Augusto Lostaunau Moscol

“El libro final y completo de historia no existe” a 38 años de la muerte de Jorge Basadre

Augusto Lostaunau Moscol *

Jorge Basadre Grohmann, el Historiador de la República o el Más Peruano de los historiadores del Perú, murió el 29 de junio de 1980. Luego de una vida fructífera de casi ocho décadas. Fue uno de los líderes de la Reforma Universitaria de 1919; docente en San Marcos, Ministro de Educación, Director de la Biblioteca Nacional, Investigador de primer nivel y connotado historiador. Reconocido por la sociedad en su conjunto. Su obra es conocida hasta en el colegio nacional con paredes de adobe y techo de paja. Eso lo hace un historiador connotado.

En septiembre de 1973 Jorge Basadre G. publicó, en la revista Acta Herediana de la Universidad Cayetano Heredia de Lima, el artículo La Historiografía de Hoy, en el cual realizó una especie de balance de los caminos y los rumbos por donde se desarrollaba la producción historiográfica en Europa, América y el Perú. Pero, en dicho artículo, Basadre también se dio tiempo para realizar algunas reflexiones sobre el historiador.

Basadre escribió que:

“El historiador trata de restaurar el tiempo. Busca su continuidad y su totalidad. Ejerce una tarea de regulador al convertirse en depositario oficial o extraoficial de la memoria colectiva o al crear ese cargo para él mismo. Su camino está en la búsqueda de las huellas que conduzca a los orígenes, próximos o lejanos. Es un hombre cuya meta sería tener a su alcance las raíces. Cada generación obtiene de él la idea de sus antecedentes y de los linderos dentro de los que ha de ubicarse”.

Para Basadre, el historiador es un investigador en el tiempo, lugar donde no existen barreras ni murallas entre el pasado y el presente, por el contrario, es un solo espacio porque los problemas del presente tienen necesariamente su origen en un pasado –ya sea inmediato o lejano-. Además, su labor lo convierte en un administrador de la memoria colectiva y, es en este aspecto donde radica otro de sus problemas de profesión porque, siempre van a existir individuos o clases sociales interesadas en olvidar u omitir actos del pasado que no resultan cómodos para su labor actual y, por el contrario, también existen individuos o clases sociales deseosas de conocer mejor el pasado. Así que, la labor del historiador necesariamente es objetiva pero, esto no significa imparcialidad porque, objetividad e imparcialidad son dos aspectos de problemas muy distintos y no, del mismo problema. Es por ello que, Basadre sostiene que frente a la llamada prosopografía (estudia las filiaciones y desarrollos de los “grandes personajes”) el historiador puede estudiar la llamada “prosopografía elitista” o la llamada de las masas.

Frente a las llamadas fuentes de la historia y, principalmente, el documento escrito, Basadre propone que:

“Ya no basta exhumar uno o más papeles viejos. El historiador a la altura de esta época quiere trabajar en el interior de su material, vasto y heterogéneo como es; organizarlo; describirlo en su sentido intrínseco y no sólo en sus aspectos formales; distribuirlo; repartirlo dentro de distintos niveles; organizarlo; discriminar aquello que en él es pertinente y lo que no lo es; hallar en el tejido documental sus más profundas unidades y relaciones”.

Es decir, el historiador ya dejó de ser una especie de coleccionista o de cazador de documentos, que visitaba archivos y depósitos con la idea de encontrar el documento más antiguo, que contenga la información “fidedigna” y que lo lanzaría a la fama y al reconocimiento nacional y mundial. Todo lo contrario, actualmente el historiador se ha convertido inclusive en un hacedor de fuentes porque debe tener presente que todos los documentos pueden contener información de importancia como también, documentos importantes no contienen información valiosa o simplemente la información que contienen ha sido intencionalmente sesgada o alterada por quien la produjo, buscando  de esta forma ocultar o desviar la verdad histórica. Así, un diario o un periódico debe ser analizado no solamente en la información, sino también, cómo presenta esta información, que tipo de lenguaje utiliza, a qué le da más importancia, cómo acompaña la información (fotos, entrevistas, documentos, etc.), es decir, el historiador es consciente que su trabajo no es el fruto de una acción personal o individual sino, por el contrario, es un trabajo colectivo y que responde a los intereses y deseos de un colectivo.

Por ello, Basadre escribió que: 

“La primera virtud del historiador es el espíritu crítico. Desde cierto punto de vista, historia científica es historia crítica. Toda ciencia busca la verdad y la historia la del pasado tal como existió. El historiador ha de escudriñar en sus fuentes el error, la mentira, la deformación peyorativa o laudatoria, las lagunas voluntarias o no. Y ha de cuidarse no sólo de quienes lo informan sino también de sí mismo. No debe ser ni un panfletario ni un panegirista al servicio de sus convicciones, sus prejuicios, sus doctrinas o sus intereses. Ha de esforzarse no tanto en ser imparcial (esta palabra no implica una indiferencia completa e imposible ante los valores en juego) pero sí de dialogar con el ayer en un tono sereno para que la voz tenue de éste no sea acallada por el tumulto subjetivo”.

En ese mismo sentido, Basadre llega a una primera conclusión sobre el historiador y su oficio: 

“Espíritu crítico y don de simpatía han de ser, pues, no antagónicos sino complementarios, convergentes en el historiador. Sobre todo ha de primar en él la integridad de su conciencia, la autenticidad de su vocación, la fidelidad para obedecer a ella, la sinceridad esencial que le impida decir lo que, a solas consigo mismo, no crea cierto. Al fin y al cabo sus escritos implican un acto de fe en sus fuentes y en su propia aptitud para interpretarlas”. 

Los historiadores tenemos primero que analizar críticamente nuestras fuentes, y luego confiar en ellas para nuestras interpretaciones, porque aquí no es verdad que el historiador hace la historia y por ello, existen tantas historias como historiadores, esa es una falacia inventada por aquellos que practican y prefieren una historia no ciencia, y que las corrientes autodenominadas posmodernas han hecho suya para desacreditar la labor científica y objetiva del historiador; todo lo contrario, existe una sola historia y una sola verdad cinética de la historia, y la labor nuestra es acercarnos a la verdad histórica en lo más que podamos, y para ello son necesarias las interpretaciones, pero no cualquier interpretación, porque de estas existen muchas, inclusiva de lo más antojadizas y subjetivas, sino de aquellas interpretaciones elaboradas a partir de un trabajo de investigación serio y metodológicamente válido.

Por ello, “El libro final y completo de historia no existe”. Entonces, cada aspecto estudiado por los historiadores no es finito sino por el contrario, necesita ser revisado una y otra vez, porque de esta manera nos acercamos más a la verdad histórica. No existe el historiador que haya demostrado la verdad histórica absoluta, es el conjunto de historiadores los que permiten la posibilidad de alcanzar esa verdad histórica absoluta, pero siempre y cuando las interpretaciones tengan el doble carácter de científicas y objetivas.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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