Augusto Lostaunau Moscol

Acoso Made In Perú

Augusto Lostaunau Moscol *

Para nuestros abuelos, Lima era la ciudad de los piropos elegantes. Nuestras abuelas nos han narrado de cómo con un piropo fueron enamoradas por quienes luego serían sus eternos esposos. Eran inicios del siglo XX y la educación de la época suponía que la mujer debería contraer matrimonio con el varón que sus padres eligieran o, en todo caso, con “aquel hombre que les robó el primer beso”. Así que, un “buen piropo” le abría las puertas del paraíso a la mujer, es decir, llegar vestida de blanco al altar, jurar fidelidad eterna, cuidar hijos y, finalmente, ser reconocida como una mujer cuasi santa.

Con la llegada de la industria cinematográfica y la masiva instalación de salas de cine, el origen de las relaciones sentimentales cambió. Para las mujeres de la clase dominante –aquellas que sabían leer y escribir, además de hablar inglés, francés u otro idioma- la figura de Rodolfo Valentino era inspiración de amor platónico. Saber leer y escribir o poder expresarse en otro idioma, les permitió ver películas rodadas en la naciente meca cinematográfica llamada Hollywood. Para las mujeres de los sectores populares y mayoritarios –aquellas que en forma masiva no sabían leer y escribir, huelga decir que desconocían totalmente otro idioma extranjero- las figuras de Carlos Gardel, Pedro Infante o Jorge Negrete fueron la base de su imaginario amor. Personajes duros, cantantes que entonaban melodías cuyas letras afirmaban que las mujeres no eras fiables y su amor causa dolor y desdicha. Así, para las mujeres de la clase dominante, un “buen piropo” lindaba con una creación de arte poética; mientras que, para las mujeres de la clase dominada, un “buen piropo” resaltaría sus cualidades físicas y/o estéticas. Es que el piropo también tiene condición de clase.

Cien años después, nuestras abuelas ya no están, como también ya no están Valentino o Gardel. Los tiempos han cambiado pero, las condiciones sociales no han sufrido grandes transformaciones. Las mujeres que han logrado estudiar en la universidad y optaron por un título profesional y una maestría o doctorado, un piropo que resalte sus cualidades físicas es “un insulto”. Claro está que existen manifestaciones verbales que jamás lindarán con la idea de piropo, ya que su contenido es obsceno en su esencia básica. Las mujeres de nuestras clases dominantes buscaran un piropo que tenga como base una canción de James Blunt o Bruno Mars; en cambio, las mujeres de las clases medias –esas clases que no saben que son clase social- buscarán un “buen piropo” en las canciones de Alejandro Sanz o Ricardo Arjona; mientras que, las mujeres de las clases populares tendrán una visión del piropo en las canciones de los ídolos del Perreo, Chacalón Jr., La Charanga Habanera o Max Castro. Y no es que el piropo sea relativo sino, como ya se indicó, tiene condición de clase. Es muy distinto leer a Albert Camus o Karl Marx que ver Esto es Guerra o Combate. “Te voy a poner contra la pared”…y todos bailan alegres.

LA EXPLOTACIÓN SEXUAL DE LA FIGURA FEMENINA

En una conversación –de las tantas que tenemos- con mi amigo Ernesto Toledo Bruckmann (conocido como “Toledo El Bueno” para diferenciarlo de otro Toledo), me comentaba el “derecho que tiene los empresarios para explotar la figura de la mujer”. Esta explotación no se limita a escenas televisivas en programas de la TV Basura o en Vídeos Clips, sino invade el espacio público, generando una reacción natural entre los varones. Decimos reacción natural porque varios miles de años de evolución física, social y cultural aun no han borrado en el ser humano su instinto reproductivo.

Entonces, los supermercados de Lima presentan a cientos de señoritas, esbeltas ellas, muy bien maquilladas y con sonrisa al límite, que, en pequeñas faldas, pantalonetas muy ceñidas, polos cortos y grandes escotes, ofrecen a los compradores –principalmente varones- todo tipo de artículos que al ser consumidos los llevarán al placer absoluto. Así, cervezas, artículos de tocador, calzado, vestimenta, alimentos “sin grasas” y todo tipo de objetos mercantiles, son “impulsados” en el mercado por este ejército de mujeres jóvenes y de preferencia con tez blanca.

