Jaime Antezana Rivera

Hieren a ex Farc en el Putumayo, Loreto. ¿Empezó la narcoguerra en pleno auge de la coca?.

Escribe Jaime Antezana Rivera.- Desde el mes de setiembre de 2016, contra el escepticismo de los organismos de inteligencia y un tímido pronunciamiento del ex presidente PPK, se divulgo que desertores de las FARC estaban entrando al Putumayo, en la región Loreto (http://canaln.pe/…/antezana-desertores-farc-estan-entrando-…).

La llegada de los disidentes y el notable crecimiento de la coca.

El ingreso de disidentes de la FARC, la ex guerrilla más antigua de Colombia y América Latina, se producía en un contexto que los cultivos de coca estaba experimentando un notable crecimiento, la continuación de la tala y el tráfico ilegal de madera y la expansión y consolidación de la minería ilegal. Es decir, en un escenario favorable para ellos.

En efecto, los disidentes de las FARC llegaron a esta zona para "trabajar" esas actividades ilícitas y criminales a esta zona que, cuando eran de las FARC, ingresaban para descansar y, por lo tanto, conocían. O sea, se dedicaron a dar seguridad al tráfico ilícito de drogas, a los mineros ilegales que sacan oro con dragas del río Putumayo y el tráfico de madera.

Para ese entonces, la producción y tráfico ilícito de droga en el Putumayo estaba controlado -sin excluir a firmas peruanas de menor envergadura- por tres patrones colombianos distribuidos en tres lugares: el Bajo Putumayo, el Medio Putumayo y el Alto Putumayo. Ello favoreció la inserción de los primeros contingentes de disidentes de las FARC.

Pero no solo se dedicaron a dar seguridad al tráfico ilícito de drogas sino también daban seguridad a los sembríos de coca e incentivaban su producción entre la población del Alto y Bajo Putumayo. Si bien los disidentes de las FARC se mueven como civiles, pero era sabido su experiencia de guerra y sus armas lo han ocultado. Por eso, fueron "contratados" rápidamente.

El incremento de la presencia de los disidentes de las FARC.

A la alerta de su ingreso de los disidentes de las FARC al Putumayo para proteger las actividades ilegales, el 18 de marzo pasado, se dio a conocer una aproximación de la dimensión que tendría la presencia de estos disidentes: un promedio de 150 hombres están en la Quebrada de Pupuña, en la comunidad de Remanzo, distrito de Yaguas, en el Bajo Putumayo y en el distrito de Rosa Panduro, en la Quebrada de Piedra, hay 250 hombres (https://www.youtube.com/watch?v=R_xcjdeyLm4).

Asimismo, en la segunda zona aludida, se informó que había 700 hectáreas de coca. Hasta los estudiantes secundarios, aprovechando sus vacaciones, se dedicaron a sembrar coca para sus viajes de promoción. Igualmente, se volvió advertir que los disidentes de las FARC están incentivando la producción de coca. Se ha incremento la presencia de los ex FARC.

Finalmente, pese a que los policías reciben cupos de los "empresarios" ilegales, se advirtió que podría ocurrir hechos de violencia o de una "narcoemboscada". En suma, que no se podía descartar que se produzca "narcoemboscadas" como ocurrió en el distrito de Iparia, Coronel Portillo, Ucayali, el mes de marzo pasado.

El intento de asesinato de un ex miembro de las FARC. ¿Asoma la narcoguerra?

Un año y siete meses después, la advertencia se hizo realidad. El miércoles 11 de abril pasado, en la comunidad de Puerto Lupita, perteneciente al distrito Teniente Manuel Clavero, en el Alto Putumayo, Julio Garces Cárdenas (25), quien perteneció dos años a las FARC, fue herido por un disparo en la cara de uno de los cabecillas de los disidentes.

La violencia apareció. Menos mal no es una narcoemboscada. Pero ¿Por qué razón uno de los cabecillas de los disidentes le disparo e hirió a Garces Cárdenas, miembro de esta organización hace dos años? Una fuente confiable de la zona del Putumayo, nos cuenta por qué se produjo el disparo que hirió a Garces Cárdenas.

"Julio Garces Cardenas, quien perteneció dos años a la FARC, queria retirarse de la la zona. Eso les dijo a los cabecillas. Pero los cabecillas no aceptaron su retiro. Le dijeron que no.

Creían que si se salía del grupo era para ser soplón. Estas yendo a delatarnos, a ser soplón, para que digas donde están los sembríos de coca, las pozas de maceración y donde estamos".

De acuerdo al testimonio de esta fuente, uno de los cabecillas le disparo en la cara Garces Cárdenas porque quería retirarse del grupo de disidentes que están en la comunidad de Puerto Lupita, en el Alto Putumayo. Creían que iba a convertirse en un "soplón" de su ubicación, de los cultivos de coca y de las pozas de maceración. En suma, de las actividades que realizan.

Sin embargo, Garces Cárdenas no murió tras el disparo en la cara. Solo resulto herido. Y éstos se retiraron dejándolo "muerto". Nuestra fuente explica que paso: "Los cabecillas creyeron que estaba muerto cuando cayó al suelo. Pero el tiro le entro por la cara y le salió por el otro lado. Lo llevaron al centro de salud de Soplín Vargas. Ahí, los médicos decidieron evacuarlo al hospital de Iquitos".

Así fue como el ex miembro de las FARC, Julio Garces Cárdenas, llegó herido al hospital de Iquitos y se encuentra custodiado por la inteligencia peruana y colombiana. Este hecho muestra la violencia que son capaces de provocar los disidentes de la ex guerrilla colombiana. Esta es solo una mínima muestra de lo que puede ocurrir si no se hace nada por expulsarlos.

Pero, el problema no radica solamente en expulsarlos. Lo que se tiene que hacer es implementar una estrategia integral de lucha contra el narcotráfico: programa de desarrollo, combate al lavado de activos, erradicación de los cultivos de coca que está en pleno auge, control de insumos químicos y control del tráfico ilegal de armas. La tarea es integral.

De implementar una estrategia integral o implementar la erradicación de los cultivos de coca hay que considerar la posibilidad de enfrentamientos armados o emboscadas de parte de los disidentes de las FARC. No se puede olvidar que tienen experiencia de guerra y, como no se integraron al Acuerdo de Paz, sus armas largas en algún lugar.

El intento de asesinato, por otro lado, es la expresión de un nuevo ciclo de violencia o narcoguerra en la provincia de Putumayo. ¿Y porque no hacen nada los policías que están en la zona? Dejamos la respuesta a nuestra fuente: "porque cada policía está cobrando 1 millón y medio de pesos colombianos"

Estamos advertidos.

Fuente: Jaime Antezana Rivera


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