Augusto Lostaunau Moscol

Sebastián Lorente racista

Augusto Lostaunau Moscol *

El educador español Sebastián Lorente escribió que:

“El indio no tiene el atrevimiento del salteador de caminos, y por eso no es para los robos en grande. Mandad sin inquietud una carga de plata con solo el conductor, que llegará a su destino. Si dejasteis olvidada una prenda valiosa en la calle o en el campo, nadie se atreverá a tomarla. Pero los objetos de poca monta los sustraerá el indio a vuestra propia vista, casi de vuestras manos. Nada le inspira el respeto a los bienes ajenos, y todo le mueve a desconocer la propiedad; así que no puede acercársenos sin robar algo, una bagatela, un harapo, un utensilio de que ya no hacíamos aprecio. Sacará la yuca y la carne de la olla, y las enterrará provisionalmente en la cocina; escarbará la tierra para llevarse las papas que acaba de sembrar por nuestra cuenta, sin cuidarse del considerable desfalco que su pequeño hurto ocasiona en la cosecha. Al trasquilar el ganado ocultará algún vellón entre las espinas y piedritas”.

Sebastián Lorente fue educador y director del colegio Nuestra Señora de Guadalupe, durante la segunda parte del siglo XIX. En dicho colegio se educaban los niños y adolescentes provenientes de las clases dominantes. Es interesante reconocer que muchas de las ideas del profesor son asumidas como verdades insuperables por los educandos a su cargo. Así, varias generaciones de limeños repitieron los pensamientos y las palabras de este educador español.

Entonces, si el indio es un ladrón de poca monta, la servidumbre de origen andino que trabajaba en las casas de la clase dominante, era la principal sospechosa de la pérdida de alimentos, objetos de segunda o “harapos”. El indio era ratero porque así es su conducta desde el nacimiento pero, un ratero menor, una especie de ave de rapiña, se le debe de vigilar porque sus robos de menor cuantía con el tiempo se convierten en grandes pérdidas para los patrones. Quizás por ello, la clase dominante en el mercado siempre compra los alimentos exactos. Una forma de contabilizar las existencias y evitar el robo de “la sirvienta” o “del muchacho” que trabaja en la casa. Lorente les enseñó a los miembros de la clase dominante peruana a despreciar al indio por ratero pero, no sólo enseñó eso en sus clases en el colegio Guadalupe.

Según Alberto Rubio Fataccioli:

“La acción pedagógica de Lorente en Guadalupe fue muy fecunda y llena de alegría y afectó a sus pequeños estudiantes que lo seguían como a un verdadero padre. Los colegas le profesaban gran cariño y le admiraban muchísimo, no solamente por la bondad de carácter y la rectitud de sus actos, sino también por la profundidad de conocimientos y la gran reciedumbre de personalidad”.

Si esta descripción es real, entonces Lorente fue un padre que les enseñó a sus “hijos” –alumnos- a desconfiar de quienes tienen la piel cetrina, del hombre del Ande, que por ser eso, era necesariamente un delincuente “potencial”. En una sociedad racista, Lorente fue aceptado en forma rápida y alegre por quienes profesaban el racismo como una forma de dualidad “honesto/deshonesto; trabajador/ladrón”, es decir “blanco/indio”.

Sebastián Lorente también sostiene que:

“La pereza, la lujuria y la embriaguez, llenan casi todos los días pacíficos del chuncho. Pasa las semanas tendido sobre la estera, o dormitando en la hamaca, y al ver su profunda inacción se le tomaría por la estatua de la inmovilidad silenciosa. Sus mujeres están en eternos afanes para abastecerles de bebidas que le embriaguen; sólo cuando se hallan borrachos, saltan, ríen, riñen y dan gritos que atruenan. Lascivos sobre todo encarecimiento se duerme en el deleite, busca muchas esposas, y extraño a todo sentimiento de pudor, solemniza a veces su matrimonio consumándole a presencia de toda la tribu”.

Es la descripción que hace este educador español del hombre peruano originario del bosque tropical amazónico. Lo cataloga de ocioso, borracho, impúdico, etc. Es considerado prácticamente un ser incivilizado, una especie de atraso social para el Perú. Fue tanto el desprecio por el hombre amazónico que, durante la llamada Era del Caucho, la mortandad que sufrieron los grupos étnicos de esta región, no significó nada para la clase dominante. O quizás, fue vista como una limpieza social en beneficio del país.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


Comentarios


Suscríbete a nuestro Newsletter

Recibe nuestro Newsletter diariamente registrándote con tu email y mantente informado con las noticias más relevantes del día.

Suscribirme



También te puede interesar


Mas articulos