Al ingresar a un Tragamonedas, encontraremos a jóvenes altos, serios y la mayoría de tez negra, enfundados en un terno negro y con un detector de metales en la mano. Sus miradas adustas y casi enemigas, entran en contradicción con las señoritas de las puertas. Ellas si son alegres, de trajes escasos y tez blanca. Te invitan todo tipo de bebidas, sonríen siempre, casi coquetean con el cliente. Es el paraíso capitalista donde el dinero te asegura bienestar sentimental. Entre propuestas y propuestas, el cliente se “gana” el cariño, claro está que, las propinas son mejores.

En restaurantes, pollerías y otros negocios de alimentos y bebidas –incluyendo las discotecas-, las mujeres que atienden no difieren mucho de las llamadas “impulsadoras” de los súper mercados o de las “recepcionistas” de los Tragamonedas. La figura femenina semi desnuda está por todos lados. Ya no sólo en la TV Basura o en la Prensa Basura, ahora está en todas las esquinas.

Es tanta esta explotación de la imagen de la mujer que, hasta universidades e institutos cuentan con una legión de señoritas de pequeñas faldas y sonrisas coquetas, que atienden a los jóvenes –y a sus padres- en el sueño de realizar estudios profesionales. Y la banca también lo sabe, por ello, los uniformes de ciertos bancos coinciden más con las prendas de las “impulsadoras” que con profesionales de estudios universitarios.

Coincidimos con una amiga cuando afirmamos que las mujeres tienen pleno derecho a utilizar las prendas que crean conveniente para la actividad que van a realizar o el lugar donde asisten. Pero, los uniformes no son parte del derecho de las trabajadoras, son casi “un derecho” del empleador. “Si no te gusta el uniforme entonces no trabajas acá”, le dijeron a una amiga…Y ella sigue buscando trabajo.

ACOSO EN UN PAIS RACISTA

Decía Alberto Flores Galindo que en el Perú nadie se acepta racista pero somos una sociedad esencialmente racista. Lo cual es cierto. Y cuando el racismo linda con los gustos estéticos, entonces la tez blanca es sinónimo de belleza, hermosura, decencia y superioridad.

Como toda Ley permite plantear casos hipotéticos –pero que pueden ser muy reales-, en esta parte imaginaremos algunos casos de “acoso”. ¿Será distinto que un varón de tez blanca le diga un piropo a una mujer, al piropo que le puede decir un varón de tez negra o cobriza? Es decir, en plena avenida El Golf, una señorita de clase dominante es piropeada por un joven de tez extremadamente blanca, cabellos blondos y ojos azules, ¿será un insulto? Pero, si ese acto lo realiza un joven de tez negra y trabajador de construcción civil o un joven de tez cobriza y cobrador del trasporte público que circula por el lugar ¿será un halago? Es que el racismo no viene solo. El racismo siempre está acompañado con su factor clase social y, en el Perú es más una enfermedad de manifestación clasista que, un mero discurso político. Así, el joven blanco será un galán y posible pareja sentimental. El joven negro será un “grosero” mientras que, el de piel cobriza será un “serrano igualado”. Más aún, si la agredida y ofendida por el “negro grosero” o el “serrano igualado” no sólo es poseedora de una fortuna económica sino también de una fortuna política, es decir, tiene un lazo familiar con algún detentor del poder político en el país, la denuncia será inmediata en la Comisaría de Monterrico o La Molina, el joven detenido, la fiscalía hará un trabajo eficiente, el juez sancionará con energía y la prensa titulará que “Acosador a prisión”. Y el efecto se reproducirá en Lince, Jesús María, Pueblo Libre, San Miguel, Los Olivos y San Juan de Lurigancho.

Ahora, si el acosador es extranjero, principalmente del mundo “blanco”, entonces todo pasará por ser un acto de “buen gusto”. Nadie se molestará. No habrá denuncia. El fiscal no hará nada. El juez no aplicará la justicia –como siempre-. Y seremos considerados como un país que se convertirá en un súper destino turístico. Mientras tanto, cientos de niñas todas las noches caminan por las calles de Miraflores esperando que un extranjero les invite una bebida, cenar y luego “a ganar uno cuantos dólares”…Acoso marca Perú.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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