Augusto Lostaunau Moscol

Apuntes sobre la inmigración italiana en Lima a fines del siglo XIX e inicios del Siglo XX

Augusto Lostaunau Moscol *

La prefectura de Lima realizó el Censo de 1897 el cual es muy importante para reconocer algunas características demográficas de la ciudad a fines del siglo XIX. Como primera característica, se puede percibir que la mayor cantidad de población censada responde a ser mayor de 21 años, mientras –de ese mismo porcentaje- un mayor número son mujeres. A pesar de la mortandad de jóvenes y adultos durante la guerra con Chile y las guerras civiles entre caceristas y pierolistas, los adultos fueron una mayoría; aunque, las mujeres eran mayoría. Las condiciones deplorables en las cuales vivieron los sectores urbano-populares constituyeron una de las causas de la muerte de gran cantidad de niños.

La segunda característica, es que el grupo que responde a la categoría de raza blanca es mayoritaria, pudiéndose encontrar en ella a los grupos extranjeros principalmente europeos migrantes y dedicados a una gran variedad de actividades y a los descendientes de los antiguos criollos coloniales; pero, el grupo que responde a la categoría de amarillos también es bastante numeroso, lo que demuestra la importancia que tuvo la migración y concentración de asiáticos y sus descendientes dentro de la ciudad. Aunque es factible que la posibilidad que muchos de quienes respondieron afirmativamente a la categoría de blancos, buscaron de esa manera no ser marginados por el color de su piel. Lima es una sociedad racista donde el color de la piel es un “requisito indispensable” para ser aceptado socialmente como “superior”.

Casi 10 años después, se realizó el Censo de 1908 por el cual podemos reconocer las características demográficas de la ciudad de Lima a inicios del siglo XX. La primera característica es que la población masculina, a diferencia del censo anterior es mayor que la femenina. Los extranjeros siguieron representado un sector importante de la población, casi un 10%. Un grupo importante de extranjeros, reconocidos como blancos son los italianos. Giovanni Bonfiglio presenta un cuadro del devenir ocupacional de los emigrantes italianos entre 1873 y 1910.

Los profesionales italianos constituyeron un porcentaje minoritario, a pesar de ello, lograron destacar en sus actividades en el país. Un ejemplo fue Luigi o Luis Sada. Robert Paris apunta que:

"El ingeniero Luigi Sada, fundador en 1872 de la "Sociedad Italiana de Instrucción del Perú, fue quien abrió la primera escuela italiana en el Callao, el 2 de junio del mismo año. En 1889 la escuela fue trasladada a Lima y puesta bajo la dirección de Leopol­lo Panízzoni. El número de alumnos fue de 45 durante el primer año, aumentó a 171 en 1885, a 215 en 1886 y a 275 en 1887. También se abrió, en 1886 una sección femenina para las jóvenes que deseasen aprender costura y música”.

Los italianos buscaron crear todas las condiciones para establecerse en Lima, una ciudad que les daba toda la oportunidad para prosperar. La mayor parte de los italianos residentes en Lima, se dedicaron al comercio por ello su número se duplicó entre 1877 y 1910, con el tiempo lograron formar una de las colonias extranjeras más importantes para el desarrollo no sólo de la capital, sino también de todo el país.  En una entrevista a Julio Peschiera, -descendiente de italianos y propietario agrario en chincha baja- a la pregunta ¿Cuándo llega su familia al Perú? respondió:

"No sé la fecha precisa; creo que es a fines del siglo pasado. Mi bisabuelo llega de Italia, viudo, con dos hijos jóvenes. Uno de ellos, mi abuelo Antonio y, el otro, su hermano Aurelio. Llegaron a Lima trayendo referencias de un comerciante de apellido Varessi que les recomienda trasladarse a Chincha donde habían llegado ya algunos italianos."

Significa que muchos italianos llegaron a Lima pero al no encontrar mayores posibilidades para establecerse, buscaron inmediatamente en los valles cercanos o relativamente cercanos un lugar para desarrollar sus labores.  Janet Worral sostiene que:

"Más de las tres cuartas partes de los migrantes italianos al Perú vinieron de las regiones del Norte de Italia: Liguria, Piamonte, Lombardía y Veneto…Si bien podían encontrarse inmigrantes italianos en toda la actividad ocupacional, la mayoría entró al sector negocios, como propietarios o dependientes en pequeños establecimientos de venta al por menor”.

Los italianos rápidamente se asimilaron a la población limeña, participaron de sus costumbres y se identificaron con la misma. Al respecto Julio Portocarrero señaló:

“El dueño del callejón, don Andrés Cordano, era italiano casado con una peruana, Cristina Balta; si le pagaban bien; y si no... no recuerdo haber visto un lanzamiento del callejón. Incluso por deudas de siete, ocho, diez meses... Don Andrés vivía del pago de las cuatro fincas que quedaban en la parte de afuera, y de la tienda que tenía”.  

