Augusto Lostaunau Moscol

Primero de mayo: Día Internacional del Trabajador

Augusto Lostaunau Moscol *

El Primero de Mayo no es un feriado más. No es un día de descanso. No es un día para celebrar como si fuese Año Nuevo. La fiesta del Primero de Mayo, es la fiesta de la lucha por los derechos laborales que deben gozar todos los trabajadores sin ninguna distinción. José Carlos Mariátegui, en 1929, señaló que:
“La conmemoración del 1º de Mayo, ha ido adquiriendo, en el proceso de la lucha por el socialismo, un sentido cada vez más profundo y preciso. Hace ya mucho tiempo que no se reduce a la conmemoración de los mártires de Chicago. Ese fue su punto de partida. Desde 1888 en que el Congreso de París instituyó esta conmemoración, el proletariado mundial ha recorrido una parte considerable del camino que conduce a la realización de sus ideales de clase. En este tiempo, se han sucedido, en su historia, muchas jornadas de luto y también muchas jornadas de gloria. La clase obrera ha entrado en su mayor edad. La crónica de su ascensión económica y política, registra siempre grandes acontecimientos, que impiden al proletariado limitar la significación del 1º de .Mayo a una sola efemérides. La experimentación, la actuación del socialismo ha empezado desde 1918. Quedan aún por ganar las más difíciles y largas batallas. Pero, en la lucha, la clase obrera acrecenta incesantemente su capacidad para crear un nuevo orden: el orden socialista”.

Porque el Primero de Mayo no es sólo el recuerdo de las grandes luchas sindicales desde Chicago de 1888; es, principalmente, la búsqueda de la construcción de un sistema y una sociedad verdaderamente justa. Sin explotados ni explotadores. Dónde el trabajo signifique la mayor libertad del ser humano. Donde el trabajo sea visto como un deber y no como una obligación para vivir. En el actual sistema capitalista y bajo el modelo neoliberal de libre mercado, el ser humano ha sido denigrado a simple pieza de recambio. El trabajador no es lo importante para los empresarios; lo más importante es el producto. El objeto ha reemplazado (y desplazado) al sujeto. El productor ha quedado invisibilizado.

Por ello Mariátegui agregó que:
“Hay que desterrar del 1º de mayo, todo lo que en mucho ha tenido, y tiene todavía, el rito mecánico de simple efemérides. La lucha por el socialismo no se nutre de evocaciones dolientes o coléricas ni de esperanzas exaltadas. Es, antes que nada, acción concreta, realidad presente. Trabajan por el advenimiento de una sociedad nueva los que todo el año disciplinada, obstinadamente, combaten por el socialismo; no los que en ésta u otra fecha sienten un momentáneo impulso de motín o asonada.

Así es. El Primero de Mayo no es un día de “furia” o de “ira”; para luego, durante todo el año, el trabajador permanezca reducido a simple reproductor del sistema y del modelo. No es un día de grito destemplado. No es un día de Bautizo de Fuego. Por lo contrario, es un día de reafirmación de los ideales de dignidad humana. De dignidad de la clase trabajadora. De visibilizar al productor. La realidad de la clase trabajadora queda oculta para los medios de comunicación oficiales y “oficialistoides”. Por ello, Mariátegui, en 1928, señaló que:
“Hace absoluta falta, por esto, dar vida a periódicos de información, dirigidos a un público muy vasto, que asuman la defensa de la civilidad y del orden nuevo, que denuncien implacablemente la reacción y sus métodos y que agrupen, en una labor metódica, al mayor número de escritores y artistas avanzados. Estos periódicos son susceptibles de adaptación progresiva al tipo industrial, si el criterio administrativo se impone al criterio docente, y de desviación reformista, si los absorbe gradualmente la corriente democrática, con sus resquemores y prejuicios anti-revolucionarios. Pero, de toda suerte, constituyen una empresa que es necesario acometer, sin preocuparse excesivamente de sus riesgos”.

En el Primero de Mayo no existe diferencia de género, ni nada que distorsione la realidad de la clase trabajadora. Por ello, en el documento elaborado por el núcleo de la CGTP de 1928, se puede leer que:
“Hasta el presente el problema de la juventud obrera no ha sido planteado entre nosotros, aún más, muchos no le dan importancia, pero si nos detenemos a estudiarlo veremos de manera concluyente que no puede quedar relegado y que la organización de la juventud nos dará una fuerza más activa para nuestras luchas. Consideremos a los jóvenes aprendices que trabajan en los talleres, fábricas, etc., y veremos cómo son explotados por el "patrón" desde el momento de su ingreso. Primeramente veremos en los talleres, que por carecer de las nociones propias del "oficio" tienen que desempeñar comisiones domésticas y otras tantas, aún en casa del "patrón" que no tienen nada que hacer con el oficio que van a aprender”.

Además:
“Si las masas juveniles son tan cruelmente explotadas, las mujeres proletarias sufren igual o peor explotación. Hasta hace muy poco la mujer proletaria tenía circunscripta su labor a las actividades domésticas en el hogar. Con el avance del industrialismo entra a competir con el obrero en la fábrica, taller, empresa, etc., desterrando el prejuicio que la encerraba a hacer vida conventual. Si la mujer avanza en la vía de su emancipación en un terreno democráticoburgués, en cambio este hecho suministra al capitalista mano de obra barata a la par que un serio competidor al trabajador masculino. Así la vemos en las fábricas textiles, galleterías, lavanderías, fábricas de envases y cajas de cartón, jabones, etc., en que desempeñando las mismas funciones que el obrero, desde el manejo de la máquina hasta la más mínima ocupación, gana siempre de 40 a 60 por ciento menos que el varón. Al mismo tiempo que la mujer se adiestra para desempeñar funciones en la industria, penetra también a las actividades de oficinas, casas comerciales, etc., compitiendo siempre con el hombre y con gran provecho de las empresas industriales que obtienen una baja apreciable de los salarios y aumento inmediato de sus ganancias. En la agricultura y las minas encontramos a la mujer proletaria en franca competencia con el trabajador, y donde quiera que investiguemos encontramos a grandes masas de mujeres explotadas prestando sus servicios en toda clase de actividades”.

Son dos citas extensas de un documento redactado en 1928, hace 90 años, que tiene mucha actualidad. Hoy, los jóvenes aprendices (esos popularmente llamados “pulpines”) y las mujeres se encuentran en la misma condición de explotación. Y las mujeres trabajadoras no son explotadas porque “así son los varones machistas y el patriarcado”; sino, porque es una característica del sistema capitalista, exacerbado por el modelo neoliberal.

Por ello, las celebraciones del Primero de Mayo de 2018, deberán estar acompañadas de una demostración de capacidad de diálogo de todas aquellas organizaciones que proponen la construcción de un Perú diferente en un mundo diferente. Lo contrario será más de lo mismo.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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