encarar la crisis sanitaria? Y que llegue a faltar, como eh Loreto, el oxígeno?

Lo sabíamos. El Estado está podrido por la corrupción. En general, no sirve. Y el Estado no son instituciones abstractas. Son personas que pese a ciertos golpes en áreas del Estado, sigue vigorosa. Nos saca la lengua.

La Informalidad, una condición de lo nacional

A la crisis del Estado, que nadie que atreve a reformarla, y la corrupción estructural, hallamos la informalidad que, para muchos estudiosos, es una condición nacional e histórica. Casi nos define.

En efecto, el 75% en el país es informal. Solo el 25% es formal. ¿Qué quiere decir eso? Que la mayoría de peruanos vive de trabajos independientes y, por tanto, del día a día.

Y como la mayoría de peruanos son informales, no contra la ley sino al margen de ella, la mayoría no tienen cuentas en los bancos. ni forman parte de los sistemas del Estado.

Las aglomeraciones en los mercados, principalmente en los sectores populares de Lima (SJL, Caqueta y Puente Piedra) y del interior del país son de los informales. Los venezolanos se han sumado a ellos.

Y estas aglomeraciones no empezaron hace unos días. En verdad, esas aglomeraciones no pudieron ser controladas desde el inicio de la cuarentena. Hay que revisar las notas y vídeos periodísticos..

Luego se sumaron los varados y no pocos migrantes radicados en Lima. Ellos también son, en su mayoría, informales. Irrumpieron las carreteras cuando ya no pudieron sobrevivir en la cuarentena.

No aceptaron las restricciones del confinamiento. Desafiaron al Covid-19 en nombre de morir de hambre por no trabajar. Desafiaron los dispositivos del gobierno, las campañas de sensibilización.

No les interesó las sanciones. Saben que en Perú son letra muerta. No se cumplen. Acá, en cuanto a no respeto de la ley, entran millones de ciudadanos de clases medias y sectores populares.

Y, por supuesto, los de más "arriba". Muchos siguen creyendo, y en verdad sigue siendo así, que la ley es para mis enemigos, más no para mis amigos. Se sigue aplicando por estatus socio-económico.

Es en los marcos de esas problemáticas estructurales que hay que analizar el desborde social de la cuarentena y el preocupante crecimiento del Covid-19 que está atravesando el país.


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