Augusto Lostaunau Moscol

Desayunar entre pobres

Augusto Lostaunau Moscol *

Una de las huachaferías más extendidas en un proceso electoral consiste en desayunar –el día de las votaciones- rodeado de la “gente más pobre”. Así, el candidato “favorito” realiza un baño de popularidad. Aunque, puede ser un “último desayuno” en su condición de “peruano infortunado” para luego convertirse en “propietario” del erario público.

En las últimas elecciones generales (2016) el breve y precoz ex presidente (vacado) Pedro Pablo Kuczynski eligió un comedor popular ubicado en las laderas del Cerro San Cosme (en La Victoria) para desayunar junto a ciudadanos que casi no desayunan y, por ello, el Cerro San Cosme es uno de los lugares de Lima con más caos de tuberculosis. Ese domingo por la mañana, comieron chicharrón, tamales, camote frito y sus tazas de café con leche. Un desayuno que fue televisado y “destacado por la “prensa imparcial”. Un hecho raro, el desayunar, en una ciudad como Lima donde casi nadie desayuna. Sentarte en las mañana y tomar un desayuno significa que llegues tarde a trabajar o estudiar. Por ello, miles se arremolinan en nuestras clásicas carretillas de “desayuno al paso”. Ahí, entre vasos de emoliente o quinua acompañados de sus panes con tamal, torreja o palta, todos se embuten el alimento. Algunos lo piden para llevar, entonces entran al trabajo o al salón de clases con su bolsita de maca o soya. Todo un espectáculo de nuestra “comida rápida de inmigrante cholo” que nadie se atreve a inmortalizar con un selfie publicado en su cuenta de FB o de Instagram.

Estas elecciones regionales y municipales no han sido la excepción. Nuevamente, los candidatos “favoritos” (de la concentración de medios) realizaron sus “desayunos electorales” en un pueblo joven o barriada. Entre paredes de esteras, mesas destartaladas y pistas sin asfaltar, tomaron sus tazas de café con leche y sus panes con chicharrón mientras los “periodistas imparciales” destacaban sus bondades y propuestas. Toda una campaña subliminal con un discurso implícito. Aunque, lo que parece muy raro o extraño, es que “nuestros candidatos favoritos a la alcaldía de Lima” (como explicaba una narradora de noticias con aires de monarquía virreinal) no desayunan en sus casa ubicadas en las zonas exclusivas de Lima. Elijen un lugar marginado del cinturón de miseria que rodea la capital. Pero, no nos muestran sus domicilios. Vale preguntarse: ¿Temen hacer pública la dirección de su domicilio? ¿Temen que los votantes sepan las reales condiciones materiales en las que “el candidato favorito” vive? ¿Temen que les pregunten cómo pagaron esas casas de casi mil metros cuadrados? Esas y otras interrogantes dejan entre los ciudadanos que no aceptan lo de “candidato favorito”.

Y, luego de su desayuno entre los pobres, inician la peregrinación al centro de votaciones donde un enjambre de hambrientos y sudorosos “periodistas imparciales” los esperan con ánimos de seguir realizando campaña electoral. Depositan sus votos entre las mejores –y más hipócritas- sonrisas. Esas tomas empezarán a ser repetidas durante toda la transmisión y –como siempre- la narradora de noticias con aires de monarquía virreinal “resalta” que el “candidato favorito” (de sus patrones) ya “cumplieron con su deber cívico y patriótico”. De esta manera, el “candidato favorito” (de la concentración de medios) pasa a la galería imaginaria de prohombres de la patria. Todo un señorón en quien debemos confiar los manejos del dinero público.

De esta manera los medios de comunicación privados y con intereses han cumplido su papel de imponer a los candidatos que asegurarán el funcionamiento del actual perverso y corrupto sistema. La capital necesita de “más asfalto y cemento” para salir de la histórica crisis que atraviesa. Ahí estarán prestas a “colaborar” los socios del Club de la Construcción. Obras para acelerar el tráfico. Obras para garantizar la seguridad. Obras para los Juegos Panamericanos 2019. Obras para celebrar el Bicentenario. Obras y más obras. Con grandes presupuestos. No es amor a la patria. Es amor al chicharrón de dinero que van a embolsicarse en los próximos cuatro años.

Un desayuno entre los más pobres y cientos de almuerzos y cenas con los dueños del Perú. Un pan con chicharrón para el comedor popular y grandes contratos para los dueños del Perú. Mientras tanto, el vaso con emoliente y el pan con torreja seguirá siendo el desayuno de miles de limeños. Que buen negocio y que gran negociado.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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