El reconocido Manuel Zanutelli –descendiente de italianos- señala que la calle del Prado (cuadra 15 del jirón Junín) en el Cuartel cuarto (Barrios Altos), lugar de crecimiento de Felipe Pinglo Alva, y donde otro italiano Juan Rossi tenía su chingana, así mismo existieron otros comercios, como la pulpería de Manuel Guerrini. Inclusive, la Sociedad de Inmigración y Colonización Italiana en el Perú presentó el 16 de mayo de 1905 un oficio fechado en Lima y dirigido al Director de Gobierno, donde pedían al mismo que solicite a los Prefectos Departamentales:

“Una pequeña monografía de cada departamento para poder lograr... el mayor conocimiento posible del estado actual y general del país, desde el punto de vista de la inmigración”. 

El 21 de mayo de 1961, durante la celebración de los 50 años de vida industrial de Antonio D´onofrio –descendiente de italianos- señaló que:

“La llegada de mis padres data del año 1897, época en la cual se inició el pequeño negocio de la fábrica de helados que él personalmente vendía en un carrito que trajera consigo de los Estados Unidos y que constituía su único capital”.

Este es un ejemplo de la manera como los italianos ingresaron a nuestra sociedad, hasta convertirse en parte del paisaje urbano. Pero, otros italianos llegaron en calidad de asalariados del Estado Peruano, siendo el caso de Francisco Rossi y Amadeo Bellini, quienes fueron contratados en Florencia por el Cónsul peruano en esa ciudad para que trabajasen como cocheros del Presidente de la República en 1905. El contrato concelebrado determinó que en caso de aumento y renuncia, los contratados debían devolver del dinero del aumento.

El Banco Italiano fue fundado el 24 de febrero de 1899. Inició sus operaciones con un capital fijo de 40,000 libras esterlinas (dividido en acciones de 20 libras cada una), su primer directorio fue conformado por: Giusseppe Alberto Larco como presidente; Giacamo N. Péndola como Vicepresidente; Agostino Ferrari, Ambrosio Nosiglia, Federico Ferraro, Carlo Mombello, Giovanni Landi, Giacomo A. Orezzoli, Lorenzo Prefumo como directores; Giacomo Gerbolini y Stefano Ferrando como directores suplentes, y Leopoldo Bracae y Francesco M. Oliva como inspectores.

En 1889, Bartolomé Boggio inauguró la Fábrica textil de Santa Catalina, con una máquina en desuso para la industria europea y se inició con apenas cinco operarios como personal industrial. Buscando impulsar su negocio, Boggio en 1890 se asoció a Juan Manuel Peña Costas y al Dr. Mariano Ignacio Prado quienes fundaron una Sociedad Anónima bajo la razón social de Sociedad Industrial de Santa Catalina Limitada. En 1903, se incorporaron a nuevos accionistas como Tulio Turchi, Juan Francisco Raffo y Leopoldo Bracalo formando la definitiva Fábrica Nacional de Tejidos de Santa Catalina. Los dos principales socios de Boggio: Peña Costas y Prado, eran conocidos miembros de la vida económica, Mariano Ignacio Prado y Ugarteche, fue presidente del directorio del Banco Popular del Perú entre 1900 y 1908, de la Caja de Depósitos en 1905 y de la Compañía de Seguros La Popular en 1904 y 1920, por otro lado, Juan Manuel Peña Costas fue presidente de las Empresas Eléctricas Asociadas en 1906.

En octubre de 1905, los cocheros del Presidente de la República enviaron un oficio reclamando un aumento salarial. El documento dice:

Excmo. Señor:

Francisco Rossí i Amadeo Belliní, 1o. i 2o, cocheros contratados para el servicio de V.E., con el mayor respeto exponemos: que por la carestía de las subsistencias en esta capital, los sueldos de 84 i 72 soles al mes, que percibimos, en virtud del contrato que celebramos con el señor Cónsul de la República en Florencia, sin insuficientes para atender holgadamente a las satisfacciones de nuestras necesidades. Esta situación nos obliga a solicitar de V.B., como gracia, el aumento de 16 soles de nuestros haberes, de modo que nuestro sueldo mensual sea en lo sucesivo de 100 i 88 soles respectivamente; siendo entendido que en el caso de dejar el servicio por los motivos previstos en la cláusula 5a. del contrato a que nos hemos referido, quedamos obligados a reintegrar todo lo percibido en el concepto de aumento.

Por lo expuesto:

A V.E. Suplicamos que se sirva definir a nuestra súplica. Es justicia,

Francisco Rossi (firma).

Lima, 6 de Octubre de 1905.

Excmo. Sr.

Bellini Amadeo (firma) 

Un grupo de migrantes que se ubicaron siempre cerca del grupo italiano, fueron los suizos. Fernando Villiger, en su estudio analizó el caso de los suizos dedicados al comercio en Lima. De esta forma, se debe resaltar la importancia de Broggi, Nosiglia, Piaggio, Boggiano, Devéscovi y otros, que siempre estuvieron unidos a la comunidad italiana.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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