Augusto Lostaunau Moscol

Sobre la corrupción política

Augusto Lostaunau Moscol *

Raúl Leis R. en su libro Retrato escrito de la corrupción **, sostiene que:

“La corrupción política está relacionada al poder, ya sea como resultado de la autoridad conferida por elección popular o como parte del ejercicio de la política para conseguir esa autoridad y representación. También se articula con las prácticas políticas, a través de diversas formas partidarias y extrapartidarias, con el ejercicio de la conducción del gobierno, el parlamento, la función judicial, y los gobiernos locales”.

Mejor dicho, la corrupción política existe con o sin participación de los sectores populares. No hace falta la elección o reelección de autoridades para que estas se conviertan o no se conviertan en corruptas. Lo que se debe destacar es la existencia de formas partidarias de corrupción política que permiten, luego, que esa corrupción llegue a los poderes del Estado. Vale decir, aquellas organizaciones políticas donde los liderazgos se han naturalizado o son propiedad de una familia, son los más ligados a la corrupción. Partidos políticos donde el destino electoral de los mismos depende de la candidatura eterna de un mismo individuo. Partidos políticos donde el destino electoral de los mismos depende de la candidatura de un descendiente del fundador o líder histórico. Esta clase de organizaciones políticas son corruptas.

Además, como sostiene Leis:

“La corrupción política es abuso autoritario del poder: “se subordinan deliberadamente los intereses públicos o comunes a los personales; porque se realiza de manera oculta, salvo que quien la cometa disfrute de gran poder o protección; porque existen obligaciones y beneficios mutuos generalmente pecuniarios; porque se presenta en una relación recíproca, en donde uno desea una decisión y otro puede influirla; porque se pretende camuflar con alguna justificación legal, y porque quien la comete actúa de manera dual y contradictoria: oficial y corruptamente”

Mejor dicho, la corrupción política desnuda una orientación autoritaria de quienes la practican. Por ello, en el Perú de hoy, los partidos políticos con mayores casos de corrupción están ligados a una visión autoritaria del poder. Casi matonesca se puede afirmar. Además de estar vinculados a casos de corrupción, están siendo investigados por casos de lesa humanidad. Mejor dicho, así como delinquen en las arcas de la nación, también pueden utilizar la violencia armada para eliminar a todo aquel que los denuncie o investigue. Son violentistas. Tienen fuerzas de choque y matones a sueldo. Incluso sicarios. Mejor dicho: son verdaderas mafias que se valen del discurso liberal de la democracia representativa para realizar sus fechorías.

Así mismo, como sostiene Raúl Leis R.:

“Se expresa en el ejercicio ilegítimo del poder para fines de provecho personal o de grupo. Tiene profunda vinculación con los centros de poder económico y político, muchas veces armonizados entre sí. La corrupción es percibida por los ciudadanos como el medio a través del cual políticos y funcionarios se enriquecen mediante el cobro de comisiones o la aceptación de sobornos, a cambio de lo cual otorgan favores, adquieren bienes y contratan obras o, simple y llanamente, roban los dineros del Estado, abusan y usurpan del patrimonio público”.

En este punto se encuentra la relación directa entre organizaciones políticas y empresarios. Son los propietarios de las grandes empresas los que buscan estar muy cerca de las organizaciones políticas. Financian sus campañas y asisten a los eventos que estos realizan para lograr fondos. Los empresarios realizan aportes generosos a aquellos candidatos que figuran primeros en la aceptación de los electores. Cuando los partidos políticos realizan cenas, bailes, cocteles o funciones sociales, son los primeros en asistir y adquirir gran cantidad de entradas. Llenan las mesas y esperan la llegada del candidato para saludarlo y presentar a sus acompañantes. Una demostración de haber “invertido” mucho dinero. Las mineras lo hacen siempre.

Raúl Leis sentencia que:

“El origen o fuente de la corrupción se localiza en tres dimensiones. La primera, es el abuso del poder económico y político. La segunda, cuando no existen o se encuentran debilitados los mecanismos adecuados de control de esos poderes. La tercera, revela que la corrupción se desenvuelve en un ambiente permisivo o de cultura de la normalidad; por ende, la lucha contra la corrupción tiene que establecerse sobre la base de la promoción de una nueva ética y una nueva cultura política”.

Para luchar contra la corrupción política, hace falta una nueva cultura política. Esa nueva cultura política deberá ser construida por las nuevas organizaciones políticas que desarrollen una política de transparencia en la toma de sus decisiones. Una nueva cultura política donde el cargo de dirigente o la candidatura no sean eternos ni hereditarios. La no reelección empieza por casa.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

**Existe versión en PDF.


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