Jaime Antezana Rivera

El pedido de asilo de Alan García: El ocaso de un "Padrino" sin droga

Escribe Jaime Antezana Rivera.- Considerado el más corrupto de la historia del Perú; solo superado, en los últimos tiempos, por Keiko Fujimori; con una popularidad por los suelos que lo ha llevado al mayor aislamiento social político; y con un partido, el APRA, disminuido a su mínima expresión, dividido y bajo control de un núcleo delincuencial.

Con una mini-bancada congresal matonezca y desprestigiada; con su aliado, el fujimorismo, en crisis terminal; cercado por investigaciones de un fiscal que no pudo ser sacado por un Fiscal de la Nación pro-mafioso; y ante la inminencia de enfrentarse a un juez que supo abrirse paso al control corrupto del Poder Judicial.

Estos son algunos datos precedentes y contextuales que explican por qué el señor Alan García Pérez, entre gallos y medianoche, como lo hacen los delincuentes y cobardes (luego de afirmar que era mejor quedarse en el Perú) solicitó asilo en la embajada de Uruguay.

¿Cuál es el significado profundo tiene el pedido de asilo de García Pérez a Uruguay, a diferencia del primer asilo en Colombia argumentando que no había garantías tras el golpe de estado fujimorista? Es el ocaso de un "Padrino" sin droga. El ocaso de un "poderoso", de un intocable.

No es un secreto que, hace unos años, el señor García Pérez tenía el control del Poder Judicial y del Ministerio Público. Eso hacia impensable que pueda ser investigado y procesado como se merecía. Eso le permitió evadir la justicia de los presuntos actos de corrupción de su desastroso primer gobierno.

También de los narcoindultos, de las presuntas coimas de Odebrecht (en el tren eléctrico y Olmos) y el presunto lavado de activos en las 21 propiedades con su aún esposa Pilar Nores y otros miembros de su entorno de su segundo gobierno. Eso lo llevo a creerse incorruptible.

"A mi nadie me compra...", "Jamas robe un centavo...", "Yo nunca recibí un sol de Odebrecht", decía o escribía cual encarnación de la moral. En medio de su delirio de pureza llegó a decir, cuando fue investigado por los narcoindultos, "Cada una de estas concesiones las hice pidiendo el consejo de Dios".

O sea, que hablaba directamente con Dios. El "ego colosal" de García Pérez quedaba chico ante la albura moral y la capacidad de recibir directamente "el consejo de Dios" que el se adjudicaba. Todas esas excentricidades y mentiras lo llevaron al podio de los más mentirosos y corruptos de nuestra historia.

Sin embargo, sigue creyendo que hay quienes creen en su delirio. Hay "un golpe de estado sin tanques"; hay una "persecución política" escribió y señalo públicamente. ¿Por qué escribió y profirió esas afirmaciones? Estaba preparando las condiciones para huir, por segunda vez, de la justicia.

Lo hizo sabiendo que en el Ministerio Publico, personificado en el fiscal José Domingo Pérez y en el Poder Judicial hay jueces, encarnado por Richard Concepción Carhuancho, hay fiscales y jueces que están dispuestos a investigarlo y procesarlo realmente.

El pedido de asilo en la embajada de Uruguay fue no solo el último acto de su delirio (lo pidió a pocas horas de afirmar que "no es un castigo o deshonor estar 18 meses en el Perú") y patentiza su ocaso: el terror a ser investigado sin "golpes" ni "persecución política".

Así, el ciudadano García Pérez, si Uruguay le concede el asilo, podrá conseguir la impunidad jurídica, pero con eso sella el definitivo ocaso del "Padrino" sin drogas que el Perú ha producido. El fin de un intocable; el fin del falso "ego colosal"; del receptor del "consejo de Dios".

Fuente: Jaime Antezana Rivera


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