Arte Ucayalino en España

Matadero Madrid con los colores del arte kené de Ucayali

Mural elaborado por mujeres shipibo-konibo adorna desde hoy importante espacio cultural en Madrid.

Madrid / España.- Allá, los y las madrileñas bordean la plaza de Legazpi, el Paseo de la Chopera, salen apurados a tomar el Metro, a los paraderos de las líneas de buses y, de paso, entrar al café.

Ellos –los y las–, todos vestidos de rigurosos grises y negros, observan esa pared, apuran el selfie –porque una encuesta difundida hoy en la tv española dice que el ciudadano de estos lares prefiere olvidarse la billetera al celular–, y ahora está llena de colores chirriantes, extraños, nuevos; de formas geométricas, novedosas, inusuales. Es un tatuaje feliz en lo que antes era solo una pared de ladrillo y cemento más. Antes, claro.

Alguien comenta a sus amigas, con esa voz fuerte que tienen las madrileñas, sí, vi a unas señoras de caras pintadas, trabajar, pintar. Se refieren a dos artesanas shipibo-konibo, a Olinda Silvano, a Silvia Ricopa. En ningún momento dejaron sus vestimentas, sus faldas, sus semillas, sus rostros pintados, mientras trabajaban o se desplazaban por la ciudad (cuando visitaron el pabellón dedicado al Perú en ARCOmadrid, avanzaban lento por las solicitudes respetuosas para tomarse unas fotos).

Durante cinco días, ellas estuvieron dándole forma al mural ante la admiración de los transeúntes de plaza de Legazpi. Ahora, esta tarde de 28 de febrero, se ha develado la placa donde se cuenta a la comunidad madrileña que es arte kené shipibo-konibo y que este mural quedará como un estigma feliz, una mancha alegre, en uno de los muros de Matadero Madrid, ese centro de arte enorme y singular: donde algunas vez se ajusticiaron reses, hoy se echa mano a las estructuras de sus viejas “naves” para apreciar cine, pintura, literatura. Vaya.

Desde el Ucayali

En la placa develada hoy se lee que estamos frente al arte Kené, que es “la disposición geométrica original de la cuenca del río Ucayali, en la Amazonía del Perú”. “Tradicionalmente aparece en el rostro, el cuerpo, las cerámicas, los textiles, la coronas de los chamanes, las bandas de chaquiras, los remos y otras piezas de madera. Conceptualmente se vincula a la energá femenina, es un arte donde innovación y experimentación se nutren de la tradición.”

Como parte del programa paralelo de la feria de arte contemporáneo ARCOmadrid 2019, donde el Perú es invitado de honor, el ministro de Cultura, Rogers Valencia, participó esta tarde de la ceremonia de inauguración del mural junto a los agregados culturales del Perú en España y de España en el Perú, y la directora del centro cultural Matadero Madrid.

Arte geométrico

Pero, ¿qué cuenta el mural? “Es un diseño de encanto; hay dientes de piraña, hojas de ayahuasca, el cántaro de barro en el que antes las abuelas preparaban [las comidas, las bebidas]. De ahí viene las plantas medicinales”, dicen.

A Silvia Ricopa y Olinda Silvano les tomó cinco días elaborar el mural sobre una base rectangular de madera.

Ellas, artesanas shipibo-konibo como sus madres y sus abuelas, aprendieron desde niñas a realizar los diseños kené.

Están acostumbradas a trabajar con los tintes naturales, que les brinda la Amazonía, pero saben que esos materiarles “no agarran”, cuando uno se enfrenta a un mural que estará expuesta a la calle. Trabajaron el mural de Matadero Madrid con pinturas satinadas y acrílicas, “para que sea más llamativo y dure un montón”.

“Muchos murales hemos hecho”, recuerda Silvia. El primero fue uno en el distrito turístico de Lima, Barranco, luego hicieron otro para la Línea 1 del Metro de Lima, y un tercero en San Isidro. Después también les han invitado a provincias a dejar la constancia de su arte.

Luego conquistaron otras latitudes. Han pintado murales en Canadá y España. Olinda Silvano, por su parte, participó en la Casa Perú que PromPerú montó en Moscú durante las algarabías del Mundial de Fútbol Rusia 2018: al invierno moscovita también le llevaron los colores de su identidad shipibo-konibo.

De Cantagallo para el mundo

Así, Lima también fue llenándose de arte kené. Lo shipibo-konibo se fue integrando a la capital peruana que tiene fama de su cielo gris. Los shipibo dejaron de ser aquella comunidad nativa que vivía en Cantagallo, frente a la plaza de Acho, muy cerca del Centro de Lima. Ellos llegaron huyendo de los años de violencia, de la falta de oportunidades y las muertes con que les dejó los 20 años de violencia política que vivió el Perú entre 1980 y 2000.

Hoy luchan por integrarse y ser parte de Lima. Olinda y Silvia fueron fundadoras, precisamente, de la comunidad de Cantagallo, de los primeros shipibo-konibo que arribaron a Lima. Pero los habitantes de Cantagallo fueron reubicados, hace unos años, por la Municipalidad de Lima, y ahora viven en zonas dispersas del distrito de San Juan de Lurigancho y de Chosica. Y en Cantagallo solo quedan solo una veintena de familias.

Ahora están en Madrid, ¿qué tan importante es para ellas dejar su arte aquí? “Nos sentimos muy felices. Estamos visibilizando lo que era invisible. Ahora se está conociendo nuestra identidad cultural. Y los ministerios también, nos están dando la oportunidad”. Olinda Silvano dice que ahora les ha surgido otra invitación para volver en mayo a España, ahora a Valencia, que reclama también tatuarse en sus arterias los colores kené shipibo-konibo.

Olinda Silvano y Silvia Ricopa son mujeres artesanas que viven de su trabajo, de pintar murales, cuadros, de bordar. También debía de venir con ellas, Wilma Maynas, pero la salud le jugó una mala pasada, pero su nombre está en la placa. Es muestra del compañerismo que se tienen unas y otras mujeres. Madres. Artesanas. Shipibo-konibo. Peruanas.


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