Jaime Antezana Rivera

Vizcarra y la reforma política: O solicita la cuestión de confianza o el fujialanismo lo someterá.

Escribe Jaime Antezana Rivera.- El presidente Martín Vizcarra "pecho" al congreso por el archivamiento de la reforma de la inmunidad, una de las 12 del paquete de la reforma política que el Ejecutivo envió hace más de un mes. En términos más precisos, lo envió a la Comisión de Constitución controlado por el fujimorismo. O sea, a las manos de una fujimorista antireforma más dura: Rosa Bartra.

Inmediatamente la mayoría de congresistas, casi sin distingo y pocas excepciones, condenaron la actitud del presidente en defensa de la "autonomía" de poderes. Por su parte, el fujialanismo, aupados y asustados en su curul, con Daniel Salaverry a la cabeza, señalaron que Vizcarra estaría buscando el cierre o disolución del congreso.

Si, los que apoyaron el autolgolpe de Alberto Fujimori señalan que hay una amenaza de golpe. Y un raleado núcleo de periodistas, empresarios e intelectuales que -en su mayoría- apoyaron o fueron parte del régimen fujimorista emitieron un manifiesto en defensa de la "democracia representativa" y "en defensa de la Constitución y los valores democráticos"

El manifiesto no dice, ni por asomo, ni una palabra del grosero blindaje al ex fiscal de la Nación Pedro Chavarry o del congresista Héctor Becerril por la alianza fujialanista. Ni sobre la lucha contra la corrupción de la megacorrupción de Lava Jato. Eso no existe para los que firman ese manifiesto. Eso son los "valores" que no quieren que se acabe.

Más aún, la bancada de Fuerza Popular ha pedido a la población, lo cual muestra cuan lejos están del país, a estar alertas ante un posible “quiebre democrático”. En suma, el fujiaprismo ha puesto el grito en el cielo convocando a una cruzada contra un "golpe autoritario" o "quiebre democrático" que encarnaría Martín Vizcarra con su visita al Congreso.

En realidad, ciñéndonos a los hechos, el fujialanismo están inventando el golpe. Solo existe en sus cabezas. Lo único que ha hecho Vizcarra son dos cosas: uno, ha pedido que la mayoría no debió archivar el proyecto de la inmunidad y priorizar el debate de la reforma política y, dos, que el premier y el ministro de justicia no asistirán a la comisión de constitución.

¿La razón? No había "las condiciones para debatir". Lo que hizo la Comisión Bartra fue archivar, en tiempo récord, el proyecto de inmunidad. "El mandatario tomó esta medida en respuesta a la decisión de esa comisión de archivar un proyecto de ley del Gobierno para modificar la inmunidad parlamentaria y permitir que la Corte Suprema pueda desaforar a los legisladores, una de las medidas lanzadas como parte de la reforma política contra la corrupción" (RPP 22-5-19).

Ese fue el acicate: Eso indicaba el destino que iba a seguir el paquete de proyectos de la reforma política; el ático fujimorista. Por esa razón, por segunda vez y sin el apoyo popular de la primera, decidió caminar de Palacio al Congreso. Eso fue todo lo que hizo. Todo eso esta condensado en la carta que Vizcarra entrego en mesa de partes. Ni más ni menos.

Así fue: no dijo una sola palabra de hacer o solicitar la confianza al congreso por la reforma política, que parecía haberla abandonado. No fue confrontacional; fue a presionar. Nada más. Del Vizcarra que propuso la reforma del sistema de justicia o declarar, aunque no prospero, en emergencia el Ministerio Público no quedaba ni el recuerdo.

En cambio, en cuestión de horas, el fujimorismo le envió un presente griego a Vizcarra: un proyecto de ley que precisa aspectos sobre el ejercicio del cargo de presidente y vicepresidente de la república y la aplicación de la cuestión de confianza, presentado por la congresista Alejandra Aramayo. ¿Qué dice ese proyecto? Que no podrá postular a la reelección.

Aun cuando el proyecto de ley no especifica que cambios pretende realizar en cuando a la aplicación de la cuestión de confianza, y existe un fallo del Tribunal Constitucional al respecto, el fujialanismo quisiera cambiar los términos que establece la constitución sobre esa facultad presidencial cuando el Congreso no le da la confianza dos veces al gabinete.

Es, en verdad, ardid legal. Pero lo que si persiguen con ese proyecto de ley, pues lo ven débil y melindroso, es atemorizarlo, doblegarlo y aplastarlo. Castrarlo. Y volverlo funcional a la lógica narco-criminal y antirepublicana que representa el fujialanismo. No van a parar hasta lograrlo. En esa línea, o lo someten o lo vacan. PPK, una versión filofujimorista, es una muestra

O acepta los designios del fujialanismo o solicita la confianza para la reforma política. Ese es el dilema que tiene ante sí Vizcarra. ¿Qué pasaría si la mayoría fujialanista no le otorga la cuestión de confianza a dos Consejos de Ministros? El presidente puede cerrar el congreso y convoca a nuevas elecciones del congreso y el Ejecutivo.

No hay golpe de Estado. Es lo que señala la Constitución. Bueno, pues, o el presidente Vizcarra solicita la cuestión de confianza de la reforma política o el fujialanismo lo someterá y aplastará. Usted tiene la palabra, señor presidente.

Fuente: Jaime Antezana Rivera


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