Augusto Lostaunau Moscol

Solsiret Ramírez Aybar y las desapariciones en el Perú de inicios del Siglo XXI

Augusto Lostaunau Moscol *

Solsiret Ramírez Aybar desapareció el 22 de agosto de 2016. Hace dos años que sus padres y amistades esperan que Solsiret regrese. Con esa sonrisa alegre y esas ganas por luchar por sus ideales. Estudiaba Sociología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Un día salió de su hogar y van dos años que la siguen esperando.

Paola Ugaz ha escrito que:

“Cuando el desaparecido entra a ese extraño limbo de no estar ni vivo ni muerto, arrastra con él a su familia y la deja en la imposibilidad jurídica y económica de rehacer su vida. La esposa no puede ser reconocida como viuda, el hijo no puede ser reconocido como huérfano y los bienes no pueden ser heredados”.

Así es. La persona desaparecida legalmente sólo está desaparecida. No se puede afirmar otra cosa. Nadie puede ser señalado como culpable de la desaparición. Mientras tanto, la familia pasa por ese oscuro trance de no saber nada. Silencio absoluto. Qué hacer se preguntan todas las mañanas. Se recorren comisarías. Se visitan hospitales. Se sufre en la puerta de la morgue. Se acuestan pensando que al día siguiente quizás la suerte los acompañe. Cada llamada telefónica es una esperanza y un temor al mismo momento.

¿Y las autoridades? En el Perú, el país donde las autoridades parecen ser las más inhumanas del planeta, las autoridades no hacen nada. No investigan. No indagan. La fiscalía no investiga. La policía no busca pruebas. No hacen nada. Absolutamente nada. Por ello, Paola Ugaz agrega que:

“Para el antropólogo y ex - jefe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en Ayacucho, José Coronel, la ausencia de estas investigaciones significa que “no se puede demandar a los presuntos perpetradores (porque no existe la prueba), ni exigir reparaciones, además de limitar las gestiones regulares, como herencias (…) En el nivel moral y social, significa sufrir indefinidamente los resultados de una acción impune”

Sufrir. Sólo queda eso. Sufrir ver que las autoridades miran para otro lado. Sufrir ver que las autoridades sonríen mientras la familia se desgarra. Sufrir ver como la policía pide que les “colaboren” con la gasolina para salir a patrullar. Sufrir ver como al Ministerio de Justicia no le importa. Sufrir ver como al Ministerio de la Mujer no le interesa nada. La Defensoría del Pueblo sólo defiende a sus amigos. Las autoridades de la Universidad no dicen nada. Sufrir ver como la impunidad cubre, como un manto asqueroso, cualquier esperanza. Sufrir. Sólo sufrir.

Mientras tanto, Solsiret Rodríguez Aybar sigue desaparecida. Hace dos años que no se sabe nada de ella. Su familia la sigue buscando. Sus amistades de la universidad siguen subiendo información en las redes sociales. Su foto con su juvenil sonrisa sigue alumbrando la esperanza de verla regresar. Caminando. Con vida.

¿Dónde está Solsiret Rodríguez Aybar? ¿Dónde estás Solsiret? Te seguimos buscando. Te seguimos esperando.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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