Armando Avalos Espichán

El pueblo más solidario del Perú

Con Anthony y Ronaldo. Compartiendo el único chimpun que había en el pueblo. Uno es zurdo y usaba el chimpun izquierdo, el otro era diestro y usaba el chimpun derecho.

Escribe Armando Avalos Espichán.- Anthony se despertó esa mañana muy temprano para limpiar sus chimpunes nuevos. Su padre, un pescador de rio le había regalado por su cumpleaños con mucho esfuerzo estos zapatos de futbol que tanto deseaba. Los 20 soles que gana interdiario por lo que pesca no le permitían darle un chimpun muy costoso. Pero Anthony estaba feliz. Sabía que esa mañana, su pueblo celebraría por la llegada de un grupo de médicos escoceses que iban a curar gratis a los vecinos.

Él debía animar a los extranjeros con un partido de futbol en la cancha que está en medio de las casas de madera que forman parte del pueblo de Santa Marta. Un pueblo ubicado a solo 40 minutos de Pucallpa pero olvidado por el Estado.

Cuando entró a la cancha de futbol, vió a todos sus compañeros descalzos y con el torso desnudo. Era la única forma de diferenciar a los jugadores de los dos equipos, ya que ninguno tenía camisetas. El narrador del partido bautizó al equipo de Anthony como los “calatos”.

Anthony entró a la cancha y se quedó mirando a su mejor amigo, quien como él, ama el futbol. Un niño de 10 años que su padre bautizó con el nombre de la gran estrella del futbol portugués Ronaldo. Por eso le puso Ronaldo Bardales Brito.

¡Somos los Calatos! Gritaron para darse ánimos. En ese momento, Anthony se acercó a su compañero de equipo y le hizo una inesperada propuesta, que dejó a su amigo sin palabras.

“Tú eres zurdo y podrás jugar mejor con mi chimpun izquierdo. Yo juego con la derecha así que me quedo con el chimpun derecho. ¿Qué dices?”, le dijo esbozando una enorme sonrisa.

Ronaldo lo abrazó y le dijo emocionado que aceptaba. Anthony se sacó el chimpun izquierdo y se lo dio a su amigo y comenzaron a jugar.

Cuando vi esta escena me conmovió el corazón. Y como siempre digo a mis alumnos, uno puede en la vida encontrar actos de grandeza en todos los lugares. Es solo cuestión de querer verlos. Anthony y Ronaldo metieron un gol cada uno esa mañana para su equipo. Claro, cada uno con el pie en el que llevaban el chimpun.

Me tomé una foto con ellos para graficar la escena y en la gran final con el equipo de otro barrio, ellos me tenían una sorpresa aun mayor y que me dejó al borde de las lágrimas.

Habían ido en el entretiempo a unos 5 minutos de la plaza central a buscar en una humilde casucha a su arquero oficial. Antico.

Antico es un ser extraordinario. Es un joven de 19 años con la mente de un niño de 8 años. El sufre retardo mental severo. No puede hablar y solo hace gestos. El gesto que más hace y lo ha hecho muy popular y querido en Santa Marta es su sonrisa.

Es un corazón noble y guerrero. Yo lo miré con respeto pero con dudas. Les dije a Anthony y Ronaldo que dudaba que Antico con sus limitaciones tan visibles, pudiera ser mejor arquero que el muchacho sano y fuerte de 13 años que había jugado en el primer partido.

¡Él es el mejor, señor!, me dijeron y Antico entraba a la cancha arrodillándose y persignándose. Llevaba un polo de la selección peruana de futbol con el nombre de su ídolo Edison Flores.

A los pocos minutos, Antico me tapo la boca y me enseñó una gran lección. Que en la vida la fuerza no está en los músculos ni la talla sino en el corazón.

Se lanzaba temerariamente en cada jugada, parecía una araña cuando se estiraba para alejar el balón. La gente entre risas y aplausos festejaba cada participación de Antico que miraba a la gente y respondía con una sonrisa.

Estaba feliz y era un espectáculo para el alma verlo así. Entré unos segundos para entrevistarlo y luego de unos segundos su equipo “Los Calatos FC” metía el gol de la ventaja. Antico miró a su equipo que festejaba a lo lejos y al estar sólo en su arco, levantó los brazos y con un grito corrió hacia mí y me abrazó como si me conociera toda la vida.

Era el abrazo de un ángel. Saltamos juntos celebrando que estaban próximos a llevarse la Copa. Los siguientes minutos fueron tensos. Antico estaba concentrado y salvó a su equipo de dos goles fijos con arriesgadas intervenciones. Él no puede hablar pero con balbuceos gritaba y hacia señas al árbitro para que terminara el partido.

El pitazo final llegó y Antico se volvió loco. Corrió y pedía a sus amigos que se lanzaran encima de él como hacen los grandes jugadores. Se lanzó al piso y todos cayeron sobre él. Le entregué la copa y Antico la levantó y la besaba emocionado. Era un espectáculo conmovedor.

Sus compañeros lo abrazaron y emocionados me decían a las cámaras que es un gran ser humano y lo cuidan como un hermano.

Antico, Anthony y Ronaldo posaron para la foto como campeones que son. Antico con la copa y sus amigos con el único chimpun que compartían en cada pie. Estos niños nos daban a muchos un gran ejemplo de solidaridad. De dar la mano y el apoyo sin esperar algo. Que diferente seria el mundo si más Anticos, Anthonys y Ronaldos existieran.

Pero ellos son el fruto del ejemplo que ven en sus mayores. Los tres estudian en un colegio sin paredes, sin pizarra y con piso de tierra. Pero pese a la falta de tantas cosas elementales, han crecido viendo a sus vecinos apoyarlos y fungir de maestros y educándolos en esas aulas casi al aire libre.

El día que los visitamos, ellos recibieron también atención médica gratuita de parte de un grupo de odontólogos escoceses que llegaron para curarles gratis gracias al noble corazón del Coronel en retiro Juan Silva Bocanegra y la misionera Kimberly Holmes.

Por eso, Antico, Anthony y Ronaldo fueron los primeros en acercarse al grupo de odontólogos y darle las gracias. A veces nos enorgullecemos de vivir en grandes ciudades pero cuando uno ve estas comunidades pequeñas donde todos se dan la mano y encuentras historias como los de Antico, Anthony y Ronaldo uno siente un poco de envidia.

Porque vi en sus ojos la felicidad que no te brota del dinero ni del estatus. Sino de disfrutar de la amistad verdadera. Y me quedo con la sonrisa de Antico y la imagen levantando la copa. Porque para él esa copa de plástico era solo un símbolo de su lucha contra el destino. Ése día, él demostró a sus amigos que era útil, que estaba ahí para ayudarlos. Que las limitaciones que le dio la vida no impedían a él, también proteger a las personas que le daban amor.

Fuente: GB Agencia de Noticias


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