Artesanos

Conoce Chazuta, el pueblo de hábiles artesanos de San Martín

Chazuta reivindica el origen quechua de su cultura y hace de la artesanía un valor agregado.

San Martín.- En Chazuta, la artesanía estuvo a punto de morir por causa de la coca y el terrorismo en los años 80, relata William Ojanama.

Desde el asiento macizo de un torno a pedal, con su voz grave recuerda el origen de la asociación cultural Wasichay, mientras sus manos moldean una pequeña vasija de arcilla. La tierra es generosa en este distrito de la región San Martín, un paraíso verde que se alimenta del río Huallaga.

Ceramista y maestro de arte, William comenta que en Chazuta, desde hace siglos, la arcilla se emplea para producir utensilios básicos para la casa: ollas, jarras, tinajas, platos.

Y que ahora sirve también para romper mitos: “Los chazutinos decían que el hombre era del campo; y la mujer, de la casa –detalla–; por eso, pocos varones se interesaban por la cerámica, la gente empezaba a murmurar, había prejuicio”.

Sin embargo, con la creación de la asociación cultural, en 1992, las cosas empezaron a cambiar en este poblado de origen quechua.

La cerámica ganó terreno a partir de la calidad de su arcilla y tintes naturales e innovó sus técnicas productivas con la incorporación de tornos a pedal y la construcción de un horno.

Además, puso en valor una iconografía particular, en la que resaltan los tonos rojos y negros, el uso del copal y el lacre y los motivos del bosque, el verdadero sello de la identidad chazutina.

Ruta de progreso Mas aún, la cerámica de Chazuta fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en julio del 2012, la demanda siguió creciendo y la gente entendió que el arte era una oportunidad no solo para rescatar las tradiciones del pueblo, sino también para ganar algo de plata.

En castellano, wasichay significa “esta es tu casa”, una idea que se vive a plenitud en los ambientes de la asociación, donde William, Igor Mendoza, la señora Áurea Luz y su nieta Hellen le dan a la arcilla todas las formas que es capaz de idear la imaginación y, por cierto, aquellas que tienen mayor acogida en el mercado.

“Acá trabajamos de lunes a sábado de 8:00 a 12:00 y de 2:00 a 5:00 de la tarde de manera independiente, nadie te dice ‘Ven a trabajar, te pagamos tu sueldo’ –acota Ojanama–. La cerámica nos ayuda a ser puntuales: si dejas la arcilla desatendida, se puede secar y se malogrará”.

Piedra negra A dos kilómetros de Wasichay, la señora Consolación Panaifo lidera en su casa el taller Yana Rumi –Piedra Negra–, otra asociación de chazutinos que han hecho del arte una forma de vida.

“En nuestras vasijas utilizamos la tierra blanca, la tierra amarilla y la piedra negra; son nuestros colores principales, de allí el nombre de nuestro grupo”.

En mesas de madera rústica y bajo un techo de paja a dos aguas, Consolación y sus socios elaboran no solo cerámica, sino también tejidos de chumbe, pretinas, llicllas, paja bombonada, sombreros, bolsitas de papel ecológico, canastas, bisutería y bordados.

“Estamos rescatando la iconografía que se estaba perdiendo y la incorporamos en camisas, blusas, polos, bolsos y otras prendas”.

No habíamos tomado conciencia de nuestra cultura, reconoce la señora Panaifo. “Antes yo veía a mi mamá, mi papá, mi tía, trabajando no en asociación, pero sí en familia: tejían, moldeaban arcilla, mi papá hacía remos, platillos, bateas, batanes, todas esas cosas que servían en la casa. Por eso, ahora mi sueño es levantar todo lo que estábamos perdiendo como pueblo, como identidad”.

Oportunidades Antes, la producción de los talleres se llevaba a Tarapoto, la ciudad más cercana a Chazuta, para ofrecerla a los turistas locales y extranjeros.

Pero con la ayuda de los cursos de inclusión digital que impulsó el Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro), mediante los Telecentros, William y sus compañeros han encontrado en internet nuevas posibilidades de venta y otros mercados.

Wasichay, por ejemplo, tiene un perfil propio en Facebook, donde muestra a potenciales compradores de todo el mundo la calidad de sus trabajos en arcilla.

Sus primeras ventas al exterior datan de 1997, gracias a una ONG que operaba en España con mercados justos: “Si una pieza se vendía en el Perú a 10 soles, allá nos pagaban 50”, dice Ojanama.

El modelo funcionó, pero estaban siempre bajo tutela de otras instituciones. Hoy, la situación ha cambiado con los proyectos que apoya Cedro y los artesanos de Chazuta sienten que sus sueños ya son capaces de volar más allá, mucho más allá del horizonte donde se pierden el verde del bosque y las aguas del imponente Huallaga.

Alianza crece La Alianza Crece para servicios digitales y financieros es una iniciativa de Cedro, USAID y empresas del sector privado que unen fuerzas para modernizar y diversificar los mercados locales y promover emprendimientos en las zonas de desarrollo alternativo en Huánuco, San Martín y Ucayali.

Este objetivo se logra mediante la expansión del acceso a internet y el fortalecimiento de las habilidades para el uso de las tecnologías de información, así como con la promoción de servicios financieros en más de 100 localidades.


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