Compartiendo diálogos conmigo mismo

Momentos precisos y preciosos

Nadie se puede engañar pensando: “Soy bueno porque no hago nada malo”.

Para ser de Jesús no basta no hacer nada mal…

Papa Francisco

 

I.- CADA AMANECER

 

Cada amanecer salgo al encuentro,

y me hallo con la cruz de los días,

me interpelo al ver tanto corazón

roto, y me contesta la mirada triste

de un niño que alza su grito al cielo;

le sonrío, y me sonríe entre lágrimas.

 

Hambriento de caricias, reconoce

mi voz, y se transforma en quietud,

me examina con su sosiego y me ríe,

me sirve sus brazos y me abraza,

pues un niño pobre no es un pobre

niño, sino Dios mismo dentro de sí.

 

II.- CADA TARDE

 

Cada tarde me invito a reflexionar,

y me descubro mis afanes y desvelos,

aspiro a ser un ser de verbo en verso,

anhelo que la palabra no me abandone,

que la poesía me ponga luz en vida,

hasta reponerme de estos desconsuelos.

 

Con la poética me hice al amor, lo sé;

y el amor se hizo a mi camino, lo viví;

hasta que el horizonte se nubló sin más,

y desde ese preciso instante, desperté:

sé llorar con aquellos que lloran afligidos,

se levantarme con ellos, partir y compartir.

 

III.- CADA NOCHE

 

Cada noche siento el peso del silencio,

un silencio que me traspasa por dentro,

que me hace revivir e imaginar sendas,

que no fueron y pudieron llegar a ser,

o quizás sean porque sí, sin yo saberlo,

pues uno ha de hacerse cielo aquí abajo.

 

Bajo esta oscuridad todo se nos muere,

nada es, ni nada permanece en el tiempo,

hoy vamos en camino, mañana no,

nadie tiene la vida adquirida, ninguno

puede comprarla con lo mundano; 

ha de donarse al otro, para ser estrella.

 

Víctor Corcoba Herrero

[email protected]


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