Augusto Lostaunau Moscol

Las huelgas de 1896 en Lima y el Callao

Augusto Lostaunau Moscol *

Los trabajadores de El Callao y Lima poco a poco fueron tomando conciencia de la necesidad de la organización y la lucha sindical para lograr el reconocimiento y el respeto a sus derechos laborales. Este proceso se daba a la par de su nacimiento como clase. Es decir, la clase obrera del puerto y la capital, tuvieron que aprender rápidamente a organizarse mientras se iban extendiendo producto del proceso de industrialización. Así, se produjeron importantes acontecimientos en 1896.

Los obreros textiles de la fábrica de Vitarte se declararon en huelga el 23 de agosto de 1896. En el pliego de reclamos que presentaron a los administradores de la fábrica, destacaron que era necesario un aumento salarial ya que los pagos que recibían estaban establecidos  en concordancia con las tarifas salariales de  1847, a su vez, los trabajadores exigieron mejores condiciones para realizar sus labores al interior de la fábrica. La respuesta de los gerentes fue  que el salario se calcule a destajo, es decir, por producción individual de cada trabajador en un tiempo determinado, a la vez  que prometían desayunos y almuerzos a cuenta de la fábrica. Los obreros rechazaron esta contra oferta por ser lesiva a sus intereses y decidieron abandonar las instalaciones de la fábrica. La huelga se había concretado.

En el Congreso de la República el diputado obrero Santiago Giraldo denunció que el gerente de la empresa se negó totalmente a iniciar un proceso de diálogo con los obreros, a la vez que, agredió físicamente con el mango de su revólver, al dirigente obrero Rafael Montellanos. Además, la empresa inició la contratación de nuevos trabajadores lo que exasperó los ánimos de los huelguistas. El 27 de agosto, se produjo un fuerte enfrentamiento entre los obreros en huelga y un grupo de trabajadores que decidió volver a la fábrica. Esto enfureció a los huelguistas y se produjo un violento choque  con la policía en presencia del intendente Gonzalo Tirado, quien informó directamente a Nicolás de Piérola, Presidente de la República.

Entonces en la madrugada del 28 de agosto, se produjo un incendio al interior de la fábrica. 20 sacos de algodón ardieron, pero la rápida intervención de los obreros en huelga, que entraron a la fábrica para apagar el incendio, evitó que el fuego alcance 2000 sacos ubicados en el depósito. A pesar de ello, el intendente Gonzalo Tirado ordenó la detención de los dirigentes Emilio Mendoza, Angles, Zaña, Montellanos y Collado. Incluso, el gerente de la fábrica acusó a Emilio Mendoza de ser  un ex oficial del ejército de Andrés Avelino Cáceres y que participó activamente en las luchas de 1895.

Al quedar sin dirigencia, los trabajadores deciden entrar a trabajar, pero mantienen sus demandas. Por otra parte, el diputado obrero Santiago Giraldo inició investigaciones que llevaron a descubrir la presencia de aceite de las máquinas junto al material incendiado. El reclamo recrudeció. Inmediatamente los obreros se negaron otra vez a entrar a trabajar y, el 28 de setiembre de 1896 se trasladaron a Lima. Lograron una entrevista con el Presidente de la República, Nicolás de Piérola, quien les increpó que no podía actual a favor de ellos por culpa de su violencia que había puesto al país al margen de la legalidad porque, las leyes del Estado protegen a las empresas. Entonces, los obreros deciden reiniciar sus labores mientras la empresa les otorgó un aumento salarial, pero impuso el trabajo a destajo.

El 6 de setiembre de 1896, los trabajadores de las tipografías de Lima se declararon en huelga. En la Asamblea General que realizaron  el 13 de setiembre, acordaron que las imprentas deberían pagar los salarios con las tarifas establecidas en 1869 y no con las nuevas tarifas de 1896, ya que estas “nuevas tarifas” establecieron salario menores a las anteriores. El dirigente obrero Abraham Raffo publicó EL TIPÖGRAFO, un periódico sindical donde informó a todos los trabajadores –como a la colectividad en general- de los acuerdos de la asamblea del 13 de setiembre. Los dirigentes La Rosa, Fowler, Luque y Raffo lograron una primera reunión con  Nicolás de Piérola quien prometió sus buenos oficios para solucionar el problema. En la segunda reunión, entre los dirigentes obreros y el Presidente de la República, estaba presente José Antonio Miró Quesada, propietario de El Comercio, quien denunció que a través de EL TIPÖGRAFO, los obreros estaban haciendo un llamado a la huelga y por lo tanto, saboteando a las empresas privadas del rubro, además, anunció la importación de maquinaria moderna para acabar con los huelguistas. El Presidente indicó que debido a la acción violenta de EL TIPÖGRAFO, él no podía hacer nada porque habían puesto en peligro la propiedad y la inversión privada. Los diputados obreros Santiago Giraldo y Wenceslao Molina exigieron la intervención del Estado para solucionar el problema laboral. La huelga continuó pero, el local de los obreros tipógrafos fue asaltado. Los delincuentes se llevaron todo el dinero de la caja de resistencia. A pesar de la denuncia, el robo jamás fue investigado y el intendente Gonzalo Tirado no detuvo a nadie. El 6 de octubre de 1896, los trabajadores tipógrafos regresaron a trabajar sin alcanzar ninguna mejora.

Los trabajadores de las fábricas de cigarros, también se declararon en huelga. Su dirigente N. Villabeytía logró reunirse con los dirigentes de la Confederación de Artesanos del Perú y con el diputado Rosendo Vidaurre. Luego de reuniones con los empresarios, lograron aumentos sustanciales en sus salarios. Igualmente, los obreros de las pastelerías de Lima también se declararon en huelga. Su dirigente José W. González se reunió con los empresarios, los cuales preocupados por la poca resistencia de las mercaderías, aceptaron los aumentos solicitados.

Las huelgas de 1896 tienen diferentes resultados. Algunas fueron derrotas para el joven movimiento obrero. Otras fueron victorias. La clase obrera de El callao y Lima nacían y en forma rápida iniciaron un proceso de maduración como clase. Pero, lo más importantes es que, el sistema mutualista entraba en una fuerte crisis final mientras que, algunos intelectuales y estudiantes universitarios de San Marcos iniciaban un interés académico por estos conflictos propios de la era del capitalismo. La clase obrera ingresó a la Historia del Perú como una alternativa real de clase que busca el poder político para realizar los cambios y las transformaciones necesarias para superar el capitalismo.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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