Armando Avalos Espichán

El preocupante aumento de los padres criticones

Por cada 18 frases negativas enseñan sólo una positiva a sus hijos.

Escribe Armando Avalos.- Iba el otro día en un colectivo cuando de pronto subió una mujer que parecía tener pegado el celular al oído y que no dejó de hablar por el aparato durante los 47 minutos que duró el viaje. A su lado estaba su hija de unos diez años, con quien en ningún momento cruzó una palabra y menos miradas.

En ese viaje me enteré de toda la vida de la mujer. Hablaba con Miguel, su ex pareja, quien la engañó con una empleada municipal muy joven. Según oí Miguel es taxista, mujeriego, le gusta beber, tiene sobrepeso, le encanta el pollo a la brasa, juega fulbito los viernes y hace como un año que no visita a su hija a quien le manda unos 100 soles mensuales para sus gastos cuando su ex pareja le hace acordar.

Durante todo el viaje, la mujer una fornida trigueña, con pelo teñido a lo rubio y con una ropa juvenil que no iba con su edad, no dejaba de increparle a su ex pareja lo mal padre que era y se autodenominaba como la mejor madre del planeta.

Se esforzaba para que todo el mundo escuche que ella era la única que mantenía a su hija y que sentía pena que la niña tuviera la desdicha de tener como padre a un hombre que solo le importaba a él mismo.

Todo el momento la pobre niña solo atinaba a mirar el piso del colectivo, visiblemente avergonzada y humillada por una madre tan o más disfuncional que su ex pareja. Una mujer que durante todo el momento que la tuve a pocos centímetros, no dijo, “ni una sola frase positiva”.

¿Se imagina vivir con esa persona? Una avalancha de negativismo andante. Esta mujer es sin duda el extremo de las personas que lanzan un manto de fatalidad y desdicha en su vida y sobre los que la rodean. Aquellas que no comprenden que una frase cortes y la amabilidad no es una debilidad sino por el contrario, es la muestra más fuerte de coraje, porque solo aquel que reconoce sus errores es en realidad un valiente.

Lamentablemente estudios recientes confirman algo que uno puede deducir al ver a personas como las que encontré en el colectivo, que cada vez los padres tienden a pronunciar más frases negativas que positivas al hablar con sus hijos. Algo tan nefasto para su educación y que nos lleva a un círculo vicioso y peligroso.

En Estados Unidos un estudio arrojó que un niño oye en promedio 460 afirmaciones críticas en un día y solo 75 expresiones de gratitud por parte de los mayores que lo educan. Es decir que, por cada 6 comentarios negativos, habrá uno positivo. Un solitario guerrero en la mente de un pequeño que tendrá que competir contra un ejército de bribones llamados “insultos”, “chismes” o “lisuras”.

 En otra investigación, realizado por la National Parent-Teachers Organization llegó a resultados similares a los que mencionamos párrafo arriba. En una conversación diaria, indica, los padres emiten unos 18 mensajes críticos por cada expresión de gratitud.

En tal sentido, la investigadora Michaela Borda, sostiene que una de las principales razones de que el desarrollo de la bondad este en crisis, es por el predominio de los comentarios negativos que oyen nuestros hijos, no solo por parte de los medios de comunicación y de sus compañeros, sino también de los propios padres, apunta.

CRITICAMOS PORQUE CREEMOS QUE ASI SOMOS MAS INTELIGENTES

La crítica, el raje, el maleteo es parte de la cultura en el Perú como en muchos países del mundo. Meik Wiking explica que, por un tema evolutivo, el ser humano se queja porque en el fondo desea parecer más inteligente que el resto.

“Por razones evolutivas, estamos programados para destacar lo negativo. Las especies que saben evitar el peligro tienen más probabilidad de sobrevivir. Por ejemplo, correr a la vista de un tigre dientes de sable es un problema. Solemos recordar mucho mejor las críticas que las alabanzas”, sostiene.

La psicóloga Elsa Punset afirma que, en nuestro cerebro, nos centramos en recordar y rumiar las cosas negativas, porque por defecto estamos programados para sobrevivir, y el cerebro acumula y memoriza lo que más nos hiere, porque percibe que eso nos amenaza y que, por tanto, no debe evitarlo.

Hay que comprender primero que “todos” estamos por un tema evolutivo, condenados a ser eternos criticones. Los llevamos en nuestros genes y en nuestra herencia evolutiva, pero el saberlo no quiere decir que aceptemos ello como una condena biológica. Sino que el tener consciencia de ello, es lo que nos hará libre y ayudará a gestionarlo y ser más positivos en la forma de encarar la vida y sobre todo en lo que expresamos y enseñamos a nuestros hijos.

Una cosa es criticar uno que otro hecho, y otra es vivir con el chip que nos haga convertir cada palabra que salga de nuestra boca, en algo negativo.

Corresponde a cada padre autoanalizarse y escúchese cada vez que hable con sus hijos y vea si lo que le inculca está más matizado de crítica o de bondad.

Aquí se me viene a la mente las palabras de Charles Reade: Siembra un pensamiento y recogerás una acción, siembra una acción y recogerás un hábito, siempre un hábito y recogerás un carácter, siembra un carácter y recogerás un destino.

Y todo padre sin duda quiere un mejor destino para sus hijos. Y parte de esa lucha por garantizarles un mejor destino está en pintarles un mundo más positivo y menos tétrico. Porque si crecen en un mundo más positivo tendrán una mente más flexible y libre. Y eso querido lector me hace recordar unas sabias palabras del escritor Stephen Crane: “El que pueda cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino”.


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