Augusto Lostaunau Moscol

Sobre nuestro problema de identidad

Augusto Lostaunau Moscol * 

Uno de los ejes centrales del debate político, académico, ideológico, intelectual y social que se presentó en el Perú del siglo XX fue sostener si el país era una nación y para ello se debía comprobar primero si los peruanos habíamos desarrollado una identidad de nación. Desde todos los puntos de vista el tema fue tratado por investigadores, intelectuales, profesores, políticos, líderes y un vasto etcétera de peruanos –y algunos extranjeros- interesados en resolver el problema. Esto determinó que se desarrollasen muchas propuestas que en el presente podrían determinar un nuevo debate que quizás nos abarque otros cien años, esa no es nuestra intención. En estas líneas buscamos bosquejar algunas propuestas para terminar luego, en aquellas que se están presentando –aun en forma no tan elaboradas- en la actualidad. 

La identidad como proyecto intelectual 

A inicios del siglo XX cuando se decía universidad y vida intelectual, necesariamente se relacionó a San Marcos y a las ideas que se desarrollaron dentro de sus claustros. El 21 de febrero de 1910 se realizó una Conferencia Literario-Musical en el Salón de Actuaciones de la Universidad. Dentro del programa destacó una conferencia del Dr. Carlos Wiesse quien sostuvo, parafraseando a Shakespeare en su obra sobre Lear. Que a pesar que el perro del enemigo nos muerda debemos ampararlo, así de la misma forma “Amparemos al indio, y que coma de nuestra mano el pan vigorizante de la sana vida física y moral”. Esta visión racista sobre la mayoría de la población del Perú, por parte de un intelectual de los sectores minoritarios que detentan  del poder económico y político del país, también fue compartida por Alejandro Deustua, Riva-Agüero, Belaúnde, Manuel Beingolea –quien sostuvo que la mujer india “no revela inteligencia, ni imaginación, ni razón, ni siquiera sentido común”-, Mariano Iberico –quien escribió  “el indio arcaico en continuidad vital con las imágenes de su paisaje, ve en ellas la configuración de su arcano informe. Pero, por eso mismo, su sabiduría secreta de la tierra ignora todavía los signos de la palabra hablada”- y otros intelectuales. Esta visión de Iberico y otros, entiende que el indio forma parte de un mundo natural –como una piedra o un animal-, arcaico, lejano –en el tiempo y en el espacio- y sus conocimientos pueden ser considerados instintivos porque no han desarrollado un idioma.

Frente a este sector de intelectuales racistas, se desarrollaron otros intelectuales que pensaron totalmente distinto y diametralmente opuesto. Para Luis E. Valcárcel:

“El Perú es un pueblo de indios. El Perú es el Incario, cuatrocientos años después de la conquista española. Dos tercios de su población pertenecen a las razas regnícolas; siguen hablando los idiomas vernaculares...Para esos cuatro millones de peruanos, sigue siendo el Hombre Blanco un usurpador, un opresor, un ente extraño y extravagante”.

Esto significa que para Valcárcel el indio y su cultura es el Perú y por lo tanto, lo peruano y su identidad son necesariamente indios, sin una pizca de blanco. Este indio es la base de la peruanidad. Para José Uriel García:

“Túpak Amaru no combate sólo por los indios, sino por la nacionalidad integral...Esta rebeldía de Túpak Amaru es el ansia de neoindianismo, es decir, de la autonomía de la cultura. Dentro de él está incluido el problema de la redención indígena y del régimen de los pueblos. Problema regionalista, no como odio a lo Pumakahua, sino como voluntad nacionalista y humana. Es el grito de la indianidad en anhelo de recuperar su papel directivo”.

Es decir, la revolución tupacamarista es necesariamente una lucha de liberación nacional. La liberación del Perú indio –el verdadero Perú- contra el blanco invasor –español primero y luego falso Perú- . Además, Túpac Amaru II es un neoindio y no un mestizo. 

El mestizo como proyecto de blanco peruano 

Fue José de la Riva-Agüero y Osma uno de los primeros intelectuales –pero, en sus años juveniles porque después varió totalmente a un ultra hispanismo- en proponer a la figura del mestizo como la base de la peruanidad y con él, una cultura mestiza, una identidad mestiza y por lo tanto, una nación mestiza. Pero, qué dice Riva-Agüero. Leamos:

“No conozco afirmación más injuriosa para el peruanismo que aquella de ser inasimilables sus dos razas esenciales, la hispana y la india. Si tal fuera, el Perú resultaría un aborto. Y esperamos y constatamos que no lo es, por los tipos humanos que ha producido, desde Garcilaso hasta nuestros días, mestizos insignes de sangre y de alma. Ninguno de ellos, sin envilecerse y renegarse, puede, so pretexto de honrar a la madre, calumniar al padre generoso que le dio nombre, educación y linaje”.

