Mike Vargas Armas

El espíritu resistente de San José de Quero

Escribe Mike Vargas Armas.- Un pueblecito anclado a la carretera sale a recibirnos. Nos da la bienvenida y nos rodea con sus brazos suaves. Sus manos frescas se han puesto sobre nuestra mejilla. Todo es silencio y paz. Estamos en el distrito de San José de Quero, y frente a sus infinitas tierras. Nuestras miradas se extienden a los cuatro horizontes.

Por un camino ancho, polvoriento, solitario y silencioso; andan saltando cual zorzal dos niños tras las huellas de su madre. Por los ojos de la señora, con quien nos cruzamos, sale un pequeño rayo de suspicacia. Las personas de campo son muy cautelosas. Siempre desconfían de gentes, más aún, si tienen la apariencia de personas de ciudad. Porque saben que de la ciudad provienen todos los males, desde los asaltos de la policía hasta la mala política pasando por el hambre y la miseria.

Una casa de tapia, San José de Quero. Foto: Mike Vargas.

En la orilla de la carretera, un eucalipto se alza hacia el cielo con soberbia, en cuya rama se poza una tórtola. El pichón agazapado acecha los granos de oro para tragárselas al caer la tarde. En el interior de su pecho un sublime corazón late lleno de esperanza. Sobre todo, la esperanza, porque la vida en los pequeños pueblos es un barco surgiendo por el lomo del mar cargado de esperanza.

Qué paz y tranquilidad en San José de Quero. Todas las casas, hechas de tapia y techadas con teja, como todos los humanos, en el fondo de su fachada guardan un espíritu cristalino y bondadoso.  Como escribía la escritora mexicana, Fernanda Melchor, los seres humanos somos islas que coincidimos en un mar común. En ese sentido, en San José de Quero, la vida de cada persona está integrado al pequeño y rústico distrito. Esa integridad otorga las condiciones para cultivar una vida muy humana y pacífica llena de sanas moralinas.

El sustrato del espíritu bondadoso y humano de la comunidad echa sus raíces en los milenarios valores. Esos valores que, aún, florecen en estas comunidades son los canales por donde se filtra la luz para ingresar entre las rendijas a las interiores del mundo oscuro y cruel que cruje y amenaza día a día con derrumbarse.

La quiebra total de la cultura en las ciudades; la pérdida de originalidad e identidad de las personas que habitan las urbes; la actitud individualista de los ciudadanos medios que desgarra la mínima intención de actos cooperativos; todas estas enfermedades todavía no han golpeado las puertas de aquellas paredes humildes, pero dignos de las poblaciones menudas. Tienen mucho que enseñar estos pueblos con sus gestos solidarios y fraternos que se manifiestan en una fauna comunitaria, donde todos los vecinos, dejando a un lado sus desgracias y sus infortunios, se reúnen para trabajar, conversar, comer, cantar y bailar.

 Una señora arreando sus vacas, San José de Quero. Foto: Mike Vargas.

La pensadora poética española María Zambrano, en su libro Claros del bosque, plasma que la vida antes que nada es sentida. No podemos abandonar nuestra parte animal, existimos sintiendo la realidad. Eso es, precisamente, lo que ocurre en el distrito. En sus extensas pampas doradas se siente la vida y la armonía. Sus vientos fríos y secos, por encima de los 3800 msnm, vierten sus ecos que colman la existencia de alegría.

En estas tierras, bajo las nubes blancas y el cielo azul, es imposible concebir al hombre autómata de la ciudad, el tipo de hombre que ya no es libre, ni reconoce a los demás. Pero las gentes que habitan aquí, son libres como las flores silvestres; sus vidas están sustentadas por la tierra, extraen de la tierra su vida que renace y prospera día a día, tienen en ella las raíces como el romero, aquella planta de flor amarilla.

Los pueblos como San José de Quero están llamados, con sus inclaudicables fuerzas interiores, a resistir y lidiar en el combate decisivo con la sociedad de consumo, la ausencia de valores, la maquinización del hombre, la agonía y la desesperación global. En el espíritu de estas comunidades está la luz para rescatar todo cuanto haya perdido la humanidad.

 Los burros como medio de transporte, San José de Quero. Foto: Mike Vargas.

Fuente: Mike Vargas Armas 


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