Compartiendo diálogos conmigo mismo

Porque dios es comunión de amor, Nosotros somos vida

Todas las sendas marchan al unísono,

nos conducen hacia un mismo cielo,

nos inducen  hacia un idéntico soplo,

a ir del brazo del  abrazo de la Cruz;

un concebir que nos hermana y redime,

para ser fuertes y fuente de agua viva.

 

Si nosotros somos de los días el verso,

hagamos de la tierra un mar de luz,

repudiemos e impugnemos las batallas,

pasemos a otra dimensión penitencial,

a huir de la selva, coreando la salve,

que todo lo aplaca, conmueve y salva.

 

Vuelva el alba a nuestra alma pura,

la piedad, la esperanza y su espera,

reintégrese la pasión, llegue la paz,

hija del buen hacer y del mejor obrar,

hasta ser uno en la unidad del poema,

clareando rastros, aclarando rostros.

 

El mirar de Dios es un ver y un hacer;

un ver hacia abajo para elevarnos,

y un hacer de la pequeñez un nacer

grande, para crecernos mar adentro

y para recrearnos en la pertenencia

de un pueblo, que nada es, sin amor.

 

Hagamos silencio, interroguémonos

en soledad, seamos poetas en guardia,

abramos los ojos al mundo, respiremos

hondo, justamente para hacer memoria,

y poder conciliar el sueño y reconciliar

lenguajes que quisiéramos olvidar.

 

Pongámonos a las órdenes del corazón,

sin coraza alguna, con el entusiasmo

de ser manantial que sacia, con la alegría

gozosa de ser consuelo, de regresar

al verbo, aquel que entona el pulso

con la razón, y la mente con el espíritu.

 

Víctor Corcoba Herrero

[email protected]


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