Compartiendo diálogos conmigo mismo

Cada cual es dueño de sí mismo

“Sí todo proviene y viene del amor,

sí todo se mueve y se conmueve impulsado por la pasión del afecto,

vivamos por y para ello, para amar y ser amados.”

 

 Sé que soy el momento preciso,

el dueño de este justo instante,

el sirviente de uno mismo en el ser,

junto a los demás, pues para coexistir

hay que perdonarse y donarse

a todos, empezando por sí mismo,

y concluyendo por el análogo

que va a mi lado, y me ayuda

a levantarme, a seguir en el camino,

pues el tiempo pertenece a Dios,

que es quien nos da aliento;

para beber vida, para vivir en el verso.

 

Vuelva a nosotros la inspiración,

la musa que nos eterniza y enternece,

aquella que nos hermana y fraterniza,

aprendamos a amarnos, somos Hijos

del Dios Amor, experimentemos

y probemos el querer, queriéndonos,

convengamos después que uno vive

en el soplo de lo imperecedero,

pues cuanto más cercano se siente

el celeste manto de la Trinidad

dentro de sí,  más crece el entusiasmo,

el pulso de Dios y sus pausas nos elevan.

 

Somos gente en vuelo hacia el poema,

donde no habrá tristezas ya nunca más,

el Señor será dueño, vendrá a nosotros,

para liberarnos de esta prisión mundana,

por la que he de pasar y morir como todos,

porque la muerte es un hecho que está ahí,

un testimonio de nuestro proceder aquí,

una manera de hacer memoria y mención,

porque al fin, nuestra huella será luz,

si en verdad fuimos amor, dueños de sí,

asistentes en misión, virtud que resplandece,

bondad en persona, quietud en el alma.

Víctor Corcoba Herrero

[email protected]


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