Es decir, es el producto nacido de la unión de una madre india y de un padre español –siguiendo el ejemplo de Garcilaso- por ello, el mestizo es peruanidad. Aunque, qué puso la madre: “sangre”; y qué puso el padre: “alma”. Esto significa que el mestizo tiene el color de la madre pero, “el nombre, la educación y el linaje” del padre. Un mestizo es un individuo culturalmente blanco: occidental-hispánico y católico aunque, lastimosamente oscuro y de sangre india. Pero, qué dice luego nuestro autor:

“Los puros blancos, sin ninguna excepción, tenemos en el Perú una mentalidad de mestizaje, derivada del ambiente, de las tradiciones y de nuestra propia y reflexiva voluntad de asimilación”.

Riva-Agüero se confirma blanco puro y con voluntad de mestizo como un acto humanitario frente al indio. Las bases de su mestizaje son la tradición y el ambiente. Quizás por ello que en el Perú actual la corrida de toros y la pelea de gallos son la peruanidad junto al Misti y al Cañón del Colca pero, nunca los habitantes de la cordillera andina. El mestizo de Riva-Agüero nace con la invasión y conquista española, se desarrolla en la colonia y logra su madurez con la independencia y la república pero, no tiene nada del período autónomo. Es solamente un proyecto político de una minoría y su intelectualidad. 

Siglo XXI: El problema se actualiza 

El discurso y el proyecto de identidad se encuentran ligados a las ideas políticas de quienes lo plantean y en muchos casos a sus concepciones racistas de la sociedad. Riva-Agüero pensó en un mestizaje producto de lo blanco y lo indio, dejando de lado a lo negro. Los indigenistas pensaron en lo indio contra lo blanco sin observar lo negro. De igual forma, los hispanistas lucharon contra lo indio sin tomar en cuenta lo negro. Fue Mariátegui el primero en indicar que en medio de ese debate no se había tomado en cuenta al negro y su aporte. Entonces para acabar con la marginalidad que vivió – y en muchos casos sigue sufriendo- el negro, Mariátegui propuso el Socialismo. Mariátegui no fue racista, sus ideas no se lo permiten. Su socialismo humano y peruano se basó en una realidad concreta: el Perú y sus habitantes, la totalidad de los mismos.

Pero, el problema actualmente se ha presentado en nuevas formas. Ha partir de la publicación de un libro polémico de Samuel Huntington, otra vez nos preguntamos ¿Quiénes Somos? –Título del mencionado libro-. Sobre el título, Jorge Nieto Montesinos escribe:

“La pregunta del título –de su artículo- no la hace un indigenista belicoso o un mestizo confundido. No. La hace el profesor Samuel Huntington”.

Preguntarse quiénes somos, según Nieto Montesinos, está ligado al pensamiento y el accionar de los “indigenistas belicosos  y a los mestizos confundidos”, porque los peruanos ya sabemos que somos peruanos, aunque muchos nos preguntamos ¿qué es la peruanidad?

En un país donde la mayoría responde que son peruanos por el solo hecho de haber nacido en el Perú, sin que importe el pasado, el presente y mucho menos el futuro. Pero, cómo exigir esa reflexión mayor en un país donde la mayoría de los peruanos vive con el dinero que ganó el mismo día, cuando un filósofo posmoderno como Gianni Vattimo (que vive en mejores condiciones materiales que la mayoría de la población del Perú), sostiene que el sentido de la historia es el fin de la filosofía de la historia, es decir, el pasado sin futuro, sin télos histórico. A pesar de ello, Nieto Montesinos critica en sus bases la propuesta de Huntington: La identidad norteamericana es del éxito porque se forjó por la llegada del protestantismo anglosajón aunque, actualmente se encuentra en peligro  por la migración masiva de latinos católicos incapaces de asimilarse a la identidad del éxito. La crítica es que Huntington quiere revestir como científico un pensamiento netamente subjetivo, racista y chauvinista.

A pesar de ello, existen a quienes el libro de Huntington ya encandiló. Según Raúl Mendoza Cánepa:

“El catolicismo español aportó a la vida el jerarquismo, la prevalecencia de la autoridad y, valgan verdades, la sanción moral del éxito”.

Es decir, ahora la religión y lo español forman parte de nuestro fracaso. Algo así como sostener que nuestra ruina se inició con la invasión y conquista por parte de España aunque, si este mismo proceso lo hubiesen realizado los ingleses todo sería distinto -¿mejor?-. Pero, esto último no es parte de la ciencia histórica. 

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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