Augusto Lostaunau Moscol

La Subliteratura de la prensa chicha *

Augusto Lostaunau Moscol **

La década de 1990 significó, en nuestro país, la aparición del término Prensa Chicha para designar a todos aquellos diarios que se orientaron por la desinformación política, las cortinas de humo y el destacar las noticias propias de la prensa amarilla y prensa roja. Este híbrido –que resultó de la mezcla de diferentes estilos- logró posesionarse en el medio local, determinando que el término se eleve a concepto académico, lo que se ha manifestado en la existencia de muchas tesis, artículos y libros sobre este producto cultural del consumismo neoliberal. Porque la Prensa Chicha es un producto y un paraproducto del modelo neoliberal y la postura posmoderna frente al conocimiento y la verdad científica.

Como producto y paraproducto del modelo neoliberal, la prensa chicha o “prensa de china” (de 0,50 centavos de sol) sirve para “demostrar” que el libre mercado regula todo y se auto regula. Si no tienes dinero, pero deseas estar informado tienes la posibilidad de comprar un diario con 0,50 centavos (una china). Así, existen medios escritos “para cada bolsillo” porque en un modelo donde el Estado “imponga los precios” no existiría esa posibilidad.

Como producto y paraproducto de la postura posmoderna, lo importante no es el hecho o acontecimientos; sino las versiones que existen sobre él. Así, existen tantas verdades como versiones (así estas resulten de lo más antojadizas). Por ende, la verdad no existe. Y si no existe la verdad, tampoco existe la posibilidad de conocerla. De esta forma, todo termina siendo simples versiones y cada una de ellas es verdadera per se.

Pero, la prensa chicha no fue constituida para convertirse en un objeto de estudio de los científicos sociales o para “competir” con la autoproclamada “Prensa Seria” (como el supuesto Decano); por el contrario, la prensa chicha surgió como un negocio que se puso bajo las órdenes del dinero de la corrupción del fujimorato. Sus dueños y directores pasaron por la salita del SIN y se reunieron con el todopoderoso asesor. Sirvió para demoler candidaturas. Pese a ello, la prensa chicha por el ser un producto humano forma parte de nuestra cultura. Es un producto vergonzoso de nuestra sociedad.

La Prensa Chicha es un producto cultural. Un producto del Perú de la década de 1990, que ha logrado sostenerse hasta la actualidad y casi dominar los medios de comunicación escritos. Los consumidores se pueden contar por millones y se encuentran en ambos lados de la estructura social. Decir que son la lectura de sólo los pobres es mentir. También es de consumo masivo entre los miembros de la clase dominante. Y en ambos casos, los consumidores terminan satisfechos.

Nestor García Canclini sostiene que:
“Los productos denominados culturales tienen valores de uso y de cambio, contribuyen a la reproducción de la sociedad y a veces a la expansión del capital, pero en ellos los valores simbólicos prevalecen sobre los utilitarios y mercantiles. Un auto que se usa para transportarse incluye aspectos culturales, pero se inscribe en un registro distinto que el auto que esa misma persona -supongamos que es un artista- coloca en una exposición o usa en un performance: en este segundo caso, los aspectos culturales, simbólicos, estéticos, predominan sobre los utilitarios y mercantiles”.

Dentro de este híbrido periodístico, encontramos una suerte de subliteratura que ha sacrificado los fines estéticos y se ha inclinado por la comercialización. Por el consumo y el consumismo.

En los ejemplares que a diario invaden los quioscos y las mentes de sus consumidores, destaca una sección donde los lectores – “¿supuestos lectores?”- envían sus cartas a una “especialista” en resolver los dramas sentimentales. Los contenidos de estas cartas son bastante sencillos y monocordes. Literariamente son parte de una subliteratura. Su lectura no deja ningún tipo de aprendizaje. Estas cartas son un subgénero de la subliteratura que se ubica entre el cuentrastro y el epistolastro. Una degeneración perversa.

Así, el lector puede enterarse que una abogada se ha enamorado de un vendedor ambulante; que un joven tiene poluciones nocturnas (“sueños húmedos”) cuando ve a su tía joven que se pasea en babydoll; de la señora que tiene un affaire con el carnicero; de la estudiante universitaria enamorada del mototaxista; de la modelo enamorada de jardinero; etc. Incluso, aprovechan temas de la coyuntura política o social para caricaturizar un drama.

En todos los casos se presentan “dramas” que se relacionan con el amor imposible. ¿Cuáles son los factores de estos amores prohibidos?: Las diferencias sociales (uno es adinerado y el otro un trabajador); las diferencias étnicas (ella es blanca y él es cobrizo color puerta); el origen geográfico (él es de Lima y ella es provinciana); la diferencia de edad; y mil “diferencias” más. Entonces: ¿Una persona sólo se debe enamorar de sus “iguales”? ¿Sólo es válido el amor entre “semejantes”? De tal manera que la intención implícita es que el lector sólo reflexione en una dirección. Claro, si es que los textos permiten la reflexión. Porque, como ya se anotó, la estructura de estas “cartas” es una demostración que es producto de una sola mano. Todas guardan la misma estructura. Las palabras se repiten una y otra vez. Y los dramas personales terminan convirtiéndose en una frustración colectiva. Y si bien es cierto que, como sostiene Nestor García Canclini:
“La gente consume en escenarios de diferentes escalas y con lógicas distintas, desde la tienda de la esquina y el mercado barrial hasta los macrocentros comerciales y la televisión. Sin embargo, como las intersecciones multitudinarias y anónimas se hallan entrelazadas con las interacciones pequeñas y personales, se vuelve necesario pensarlas en relación”.

Esta relación e interrelación entre consumos multitudinarios y consumos personales se manifiestan en la Prensa Chicha. Se manifiesta en esta suerte de subliteratura que tiene sus mejores expresiones de cuentrastro y epistolastro en las Cartas de los Lectores.

Una expresión mayor del grado de frustración en el que viven millones de peruanos. Porque con esta subliteratura, leer a César Vallejo, José María Arguedas, Carlos Oquendo de Amat o Manuel Scorza es vista como imposible. Sólo es una actividad que realizan los “más” preparados y “más” inteligentes. Es una cosa de intelectuales. Y si sólo lees las “cartas” de la Prensa Chicha, es porque no eres un lector preparado para las grandes reflexiones de la humanidad.

Esto se manifiesta a través de las redes sociales donde los más jóvenes no respetan las reglas ortográficas porque lo importante es decir algo, no importa cómo. Y si por lo que escribes te “linkean” muchos. Entonces ya eres exitoso.

Si el objetivo de los propietarios de la Prensa Chicha –y de la subliteratura que difunden- es evitar que las masas de lectores no logren desarrollar una capacidad reflexiva que permita el cuestionamiento de la realidad, entonces olvidan que –como lo dijo Atlio Borón-:
“Las revoluciones socialistas no las hicieron masas que previamente habían leído y meditado profundamente las tesis expuestas en los tres tomos de El Capital”.

*Este texto es una ampliación y reordenamiento del artículo Prensa Chicha y Subliteratura publicado en la revista Poesis Abditus 2018 (Lima-Perú).

**Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.


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