Augusto Lostaunau Moscol

Lima a fines del Siglo XIX

Augusto Lostaunau Moscol  * 

Federico Elguera Seminario nació en Lima en 1860, durante la llamada Prosperidad Falaz, periodo de nuestra historia republicana en el cual la hacienda pública dependía de las exportaciones del guano. Ingresó a la Universidad de San Marcos donde logró el título de abogado. Además, destacó como un gran periodista y político de su época. Formó parte del Batallón Carolino o Legión Carolina que los estudiantes sanmarquinos organizaron para participar en la Defensa de Lima frente al invasor chileno. En la Batalla de Miraflores destacó por su arrojo y valentía.

Abogado y periodista –como ya se anotó- a fines del siglo XIX, utilizando como seudónimo El Barón de Keef, publicó una columna satírica en la que su pluma crítica no tuvo reparos en desnudar las insanas costumbres sociales, políticas y culturales de Lima y del Perú.

En 1913, el ex Alcalde de Lima, publicó su libro EL BARON DE KEEF EN LIMA, y, 1919, Elguera publicó EL BARON DE KEEF EN LIMA. SEGUNDA EPOCA. CHARLAS CON SORIA, los cuales son sendas compilaciones de sus decimonónicos artículos donde resaltó la vida de los limeños, siempre con humor e ironía.

En el primero de los textos indicados, Elguera dedicó muchas líneas a la descripción de la ciudad, resalta por ejemplo “Y si hay ciudad en la que debería tenerse la menor comunicación con las calles, es Lima, pues allí todos los vecinos se preocupan de defenderse de los motines y revoluciones, de los chinos que barren, de los perros y de los cobradores”. Es Lima una ciudad donde históricamente, las calles han servido para todo tipo de manifestaciones, principalmente las políticas y las demandas sociales. Los Golpes de Estado al estilo de Nicolás De Piérola y sus montoneras entrando por Cocharcas, fueron cosa común en aquellos años. Así mismo, las luchas de los obreros por la jornada laboral de ocho horas diarias en enero de 1919 se realizaron en las calles de la ciudad. Como también, el pueblo de Lima paseó al candidato Augusto B. Leguía por las calles antes de ingresar a palacio. Las multitudes de Lima siempre han encontrado en sus calles el mejor espacio para hacer conocer sus demandas.

Otro aspecto descrito por Elguera, es la higiene o limpieza de la ciudad. Sobre este tema escribió “Yo he pasado un día a las 2 p.m. por el centro de la plaza mayor; de esa que ostenta en su punto céntrico una pila de bronce, coronada por el angel (sic)  del juicio final con gorro republicano, y he visto, sobre el pavimento un par de botines que habrían pasado por los pies de algunas generaciones de mendigos...Y los he visto al día siguiente, y tres días después...En otras calles, también he visto calzado viejo, trapos, papeles, y el diluvio, como la cosa más aceptable, más decorosa y natural”. La falta del aseo público, del recojo de la basura dejada o lanzada por los transeúntes y los habitantes de la ciudad, la indolencia de algunas gestiones municipales frente al problema de la basura, es un hecho histórico y lamentablemente repetitivo en nuestra ciudad. Pero, no es solamente no arrojar desperdicios a las calles como tampoco, es simplemente recoger desperdicios de las calles, es principalmente una educación ciudadana del por qué no se debe ensuciar la ciudad, junto a una explicación que vaya más allá de los simples argumentos estéticos para crear conciencia del tema de la limpieza pública.

Y otro aspecto ligado a la higiene de la ciudad, Elguera lo aborda de la siguiente manera “Un detalle, que no puedo olvidar es el de cierto bastón que usaba el conde, y que se colocaba generalmente bajo el brazo, sujeto por el puño consistente en una cabeza de bull-dog, que a la distancia hacía el efecto de un perro vivo...¿Para qué carga usted ese animal? le pregunté una vez...Para defenderme de los perros, me contestó. Y tenía razón, porque Lima es una ciudad musulmana, dada la abundancia de estos animales...Es preciso andar muy prevenido con ellos, principalmente después de las diez de la noche, en que se reunen  y forman regimientos compactos, para escabar (sic) las basuras que el vecindario aglomera en el centro de las calles...En el día, el riesgo disminuye, porque caminan aislados y dispersos, refrescando los quicios de las puertas, por mucho que sea el azufre que se les ponga”. La descripción realizada por nuestro autor,  nos deja percibir  en forma detallada, el problema de la abundancia de perros en Lima. No son simples mascotas que sirven para acompañar a las personas. Los perros en Lima, son principalmente guardianes del hogar. Frente a la desprotección policial, principalmente en los barrios populares, los habitantes de la ciudad han optado por criar perros para proteger sus propiedades y alertar a los vecinos de posibles robos y asaltos. Lima es una ciudad desprotegida y eso se demuestra con los perros. Pero,  esta solución popular generó a su vez, otro problema, los perros contribuyen a la falta de higiene en la ciudad. Se alimentan de las basuras del vecindario, dejan sus excrementos y orinas en cualquier lugar (principalmente en las puertas de las casas) y en muchos casos, atacan a los transeúntes. Mientras tanto, se sigue esperando una legislación que reglamente la tenencia de mascotas. Y si existe, la mayoría no la conocen y muy pocos la cumplen.

Y en el segundo texto de 1919 Elguera indicó que “Otra plaga de Lima son los gatos techeros...Estos felinos se reproducen abundantemente y viven en los techos planos de todas las casas...La calidad y estructura de las habitaciones, la falta de lluvias y la superficie terrosa que cubre las fincas ofrecen excelente y cómodo albergue a esos egoístas y escandalosos mamíferos...Las noches, principalmente las de luna, parecen tempestuosas por los ruidos, golpes y estremecimientos que producen los gatos”.  El apelativo de “limeño comegato” fue muy popular en nuestra ciudad durante todo el siglo XX. Hace referencia directa a la abundancia de estos animales que se alimentan en las cocinas desprotegidas y que se “divierten” persiguiendo a los roedores (pericotes, ratones y ratas) que también son abundantes en nuestra ciudad. Por ello, muchos habitantes de Lima optan por un gato frente a la ausencia total de un plan de eliminar estos roedores. En Lima, los animales hacen lo que los alcaldes no pueden hacer: proteger a los vecinos.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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